ENTREVISTA

João Bosco: "Todos tenemos algo de João Gilberto"

El músico brasileño se presenta este domingo en la Sala Zitarrosa, y antes del show charló con El País sobre su trayectoria

Joao Bosco. Foto: Difusión.
Joao Bosco. Foto: Difusión.

Basta con mirar los créditos de varios clásicos de la música brasileña, como “O Bêbado e a Equilibrista”, “Falso Brilhante”, “Bala com Bala”, “Kid Cavaquinho” y “Corsário” para encontrar el nombre de João Bosco como compositor junto a Aldir Blanc. Este domingo llegará a la Sala Zitarrosa para presentar su último disco, Mano que zuera, junto a Ricardo Silveira (guitarra), Guto Wirtti (bajo) y Kiko Freitas (batería). Las entradas están a la venta en Abitab. 

Antes del show, Bosco charló con El País sobre sus más de 40 años de trayectoria.

—Este domingo presentarás tu último álbum, Mano que Zuera, en la Sala Zitarrosa. ¿Cómo es tu relación con Uruguay?

—Mi relación con Uruguay viene de los setenta cuando leí Las venas abiertas de América Latina, del gran periodista y escritor Eduardo Galeano. Creo que todos, especialmente los latinoamericanos, pasamos por este libro en algún momento de nuestras vidas. Tuve el placer de conocerlo y admiré, como flamenco, sus reflexiones y su pasión por el fútbol. Otro uruguayo del que también soy un gran admirador es Hugo Fattoruso. Tuve el placer de trabajar con él en dos álbumes que grabé en la década de 1990. Es un músico de talento inconmensurable y tocar con él significa explorar la música en múltiples posibilidades. He estado en Uruguay varias veces a lo largo de mi carrera, pero estas dos personalidades artísticas ya representan a todo un país.

Mano que Zuera incluye cinco canciones compuestas con tu hijo, Francisco. ¿Cómo es la experiencia de trabajar con él?

—La experiencia de trabajar con Francisco es la misma que la de otros parceiros: buscamos la unidad desde la suma. Esto se puede lograr en la intimidad de la vida cotidiana, en las conversaciones para que luego las cosas salgan de forma natural.

—El primer adelanto del disco fue “Onde Estiver”, una canción dedicada a tus hijos: “Onde estiver sempre trago vocês / Dentro do meu coração / E onde estiverem me levem também”. ¿Cómo surgió la letra de esa canción y cómo es tu relación con tus hijos? 

—En esa canción Francisco habla de sus dos hijos, que son mis nietos. Es muy interesante porque cuando canto esta canción termino abrazando a todos: mis hijos y mis nietos. Pero todavía más interesante es la canción "Nossas Últimas Viagens", una canción que escribí con João Donato donde mi compañero Aldir Blanc habla sobre mi padre. Ellos eran grandes amigos y Aldir lo apreciaba mucho. Grabé esta canción con João Donato en su cancionero. Ya en mi cancionero quien cantó esta canción maravillosamente fue Dominguinhos. A veces en el repertorio hacemos estas dos canciones enganchadas, así podemos cantarle un hermoso árbol genealógico que involucra a bisabuelos, abuelos, padres, hijos y nietos.

—La canción que da nombre al disco incluye un fragmento donde hablás de un “maldito uruguayo”. ¿De dónde sale el personaje?

—La letra de esta canción tiene lugar en un día de carnaval en Río. Mi pareja dice que ella es muy biográfica y que el maldito uruguayo era muy real: el novio de la mujer con quien el personaje de la letra coquetea en ese ambiente caótico de carnaval.

—Tu primera grabación fue “Agnus Sei”, que formó parte de un disco de “O Pasquim”, que en la cara A incluía una canción de Tom Jobim. ¿Qué importancia tuvo ese momento en tu carrera? ¿Qué te produce volver a escuchar esa canción, y tu primer disco, Joao Bosco (1973)?

—Cuando salió, todavía estaba en mi último año de estudiante de Ingeniería en Ouro Preto. Recuerdo que por la noche, estaba estudiando en mi habitación con mi radio encendida y podía escuchar a Elis cantando "Bala com Bala" o "Agnus Sei" del proyecto Pasquim. En realidad estudiando solo, porque seguí el consejo de Vinicius de Moraes para poder aprovechar al máximo mi estadía en Ouro Preto; pero en realidad solo me dediqué a hacer proyectos para mi guitarra. Me emociona tanto pensar que “Águas de Março” era una canción nueva y que sería emblemática en ese proyecto de Tom: el disco Matita Perê, que publicaría el año siguiente, y que era Tom entrando en el bosque brasileño. Yo, que venía de la zona forestal de Minas, me identifiqué mucho con ella. Tanto es así que en la contraportada de mi álbum de 1973 Tom diría sobre mi canción: "tu canción ya ha cruzado el arroyo...". Esta generación de Tom y Vinicius fue la más generosa que he escuchado.

—A lo largo de tu carrera has compuesto numerosas canciones con Aldir Blanc. ¿Cómo podrías definir el trabajo entre ambos y qué te interesó de él para colaborar en tantas canciones?

—Creo que lo que nos sucedió a Aldir y a mí era el destino. Estaba escrito encontrarnos. Conocí a Vinicius en 1967 y a Aldir en 1970. Vinicius alentó enormemente nuestra reunión. Cuando se lanzó el álbum de Pasquim, él dio una fiesta en su casa en Gávea e invitó a varios artistas de música, cine, teatro y nos presentó. Comenzamos nuestras colaboraciones en 1970 y no paramos hasta hoy.

—Una de las canciones más importantes de tu carrera, y de la música brasilera, es “O bebado e a equilibrista”, que se terminó convirtiendo en un himno popular durante la dictadura brasilera. ¿Recordás cómo fue la composición y qué sentiste la primera vez que escuchaste la versión de Elis Regina?

—Elis la interpretó de una manera única, apasionada y emocionante. La canción nació con la muerte de Chaplin en la Navidad de 1977, y estaba inspirada en Smile; este samba cuenta la historia del borracho y el equilibrista. Es una historia muy chapliniana: sus personajes tenían una atmósfera musical de circo. Más tarde fue adoptada como un himno de amnistía en el período de la dictadura militar.

—Muchas de tus coautorías con Aldir Blanc fueron grabadas por Elis Regina. ¿Cómo definirías tu relación con la cantante?

—Tuvimos una gran amistad durante ocho años. Era una cantante extraordinaria y excepcional. Ella sabía y entendía todo sobre música. Con frecuencia hablábamos en su casa de Sao Paulo, temprano en la mañana; ella sentada en una lavadora y yo en la escalera de la cocina. Fue una época muy divertida.

—En varias entrevistas has hablado de la importancia de Joao Gilberto en la música brasileña. ¿Cuál es el legado que dejó Gilberto y de qué manera influyó en su manera de cantar y tocar la guitarra? ¿Pudiste conocerlo?

—Recorrimos Europa entre 1989 y 1990. Éramos João Gilberto, Caetano Veloso y yo. Cada uno con su guitarra. Hubo alrededor de 10 espectáculos en 40 días. Nos divertimos mucho y pude disfrutar de la belleza de la música de João Gilberto todos los días. Él le trajo el saldo perdido a la Bossa Nova desde principios de la década de los sesenta y la melancolía que nos caracteriza se ha convertido en "...a tristeza que balança...", como solía decir Vinicius sobre el samba. Además, Gilberto ha traído la música del pasado a estos nuevos tiempos, convirtiéndola en algo suyo. Su guitarra y su voz, su concepción, era su tiempo. Todos tenemos algo de João Gilberto.

—En una entrevista comentaste que durante la dictadura brasileña viviste varios momentos de censura. ¿Qué importancia sentías que tenía tu obra en esos momentos y qué elementos utilizaba para lograr que su música se salvara de la censura?

—Solo la ignorancia de un sensor o nuestra suerte podrían "salvar" una canción en esos tiempos. El resto era pura lotería.

—En 2017 recibiste el Premio a la Excelencia Musical de los Grammy Latino. ¿Qué sensación te produjo haber sido reconocido por tu trayectoria?

—Fue muy bueno recibir el premio junto a Lalo Schifrin. A finales de los años sesenta, su homenaje al marqués de Sade no salía de mi tocadiscos. ¡Recibir un premio junto a él fue como volver a Minas y sentir cómo la música nos podía salvar!

—¿Qué esperás de este recital en Montevideo?

—Que todos tengamos un momento de placer en torno a la música.

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