ENTREVISTA

Ismael Serrano: "Nuestras pequeñas batallas domésticas encierran una épica de la que no somos conscientes"

El músico español se presenta el 1° de agosto en el Auditorio Nacional del Sodre, y antes charló en exclusiva con El País 

Ismael Serrano
Ismael Serrano. Foto: Difusión

Con el disco Todavía, el cantautor español Ismael Serrano se propuso repasar sus más de 20 años de carrera con un disco grabado a guitarra y voz en la localidad de Tigre (Buenos Aires), y con la presencia de un reducido grupo de amigos del artista. A través de un repaso íntimo de sus temas de siempre (como “Semana”, “Mi problema”, “Podría ser” y “Sin ti a mi lado”) y la inclusión de un tema inédito (“Crucé un océano”), Serrano ofreció una excelente relectura de momentos clave de su carrera. 

Con este formato, el músico salió de gira por España y el 1° de agosto regresará a Montevideo para presentarse en el Auditorio Nacional de Sodre, un escenario que visitó el año pasado para presentarse con dos emotivos conciertos. Antes del show (todavía quedan algunas entradas disponibles a través de Tickantel), el músico charló en exclusiva con El País sobre su relación con el público uruguayo, la importancia de emprender una búsqueda permanente por darle un vuelo poético a sus canciones y su objetivo de reivindicar el canon de la trova del cantautor.

—El año pasado te presentaste en dos fechas en el Auditorio del Sodre. Ahora volvés para el 1° de agosto. ¿Cómo analizás tu relación con el público uruguayo?

—Es una relación de años. Desde mi primer disco, Atrapados en azul, en el 97, tuve la oportunidad de tocar en un bar de Montevideo que se llamaba la Casona de Campbell. Luego he tenido la oportunidad de dar conciertos en el Teatro de Verano, la Sala Zitarrosa, el Solís y los últimos en el Sodre. Son muchos años visitando el país y siempre han sido generosos con nosotros. El otro día estaba revisando fotos en casa de mi madre y colgué una en Instagram donde aparecía con Daniel Viglietti; yo tenía veintipocos años. Caí en la cuenta de que él era parte de mi referencia al igual que Zitarrosa, Benedetti y Galeano. De repente uno no es siempre consciente de la oportunidad que ha tenido de cumplir sueños, y repasando esas fotos y cayendo en la cuenta de que vuelvo a Uruguay, se me dio por pensar en lo afortunado que soy.

—Imagino que habrás escuchado el disco A dos voces, de Viglietti y Benedetti, o El Sur también existe, de Serrat y Benedetti. ¿Los sientes como una referencia?

—Sí, sin duda alguna. Es más, me acuerdo que siendo un estudiante universitario, todo esto antes de que saliera mi primer disco, yo estudiaba Ciencias Físicas y recuerdo haber ido a un colegio a ver a Benedetti, que iba a recitar unos poemas. Se presentó en un salón que estaba repleto, con más de 1.000 personas apiñadas para escucharlo. Es una poesía y una prosa que siempre me han acompañado. El disco de Viglietti y Benedetti era una referencia porque ponía de manifiesto la vocación poética del cantautor y cómo era la conexión y la búsqueda permanente por darle un vuelo poético a las canciones.

—Ese “vuelo poético” es fundamental en tus canciones. Tras más de 20 años de carrera, ¿qué tan exigente sos con la composición de tus letras?

—Bueno, yo creo que a veces uno se va haciendo más exigente a la hora de escribir una letra. Creo que escribir una canción es una suerte de diálogo con uno mismo, porque a veces en la vida, en el ritmo frenético en el que estamos inversos, a veces se trata de eludirnos a nosotros mismos y a nuestras contradicciones, a nuestros miedos, nuestras dudas y anhelos. Hay una frase de Fernando Pessoa que dice que “la poesía consiste en otorgar a lo cotidiano el misterio de lo desconocido”, y yo creo que ese es el acierto de los cantautores: otorgarle a lo cotidiano esa magia que no siempre somos capaces de ver, pero que está ahí presente. Nuestras pequeñas batallas domésticas encierran un épica de las que no somos conscientes.

—En una entrevista planteabas que uno "canta para sentirse menos solo", y agregabas: "Si he conseguido que alguien se sintiese acompañado también hay que estar agradecido". ¿Seguís manteniendo esa búsqueda?

—Sí, yo creo que la música como la literatura, fueron creadas para hacernos sentirnos acompañados para enfrentar nuestras dudas y nuestros miedos a la hora de enfrentarnos al desamor y a la fugacidad de las cosas. Creo que la música nos sirve para darnos cuenta de que hay otros seres perdidos como nosotros que también luchan contra la adversidad y que siguen tratando de levantar la mirada. Eso es tremendamente útil porque saberte acompañado frente a la adversidad te hace sentir más fuerte.

—Años atrás le dedicaste una canción a las Madres de la Plaza de Mayo. Hace poco se anunció que encontraron al nieto 130. ¿Cómo ves su trabajo?

—Es muy emocionante que al día de hoy su lucha siga teniendo sus frutos y que estén reencontrándose con los nietos que les arrebataron. Es emocionante porque uno es consciente de que las abuelas son muy mayores y el tiempo es inexorable y pasa, y cada vez hay menos. Lo que más me preocupa con respecto a las Madres y a las Abuelas es que se ha roto, sobre todo en Argentina, un consenso que existía hace años y que hoy se está cuestionando: la lucha por los derechos humanos en Argentina y Latinoamérica era algo incuestionable y no era algo a debatir en la tribuna pública y política en los medios de comunicación, en los artículos de opinión y en el discurso político. Ahora, ese consenso, que tiene que ver con los derechos humanos y con las condenas a las dictaduras militares se está resquebrajando y, en algún punto, rompiéndose. No hay más que ver cómo en Brasil el presidente hace una reivindicación directa y sin complejos. Eso me parece preocupante y está ocurriendo también en España. Antes, ciertos discursos racistas eran impensados y nadie pensaba que en una tertulia televisiva estuvieran debatiendo si hay que rescatar o no a una patera llena de inmigrantes que va a la deriva. Sin embargo, ahora hay gente capaz de debatirlo y cuestionarlo. En España lo ves en televisión porque la ultraderecha lo pone encima de la mesa. Ese tipo de consensos se están resquebrajando por una actitud irresponsable de ciertos políticos que tratan de buscar un rédito electoral apoyándose en discursos que creen que les van a favorecer a corto plazo, pero que a largo plazo son tremendamente peligros porque normalizan cosas que son aberrantes.

—Como Donald Trump, que propuso que los profesores vayan armados a las clases para evitar las mascares en las escuelas.

—Claro, es que es una escalada que parece no tener fin. Al igual que en Estados Unidos a los inmigrantes menores los separan de sus padres, los encierran en jaulas y los tienen incomunicados. Es algo tremendamente terrible, y si pasara en otros países, como Venezuela, creo que los medios de comunicación no tardarían en señalar esa aberración y las instituciones estarían trabajando para denunciarlo. Sin embargo, es algo que ocurre y que normaliza. Cuando estas cosas se normalizan desde las instituciones, pasa lo mismo en la calle y eso hace que ciertos sectores ultraderechistas y fascistas se sientan legitimados. Eso es tremendamente peligroso.

—Me gustaría pasar al plano musical. En tu último disco, Todavía, grabado a guitarra y voz, planteabas que estabas haciendo una vuelta a la esencia del oficio tras haber grabado 20 años - hoy es siempre (2017) con banda. ¿Cómo surgió la idea de grabar tu nuevo disco en este formato? 

—Me apetecía reivindicar el canon de la trova del cantautor, que es la guitarra y la voz, después de haber hecho una gira un poco más sofisticada con banda. Necesitaba volver a la raíz. Por otro lado me apetecía reivindicar la figura del cantautor, que está un tanto denostada. El cantautor tiene esas connotaciones peyorativas porque para algunos es un anacronismo y para otros es una figura triste. Yo quería reivindicar el valor de eso y, por otro lado, hacer balance de lo aprendido. La forma más honesta de hacerlo es agarrar la guitarra y ver lo que uno aprendió. Como compositor traté de recorrer esa evolución y de revisar la vigencia de canciones que se escribieron hace 20 años. Descubrí que para mí siguen siendo vigentes.

—En varias ocasiones has problematizado la idea de la "música como distracción" más que como una herramienta de concientización. ¿Cómo analizás el tema?

—Bueno, yo no digo que toda la música tenga que ser comprometida, que tenga que ser explícitamente comprometida y de más. Lo que sí digo es que la música ha de ser plural, como la literatura y el cine. Hay un tiempo en la vida para la evasión, para practicar el escapismo a través de la música y evadirse, y otros momentos para la reflexión. Lo que pasa es que ahora nos estamos negando espacios de reflexión: toda la propuesta musical tiene que ser un entretenimiento de evasión y que no nos haga cuestionarnos absolutamente nada. Difícilmente podamos progresar si no nos cuestionamos. Se cultiva ese acriticismo a través de la imposición hegemónica de la cultura del escapismo. Tiene que haber espacio para todo, porque una canción no es mejor porque uno se comprometa políticamente, pero tampoco es peor.

—El año pasado escribiste en Twitter, desde un punto de vista humorístico, que a veces odias a Jorge Drexler. ¿Cómo surgió ese comentario?

—A Jorge lo conozco desde que empezamos a cantar juntos por las calles de Madrid. Yo estaba tocando en los cafés de Madrid cuando él llegó desde Montevideo invitado por Joaquín Sabina, y hemos coincidido en multitud de escenarios. Cuando a él le dieron el Grammy por su último disco, sentí que el premio también iba para el género. Varios músicos nos sentimos aludidos de cierta manera porque era una reivindicación de esa música que apuesta por la palabra y por la poesía. Me parece que el último disco de Jorge es histórico: es un ejercicio de composición y de producción cojonudo. Me emociona mucho y me encanta, y estoy seguro de que va a pasar a la historia. Ese mensaje en Twitter fue reconocer la envidia sana y demostrar la admiración y el cariño que le tengo a alguien que es un referente para todos.

—¿Cómo va a ser el show del Sodre? Vi que la escenografía es un aspecto fundamental de la propuesta y parece que va a ser algo muy íntimo.

—Sí, porque voy en formato de guitarra y voz. Me gusta pensar en los recitales como un relato en el que uno cuenta historias. Se genera una narrativa que te invita a pasear por las canciones, hilando unas con otras y contextualizándolas con lo que uno dice entre canciones. Ese es el poder poético que aspiran tener las canciones. Cuando empecé a tocar en los cafés me di cuenta de que la comunicación con el público va en dos sentidos. Cuando uno está en guitarra y voz te da más flexibilidad porque podés manejar los repertorios, los tiempos y demás. Me divierto mucho con este formato porque hay muchas puertas abiertas a la improvisación, aunque hay un guion y un repertorio cerrado, también hay puertas abiertas que son divertidas de transitar.

—Ya has empezado una gira en España con este formato. ¿Cómo has visto la recepción del público?

—Creo que es uno de los conciertos más emocionantes de mi carrera porque se genera una cosa muy especial. Creo que también tiene que ver con el contexto en que se produce: aquí en España, las últimas elecciones municipales han sido como un golpe a la autoestima bastante grave. Por primera vez en mucho tiempo la ultraderecha tiene presencia institucional. Entonces creo que hay una necesidad de reconocerse y de mirarnos los unos a los otros para poder generar espacios de encuentros. Son momentos para ayudarnos a recuperar la autoestima y la esperanza en un tiempo en el que vivimos un cierto retroceso en las libertades y los derechos. Creo que por eso los conciertos se convierten en algo especial. 

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