Entrevista

Invierno sin murga que se hizo historia

Los Mareados festejan sus 25 años en la Sala Zitarrosa

Los Mareados
Festejo. Andrés Lijtmaer (i) y Guillermo Lamolle, integrantes de Los Mareados hablan de la Zitarrosa

Todo lo que sale de la boca de Guillermo Lamolle, uno de los más longevos de Los Mareados, parece ser un chiste. Andrés Lijtmaer, su colega, le sigue el hilo y la conversación con El País parece un encuentro más entre ellos, que hace tantos años que tocan juntos y han compartido giras, escenarios y backstages.

“Lo de la Zitarrosa es un supuesto aniversario que inventamos, porque hasta ahora no sabemos bien desde cuándo estamos juntos”, dice un poco en serio un poco en risa Lamolle, y se refiere al recital que darán el 11 de agosto en la Sala Zitarrosa, donde festejarán lo que para algunos son los 25 años de Los Mareados.

La discusión, agrega Lijtmaer, es si son 25 o 26 años. Ya perdieron la cuenta, pero la cuestión es que hace más de dos décadas, algunos más, algunos menos, que siguen con ese proyecto que empezaron con ilusión y siguen disfrutando. “Esto salió de juntarnos en invierno a cantar algo para aguantar al carnaval, ¿cómo le ponés fecha a eso?”, se pregunta Lamolle.

Lijtmaer dice que lo bueno de Los Mareados es que es un grupo de murguistas que decidió incursionar por varios géneros y “logró una buena mezcla con tangos y boleros, primero versionando, después -defiende- haciendo temas propios”.

“Yo soy anti temas propios por principio general”, contrapone Lamolle. Pero después, admite que con Los Mareados han hecho buenos temas propios, y “eso sí es meritorio”.

Los dos están de acuerdo en que las canciones que les salieron bien lindas y tocaron al público son “La cantina”, “Soy murguista”, “Tardecita”, se dan cuenta de que podrían seguir enumerando. “Lo mejor es que somos como esos cuadros en los que todos hacen goles, porque son de distintos autores dentro de Los Mareados”, explica Lamolle.

—Con tantos años, tantos discos y tanto laburo arriba, ¿se sigue sintiendo como cuando se juntaban a tocar en invierno?

Andrés Lijtmaer: Sigue estando esa esencia en Los mareados, en algún lado, más chiquito, diferente, pero sigue. Ensayamos en donde nos sentimos cómodos, en la casa de alguno, en un club, y esa comodidad hace que permanezca la esencia.

—Un grupo de tanta gente en Uruguay, ¿tiene algún rédito económico o lo hacen por amor al arte?

Guillermo Lamolle: Es mucho más divertimento que otra cosa.

AL: No sé cómo es en otro lado,, pero por los discos que hemos grabado -y que nos han salido bien y han sido platino y esas cosas-, nunca jamás cobramos un peso por nada.

GL: Ahora no se vende tanto disco en general, pero cuando se vendía, tampoco. Las últimas veces que cobré por discos fue en los ochenta largo, los noventa. Es uno de los peores momentos para ser músico ahora.

—¿Qué ha hecho que el grupo se mantenga?

GL: Que nos llevamos bastante bien. Los conflictos que ha habido son de esos que se apagan solos, más por estar mucho juntos, y hay gente con la que uno no puede estar mucho tiempo (ríe). Cuando cantamos con Los Mareados después de carnaval, sentimos una felicidad especial, y eso nos hace tratar de mantenerlo.

AL: Mi mujer me escucha y me mata, pero mis más lindas vacaciones fue la gira que hicimos por Argentina. Convivimos diez días con todos estos energúmenos y estuvo divino.

La disyuntiva entre irse o seguir otro carnaval

Andrés Lijtmaer dice que aunque el carnaval cansa, no lo deja porque como músico, como murgista, es donde se siente actualizado.
Por otro lado, este año se cumplieron tres carnavales desde que Guillermo Lamolle, hasta 2015 director de La Gran Siete, decidió retirarse de los tablados de febrero.
-¿Extrañás el carnaval?
-Extrañé un par de años y ahora no extraño nada. Cada vez que miro el carnaval me siento más feliz de haberme ido. Ya no me gusta, me sentía bicho de otro pozo y no me da ganas de participar ni aportar algo en eso. Es lindo mientras podés aportar, si no se te van las ganas de estar. Te sentís lejano. También hay una edad en la que se vuelve bravo el carnaval. O tenés una disciplina muy férrea, que termina el ensayo y te vas a dormir, cosa que yo no tenía, o es agotador.

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