HISTORIA DE UNA CANCIÓN

Entre insultos y monedazos, hace 50 años nacía "Balada para un loco"

A medio siglo del histórico estreno en el Luna Park, Amelia Baltar contó a El País la historia de ese tango surrealista y psicodélico que marcó la historia de la música popular

Balada para un loco
Ferrer, Piazzolla y Baltar, medio siglo atrás. Foto: Jorge Hornos

Esa noche en el Luna Park parece que fue terrible. “Dos o tres que se decían comunistas, empezaron a panfletear la popular, diciendo que Balada para un loco era un tango bacán, aristocrático, porque hablaba de Callao, de Arenales. No hablaba de Almagro, o Villa Crespo. Y eso era como una hinchada de fútbol. Empezaron a insultarme. ‘Andá a lavar los platos’ era lo más suave. Se acordaron mal de mi mamá, tiraron monedas. Cacho Tirao, en el quinteto de Piazzolla, tapaba la guitarra con sus brazos por temor a que un monedazo se la estropeara. Y yo me iba del tono, porque no escuchaba bien lo que tocaban. Yo tenía 28, 29 años, de aquella época. Respiraba tan nerviosa que reventé el cierre de la solera”. Así recordó Amelita Baltar para El País el estreno de ese histórico tango excéntrico, que marcó un antes y un después en la historia de la música popular del Plata.

Piazzolla
Piazzolla, Ferrer y Baltar en Montevideo, 1968. Foto: Héctor Devia

Era hace medio siglo: el 16 de noviembre de 1969 y el ambiente del Luna Park, con unos mil quinientos espectadores, estaba caldeado, en ese Primer Festival Iberoamericano de la Danza y la Canción. Se disputaban el primer premio la Balada para un loco y El último tren, cantado por Jorge Sobral, que finalmente resultó ganador. 

El jurado, integrado entre otros por Vinicius de Moraes y Chabuca Granda, había dado más puntaje al tango vanguardista de Piazzolla y Ferrer, pero en medio de un confuso episodio, se organizó un segundo tribunal, popular, integrado por un grupo de mujeres, que fueron ubicadas en una mesa al pie del escenario. “Y todas las mujeres decían, ‘yo lo voto a Sobral, qué buen mozo que es’. Y a mamá, que había llegado temprano, la ubicaron también en esa mesa. Y ella, muy finoli, escuchaba eso y no podía decir ‘yo la voto a Amelita’. Entonces, con los votos de esas mujeres, ganó la canción de Sobral”, cuenta hoy Baltar, quien parece revivir aquella indignación, intacta medio siglo después.

Piazzolla, Vinicius, Baltar
Piazzolla, Vinicius de Moraes, Baltar. Foto. Difusión

Nacía así ese tango extenso, de estructura sorpresiva, y letra psicodélica, que sacudía los fundamentos de la canción rioplatense. Su elaboración no había sido lenta, porque Ferrer y Piazzolla eran una máquina de producir maravillas. “Yo vivía con Piazzolla, y Ferrer venía todos los días, tipo tres de la tarde. Y empezaron a escribir Balada para un loco con unas ideas que trajo Ferrer. Y fue naciendo la Balada, que ensayamos en Michelangelo, donde todos los días dábamos dos shows. Y cuando se iba el público, y el mozo acomodaba las copas, la ensayamos después de medianoche, dos o tres veces. Para mí no era difícil, porque yo ya había cantado canciones de ellos, que ya eran muy difíciles. Ya habían escrito Balada para mi muerte, Chiquilín de Bachín, María de Buenos Aires. Para mi no eran difíciles. Yo estaba habituada. Y una vez que la aprendía, ya no era difícil. Era joven, no sé si ahora la aprendería tan fácil”, dice con tono humorístico la gran cantante, agregando que Piazzolla no era de ensayar mucho. 

Balada para un loco
Balada para un loco, un éxito que batió récords. Foto: Difusión

“Él decía que todos tenían que estar bien despiertos, y con dos ensayos tenía que bastar. Él era tan rápido para trabajar, que pretendía que todo el mundo fuera igual. Era bastante molesto, sobre todo para mí, que tenía que aprender esas letras. Y Ferrer escribía medio enrevesado”.

Astor Piazzolla
Astor Piazzolla, un revolucionario de la música popular. Foto: Archivo El País

Los confusos episodios del estreno de la Balada en el Luna Park, pronto quedaron atrás cuando la canción se empezó a abrir camino sola. “Poco después me llamaron de CBS Columbia, para decirme que el director quería hablar conmigo, sobre el long play que habíamos grabado. Y fui, y John Lear me dice que en pocos días se habían vendido 200 mil placas. Yo me quedé helada. Y me resarcí un poco de aquellos insultos del público, y de todo lo que había pasado en el Luna Park, con esa brutal aceptación del público. Ahí estuvo el verdadero jurado”, evoca Baltar.

Sin embargo, la Balada tuvo que luchar contra los tanqueros ortodoxos. “Fue tan resistida, que Pugliese, que era comunista, la grabó pero sin letra. Y sin letra, queda tan tonta. No tiene sentido. Porque una cosa maravillosa que tiene es esa conjunción de música y letra”.

Piazzolla y Baltar
Piazzolla y Baltar, un amor y una gran pareja artística. Foto: Difusión

Y mientras los tangueros más reacios al cambio la miraban mal, la Balada tenía una mayor y mayor aceptación entre todos aquellos que a fines de los años 60 percibían claramente que el mundo estaba cambiando, y el arte con él. “Poco después de estrenarla llamó Troilo a casa, y me pide para hablar con El Gato. Porque a Astor le decía El Gato. Cada vez que hablaban, discutían. Y ese día, yo escuchaba a Astor que solo decía, ‘bueno, gracias, gracias’. Yo pensé, qué conversación rara están teniendo. Y cuando cortaron, Astor estaba un poco como confundido, como en el aire. Y me dice, “¿Sabés qué me dijo Pichuco? Que habíamos escrito la segunda Cumparsita”, cuenta Baltar reviviendo la emoción.

“Ese verano de 1970, en Mar del Plata, cuando la Balada tenía dos meses, Troilo le dijo a Astor, ‘¡Vos le hacés cantar a esta chica cada cosa! Entre la música que escribís vos, y las letras del uruguayo, esta pobre chica…’ Y me decía, ‘Nena, venite conmigo. Yo te hago cantar unos tangazos. que te vas para arriba enseguida. Y Astor le decía, ‘Pichuquito, dejá a Amelita tranquila’. Y el otro le contestaba, ‘tranquila dejala vos. Escribís cosas que nadie entiende nada’.”

PIazzolla, Troilo y Baltar
PIazzolla, Troilo y Baltar. Foto: Difusión

La Balada se convirtió pronto en un himno popular que reivindicaba la locura. “La canción la canté en todo el mundo, pero las actuaciones más emotivas las que dimos en el manicomio, en el Borda, que la Balada nombra aludiendo a la calle Vieytes. Los locos se reían, los aplaudían. Porque la canción exponía que el amor lo inventamos los locos. Una vez fuimos a almorzar, y Horacio, que era muy aprensivo, decía, ‘¿La comida la hacen ellos, no nos irán a envenenar?’. Y Astor le contestaba, ‘son locos, no asesinos’”.

Horacio Arturo Ferrer
Horacio Ferrer, el componente uruguayo de la Balada para un loco. Foto: Difusión

“Había uno que me hizo unos dibujos, o me regalaban pulseras, collares. Cosas que ahora no tengo. Yo me he mudado muchas veces, y la mudanza de lo de Astor fue tremenda, me dio cuatro o cinco cosas, y muchas otras las habrá tirado. Pero prefiero los recuerdos a los objetos”.

Pasó medio siglo y el tango surrealista no perdió su fuerza. “Yo la canto por el mundo, y para mí es mi Cumparsita. Algunos la cantan pero no entienden. La cantan fuerte, sin atender a la ternura que tiene. Gritan ‘loco, loco’. Y en realidad tiene un surrealismo que es para cantarla con una sonrisa. Tiempo después de cantarla en el Luna Park, me di cuenta que la parte de ‘bailá, vení, volá’, es para decirla, y no para cantarla. Decirla, para que el público sintiera que yo les estaba comunicando eso”.

“Yo ya soy una mujer grande, y pienso cosas. Y este año, por el aniversario, yo pensaba, ‘qué va a pasar cuando yo no esté, y la canción quede ahí, solamente en un papel. Qué sola se va a quedar la Balada para un loco”, remata la cantante.

Amelita Baltar. Foto: Agustín Mártinez
Amelita Baltar, evocó la historia de Balada para un loco. Foto: El País
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