ENTREVISTA

Ignacio Copani: "Las redes sociales son magníficas pero tienen su costado de usina oscura"

El 6 de noviembre, el músico argentino se presenta a guitarra y voz en el Teatro Solís; antes charló con El País

Ignacio Copani. Foto: Francisco Flores.
Ignacio Copani. Foto: Francisco Flores.

“Botija, yo soy de acá enfrente / Con tu mismo cielo, tu niebla, tu lluvia, tu viento y tu sol / Yo grito un gol en tono vehemente / Soy rioplatense pero no del Bolso ni de Peñarol”, canta Ignacio Copani en “Yo soy de acá enfrente”, una milonga inspirada en su relación con el pueblo uruguayo, una especie de idilio que el músico argentino viene alimentando hace 30 años. “Mi vinculación con el público uruguayo es muy espontánea, como dice la canción”, explica Copani a El País. “Soy un tipo que ha nacido al oeste del Río de la Plata y estoy orgulloso de aquello, pero también me siento parte de una patria grande en su manifestación estética, social y política”.

Desde su primer recital en Montevideo, celebrado en el Defensor Sporting tras el éxito de Ignacio Copani (su debut discográfico, que tenía los hits “Cuántas minas que tengo” y “Lo atamos con alambre”), el cantautor cruza el Río de la Plata una vez por año para presentarse en un escenario local. Su próximo recital será el 6 de noviembre en el Teatro Solís (entradas a la venta en Tickantel), donde celebrará las tres décadas de su primer disco y presentará nuevas canciones en formato de guitarra y voz.

Antes del show, Copani charló con El País.

—El 6 de noviembre vas a hacer un recital en el Teatro Solís para celebrar las tres décadas de tu primer disco, Ignacio Copani. ¿Cómo recordás la grabación de ese álbum?

—Con mucha alegría y mucho tesón. Vendí un auto para poder hacerlo... Aunque en realidad no fue tan heroico (Se ríe). Vendí un auto más o menos bueno, me compré otro con esos planes de cuatro cuotas pagas y 80 por delante, y con esa plata y mis ahorros pude financiar el disco. Lo hice porque realmente confiaba en lo que hacía aunque en los castings y en las pruebas me rebotaban en todos lados. Lo grabé en un estudio grande y llevaba el cassette a todas las compañías porque no había ninguna posibilidad de difusión. Lo llevé a todos lados pero me volvían a rebotar; me decían que “Lo atamos con alambre” y el humor no vendía discos. Me dio mucha desazón porque después de que no te toman en una compañía te cuesta llamar a otra. No es que les ofrecés relojes: si no le gusta este cuadrado, tengo uno ovalado y otro redondo. Acá te rechazan el producto, que sos vos mismo, y te cuesta encarar de vuelta.

—¿Y cómo seguiste después del rechazo?

—Yo hice mi disco y pesaba que no me iban a dar bolilla. Entonces vendía mis cassettes en mis recitales, y, como era una cinta armada en casa, en la contratapa le ponía: “Si te falla esta cinta, llamame al 981...”. Un día me llaman de la EMI Odeón, una compañía importantísima. El director artístico, Roly Hernández, me decía que tenía un cassette que se lo había llevado un amigo que me había visto en vivo. Gracias a eso me llamaron y me esperaban con un contrato de seis años. Me explotaron bastante pero me permitió difundir mi música (Se ríe). Estoy muy agradecido y tengo una gran amistad con ese director artístico. Yo había rebotado en la EMI con el portero (Se ríe); era muy difícil. Tuve fortuna y cuando salió el disco pegó en todos lados.

—En ese primer trabajo ya presentabas una mirada crítica y usabas bastante la ironía en tus canciones: “Cuántas minas que tengo”, “Rebelde sin causa” y “En los ‘Iunaitesteis’” son ejemplos claros.

—Sí, aunque lo hago corriendo el riesgo de la incomprensión. Puede ser un vicio o una costumbre muy constante de cantar canciones en primera persona. El tono de humildad que tuvo mi expresión lo exagero cuando canto en primera persona porque lo llevo a lo más criticable. No me animaría a cantar en primera persona algo elogiable, como: “Yo tengo buena memoria”, “Soy un buen tipo”, “Soy un buen abuelo”. Siempre me pongo de protagonista cuando soy una bosta (Se ríe). A lo mejor es una autodefensa que uno tiene. Igual, no hay muchas conjugaciones de verbos. Yo hice 1500 canciones, así que debo tener alguna que dice “yo soy tal cosa”. Igual, lo entiendo así: siempre me gustó ponerme en el lugar del protagonista tonto o malvado. Me sale bien y es un recurso que usé mucho. Tengo 30 discos, claro que puede haber repeticiones o melodías parecidas a otras.

—Tu recital en el Teatro Solís va a ser en formato de guitarra y voz. ¿Cómo rearreglás las canciones de tu primer disco?

—Las hago en otro contexto y con otra dinámica musical. Por ejemplo, canto “Cuántas minas que tengo” y cuento que unos amigos me dicen que a lo mejor no me animaría a hacerla en esta época por esta deconstrucción que hacemos de sacarnos lo machirulo de encima. Pero yo digo que la cantaría e igual sería un exitazo. Yo me dirijo a un público sensible y exigente que enseguida se da cuenta de que era una humorada crítica a ese personaje. La idea era poner en ridículo al tipo. Me gusta mucho hacer esa canción en formato de trovador y contando que dejé lo más explícito para la última estrofa. Todo era en un contexto donde las canciones exitosas eran del tipo de “Tú eres mía”, “Yo soy tu dueño”, “Te voy a robar el néctar de tu flor”... Todas cosas que hasta son ilegales (Se ríe). La idea del recital también es mostrar novedades, porque no quiero hacer un show de un viejo agreta nostálgico. Quiero mostrar mi posición ante las nuevas estéticas, defender mi esquema de cantautor aunque parezca en vías de extinción.

—¿Cómo te llevás con las redes sociales?

—Las redes son magníficas pero tienen su costado de usina oscura: cualquier insulta y me dice: “este es peronista y kirchnerista”. Está bien, yo soy eso. Mi ideología es peronista, pero yo tengo un oficio comprobado de trovador, de cantautor, de haber recorrido el mundo y no me puedo subir dos horas el escenario del Solís a decir: “Viva Perón y viva Cristina”; tengo que tener un arte que desarrollar, porque si no no se sostienen 120 minutos de recital. Uno no puede ser tan obtuso de dejarse engañar por una cosa de los medios de estigmatizar a los artistas. Que pase conmigo, que soy bastante explícito con la política, puede ser. Pero también pasa con muchos artistas y actores que tienen que seguir un guion, que los insultan porque en su momento de civil participan de su comunidad con su ideología. Ninguno propone un golpe de Estado y nadie propone que a Macri lo cuelguen en la Plaza de Mayo. Pero a nosotros nos han propuesto esas cosas muchas veces. Esa es la diferencia. La mirada de derecha es así: podés enmascarar, venir mejor vestido, con mejores modales, pero es muy salvaje. Este gobierno fue más allá que cualquiera de derecha: se metieron con la comida de los pibes.

—¿Qué esperás del recital en el Solís?

—Que vaya más que mi familia (Se ríe). Yo no me animaba a hacer un Solís, pero Federico Marinari (Gerente de producto de Montevideo Music Group) me insistió. Me daba temor y pudor porque es un templo de alto vuelo. Me convenció con argumentos que habrá que preguntarle a él, que me iba a pasar lo mismo que me pasaba cuando iba a la Sala Zitarrosa. Creemos que el público nos va a acompañar, a pesar de que a mí también me da terror de que no sea un sábado (es un miércoles), pero el Solís es el Solís. Así que ahí estaremos.

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