Crítica

Iggy Pop, un rockero grande con cosas por descubrir tiene nuevo disco, "Free"

A los 72 años, el padrino del punk se vuelve a reinventar entre el jazz y la poesía

Iggy Pop demostró una fuerza que contagió a un auditorio que quedó hechizado. Foto: F. Ponzeto
Iggy Pop en Montevideo. Foto: Fernando Ponzetto.

Quienes fuimos bendecidos con la posibilidad de verlo cuando estuvo en el Teatro de Verano hará un par de años, sabemos que en vivo Iggy Pop, sigue apelando a lo que nos enamoró por primera vez: furia punk de guitarras afiladas y porte de compadrito. Desde allí fue que entregó un repertorio de himnos rockeros y salvajismo que se volvió pose pero aparenta autenticidad.

En los últimos tiempos, sin embargo, Iggy ha dejado ver otro lado de sus inquietudes musicales. En Preliminaires de 2009 y en Après de 2012 exploraba su lado más francófilo y más alejado del rock and roll: eran discos llenos de chanson, Serge Gainsbourg, Edith Piaf y jazz. Era como si llegando a convertirse en el menos esperado de los septuagenarios, Iggy Pop (nacido James Osterberg en Muskegon, Michigan, en 1947) estuviera decidido no a renegar de un pasado tan glorioso pero sí a reconstruirse en un futuro novedoso.

Free, que es su disco número 18, es una escala más en ese camino. Aquí la crudeza que es su marca registrada apenas se roza, y el disco es una ecléctica combinación de varias y más sedadas influencias, cosidas por algo tan genérico como el jazz experimental.

El título del disco, “Libre”, puede dar pistas de la necesidad de Pop, que en abril cumplió 72 años, de desprenderse de algunas ataduras estéticas. Su último album, Post Pop Depression es de 2016 y fue una prueba de su amor por el rock grabada junto a algunos Queens of the Stone Age.

Free es otra cosa. “Quería ser libre”, dijo Iggy Pop en el anuncio oficial de este nuevo disco. “Sé que eso es una ilusión y que la libertad es algo que solo se siente pero he vivido mi vida hasta ahora en la creencia que ese sentimiento es el único que vale la pena seguir, que es todo lo que se necesita. No son la felicidad o el amor, sino el sentimiento de sentirte libre”.

Esa libertad que está en el giro que representa Free la encontró en la participación de dos compinches nuevos, el trompetista Leron Thomas y la guitarrista Noveller (el alias musical de la también cineasta Sarah Lipstate), quien aquí figura como encargada de los “guitarscapes”, que puede ser traducido como paisajes de guitarra.

Thomas firma siete de las 10 composiciones del disco (incluyendo una, “We Are the People”, que musicaliza un poema de Lou Reed) y Norvelle las tres restantes (incluyendo dos, “Free” y “Do Not Go Gentle Into That Good Night” que musicalizan dos poemas de Dylan Thomas).

De hecho, más allá de un par de ejemplos más o menos juguetones como “James Bond” y “Dirty Sanchez”, todo el disco es una suerte de disco de jazz y poesía a la que la gruesísima de Iggy Pop le da un toque siniestro. Un final como el que aporta “The The Dawn” no le va a alegrar el día a nadie, eso seguro.

Pero siempre es lindo ver al bueno de Iggy buscando nuevos caminos. Y si nos precisa, ahí estamos para acompañarlo.

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