El productor inglés Mark Ronson editó su cuarto disco: “Uptown special”

La idealización de la música funk de un inglés de bajo perfil

Este inglés es uno de los tipos con más alto bajo perfil en la música pop. Aunque es un productor que depende de otros para que le den voz a las canciones que graba bajo su propio nombre, Ronson sabe de éxitos masivos.

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Ronson con Wonder y Chabon en su nuevo disco. Foto: Archivo El País

Es el productor de Back to Black, el disco que convirtió a Amy Winehouse en una estrella mundial y de 19, el primer disco de Adele. Más recientemente co-produjo New de Paul McCartney.

Junto a Winehouse publicó una versión muy "retro" de la canción Valerie (de una banda bastante ignota llamada The Zutons) que levantó su segundo disco solista (Versions) a posiciones de relieve. Su nombre, que solo registraban los nerds de la música que encuentran placer en leer y registrar los créditos de los discos, empezó a hacerse algo más conocido.

A Versions, de 2007, le siguió Record collection en 2010, un álbum que no hizo demasiado ruido, a pesar de contar con invitados como Boy George, Simon Le Bon y el London Gay Men's Chorus.

Y ahora vuelve con Uptown special, un disco que gracias a la participación de Bruno Mars en una canción ya es el trabajo más comercialmente exitoso de Ronson.

Si no puede ver el video, haga click aquí

El tema Uptown funk, en el que canta Mars —con más vigor tal vez del aconsejable, casi una sobreactuación de su parte— conquistó el primer puesto en su país, llegó bastante alto en Estados Unidos y el video acumula casi 130 millones de reproducciones en YouTube. Bastante bien para un músico que claramente no cuenta con una presencia carismática. Basta verlo en el video de Uptown funk, único blanco entre negros y morenos como Mars, para percibir la incomodidad de Ronson cuando hay alguna cámara cerca (en las tapas de sus discos sus fotos aparecen distorsionadas o fragmentadas).

El tema, indistinguible de una legión de temas funk y soul circa 1978 o 1979, es pegadizo y fiel a lo que Ronson cultiva como artista: un apego casi maniático a lo hecho por artistas estadounidenses de funk, soul y música Disco de fines de los 70.

Como si fuera un cartógrafo Ronson va poblando su disco de puntos de referencia en un recorrido que documenta los orígenes y el desarrollo de la música pop afroamericana, desde Motown hasta Michael Jackson, pasando por James Brown (como en Feel right).

Pero hasta ahí llega Ronson. Sus discos no pretenden descubrir nuevos terrenos ni recombinar lo ya existente en collages que suenen novedosos.

Un sonido como el que en su momento patentó Timbaland —con componentes que aspiraban a ser futuristas— estaría completamente fuera de lugar en un disco de Ronson.

A él déjenlo con la armónica de Stevie Wonder, que es lo que lo hace feliz. El disco abre justamente con Wonder soplando su instrumento y en los créditos de ese instrumental figura el escritor estadounidense Michael Chabon (autor entre otras de la novela en la que se basó la película Fin de semana de locos, 2000, con Michael Douglas).

Chabon aparece en varias canciones más del álbum, probablemente fruto de la afinidad entre músico y literato por este tipo de música: la última novela de Chabon —Telegraph Avenue— narra la amistad de dos melómanos, uno negro y otro judío (como los propios Ronson y Chabon), fanáticos de la música afroamericana.

Pero aunque Ronson sea principalmente un artista retrospectivo, acá da unos primeros y tímidos pasos fuera de su zona de confort. La presencia del cantante Andrew Wyatt (de la banda pop sueca Miike Snow) en Crack in the pearl es un indicio de un apego menor al canon.

Hay algunas pinceladas de música electrónica (nada muy actual, no se preocupen) y algo de pop cerebral a lo Steely Dan. Es en esa apertura que está lo más estimulante del álbum.

Ahí, y en la camuflada capacidad de Ronson de tejer y unir un repertorio de canciones que no serán las mejores que haya grabado, pero que en conjunto logran un efecto similar al exitoso Random access memories de Daft Punk: una declaración de amor a sus influencias y la idealización de un tiempo pasado y perdido.

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