ENTREVISTA

Hugo Fattoruso: ensayos con Jaime Roos, un rescate de Los Shakers y próximos discos

Este sábado, Hugo Fattoruso llegará a La Trastienda junto al Quinteto Barrio Sur. Antes del show, habló con El País sobre discos, ensayos y Los Shakers.

Hugo Fattoruso Foto: Leonardo Mainé
Hugo Fattoruso Foto: Leonardo Mainé

A los 77 años, Hugo Fattoruso no para de hacer música. En un año atravesado por suspensiones de recitales, el pianista utilizó este tiempo para trabajar en cuatro discos y colaborar con artistas del exterior. Este sábado se reencontrará con el público montevideano con un show en La Trastienda junto al Quinteto Barrio Sur.

Antes del show, Hugo Fattoruso habló con El País.

—Este año ibas viajar a Japón nuevamente, pero la pandemia obligó a suspender la gira de Dos Orientales, tu dúo junto a Yahiro Tomohiro. ¿De qué manera tuviste que rearmar tu agenda?

—El gran cambio es que nos quedamos sin todo lo confirmado. Anteayer tendría que haber salido de Montevideo y hoy ya estaría en Japón para la gira decimocuarta gira consecutiva de Dos Orientales. Horrible. También íbamos a ir con Barrio Opa a España y teníamos una gira con HA Dúo. Se canceló todo, pero la actividad sigue igual porque en casa estamos siempre tocando, grabando y mezclando. También grabamos y filmamos canciones con el Cuarteto Montevideano, que estamos Pitufo Lombardo, Leo Carbajal, Albana Barrocas y yo. Además, en unos días Montevideo Music Group va a publicar un disco mío que se llama Canciones cantadas.

—Así que estuviste cargado de actividades.

—Sí. Es nuestra forma de vida. Se cortó tocar en vivo, pero el resto quedó todo igual. En casa le damos todo el día al martillo: pim, pum, pam (se ríe). En 15 días voy a entregar un trabajo que se llama Maquetas y borradores, que reúne 20 canciones hechas con secuenciadores en estos últimos 20 años. Además, estoy haciendo otro trabajo de versiones; Javier Celoria, nuestro mánager y productor, elige músicas de Gardel, Los Beatles y Spinetta, y yo las grabo. El disco va a tener de todo: secuenciadores, piano acústico y eléctrico. También voy a entregar mi segundo CD de acordeón.

—Y a eso se le suman todas las colaboraciones que hiciste en estos meses.

—Sí, nos invitaron de mil lados para tocar. Me mandan mensajes diciendo: “Che, ¿no querés tocar el acordeón para tal tema?” o "¿No nos mandan un videito tocando con Albana?", y yo lo hago. Con Albana grabamos para Córdoba, Brasil, Japón, La Plata y Buenos Aires. Ahora la hija de David Lebón me mandó un tema para que yo toque. O sea que la actividad fue tremenda.

—Hace unos días Jaime Roos publicó una foto en sus redes sociales, donde se los puede ver sonriendo durante una pausa en los ensayos para su regreso a los escenarios. ¿Cómo podrías definir el reencuentro con Jaime?

—Fantástico. Soy muy fan del trabajo, la lapicera, la composición, la temática y los arreglos de Jaime. Y también de su persona. Fua, no tengo palabras. Estábamos esperando esto y estoy seguro de que todo los músicos que van a estar sienten lo mismo. Es un disparate ese muchacho, ¿me entendés? Con Jaime nos habíamos visto unas cuantas veces en Montevideo y otras en La Floresta. Pero una cosa es tomar un café y otra es poner en funcionamiento el repertorio de Jaime, que es Uruguay al mango (se ríe).

—¿Rercordás cuál fue la primera canción que tocaron?

—Creo que “Tal vez Cheché”. Lo que pasa es que, como él es muy bien organizado, dos meses antes de la juntada me mandó el repertorio y todas las grabaciones, con mucha cosa en vivo. Me decía: “Fijate lo que hiciste acá” o “Me gusta que vaya por ahí”. Así que yo lo estaba estudiando dos meses antes de encontrarnos... así que estaba jaimizado (se ríe). ¡Todo con total alegría!

—La semana pasada se publicó “El Karma”, una canción inédita que se grabó durante la reunión de Los Shakers en 2005. ¿Cómo surgió la idea de lanzarla?

—La idea es de Javier Celoria. Él conoció cinco temas que fueron grabados, pero que nunca salieron. Fueron demos que hicimos en Montevideo como tests entre nosotros, porque hacía 40 años que no tocábamos esta propuesta musical. Cuando el empresario Marcos Zimet nos propuso hacer un revival de Los Shakers le dije: “Primero que vengan Caio y Pelin”. Caio (Vila) estaba en Venezuela y Pelín (Capobianco) en Río de Janeiro. Nos pusimos a ensayar en Montevideo, grabamos cinco demos con Luis Restuccia y nos agradó mucho el estilo. Después de años, Javier nos dijo que teníamos que sacar “El Karma”, y salió.

—A este lanzamiento se le suma la reedición de la discografía de Los Shakers en vinilo. ¿Te sorprende el nuevo interés por la música del grupo?

—Sí, es increíble. Ayer pasamos por Little Butterfly Records y Mauro Correa nos regaló los tres discos. No lo puedo creer.

—¿Volviste a escuchar alguno de los discos?

—No, no. Los voy a dejar en el sobre, ahí tranquilos. Están ahí guardaditos...

—No te gusta hablar sobre Los Shakers, ¿verdad?

—Nah, más o menos. Yo qué sé... Lo hicimos con todo cariño, pero no es nada uruguayo, nada rioplatense...

—El primer disco no, pero en La conferencia secreta del Toto’s Bar incluyeron un bandoneón y hasta grabaron un candombe. Ahí sí está el sonido local.

—Sí, sí, claro. Pero nada, fue un golpe de suerte.

—En el video que acompaña a “El Karma” se incluyen mensajes de músicos como Litto Nebbia, Gustavo Santaolalla y León Gieco, que dicen que las canciones de Los Shakers los inspiraron. ¿Sentís que ayudaste a que el rock rioplantese evolucionara?

—Bueno... Si ellos lo dicen, así debe ser. Yo me alegro de cualquier cosa que ayude.

—Mañana te vas a presentar con el Quinteto Barrio Sur. ¿Cómo va a ser el show?

—Estamos con mucha alegría por estar juntos. Se nos hincha el pecho de orgullo con lo que presentamos. Es la vuelta a tocar en frente a la gente y tocar con el quinteto me encanta. Vamos a presentar nuestro repertorio y le vamos a llevar al público otras cosas. Vamos a hacer un par de temas de "El Loro" Collazo y Víctor Soliño, que son de los 40; un par de temas de Pedro Ferreira, que es de los 50; y un par de temas de Manolo Guardia y Georges Roos, el tío de Jaime. Por ahí va la cosa. También están los temas nuestros y las versiones que ya hacemos de Jorge Galemire, Romeo Gaviolo y de Aníbal y Washington Pintos. O sea, el repertorio que llevamos es para que la gente saboree estas delicias que no están muy a mano. Lo hacemos con mucho cariño, porque mucho aprendimos de estos compositores. Es un semillero.

—En tu obra siempre está presente el candombe. Cuando tocás en países como Argentina o Japón, ¿sentís que están ayudando a difundir el género?

—Es parte de nuestra pasión y la llevamos a dónde vamos. Ya sea con el HA Dúo, el Quinteto Barrio Sur, con Yahiro Tomohiro o cuando toco solo, hacerlo es una pasión. Me encanta que la gente, a través de lo que hacemos, pueda conocer una o dos músicas de acá. En Japón tocamos a Alfredo Zitarrosa, Eduardo Mateo y a Jaime Roos. Nos gusta versionar y contarle rápidamente a la gente, porque no me gusta hablar: me tranco todo y eso (se ríe). Yo les cuento un poco y me encanta tocar, siempre con todo respeto y amor.

—Cuando vi el documental sobre Dos Orientales me sorprendió la conexión que el público japonés genera con el candombe, más allá de que no lo hubiera escuchado antes ni que entienda su contexto. ¿Sentís que es en esos momentos en que se materializa la idea de que la música es un lenguaje universal? 

—Si, definitivamente. Amén de que el público japonés es muy sensible y muy respetuoso. Es una gente que ha visto decenas de grupos tocar todos los estilos, y el público siempre le pone la misma atención y hace el mismo silencio para concentrarse en lo que están haciendo los músicos. No importa lo que están tocando, siempre se concentran. Eso lo sentimos cada vez que vamos, y cuando tocamos les encanta (se ríe). 

—¿Te acordás del primer momento en que generaste esa conexión con el público japonés? ¿Te sorprendió?

—No, porque yo tenía tenía plena confianza de que iba a ser agradable para los que estaban escuchando. Cuando empezamos a tocar éramos solamente Tomo y yo. Él tocaba el chico repicado y yo el tambor piano. Les cantaba un tema que le cantan los niños japoneses, que es como "A la rueda rueda". Es un canto de niños que todo el mundo conoce, pero que nadie escuchó con ritmo de candombe. Al final de los shows de Dos Orientales, canto a capella esa historia para niños que cuenta que un cazador está buscando a un oso porque le robó la miel. El cazador carga la escopeta, lo anda buscando, pero no lo puede encontrar. Es en Kumamoto. "¿Dónde está el oso", pregunta. Eso yo lo canto, fonéticamente, con ritmo de candombe... 

—¿Y cómo podrías definir ese momento?

—Se sienten conquistados, por decir una palabra. Es increíble.

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