CARNAVAL 2018

House y Los Patos Cabreros se aseguraron sus retornos liguilleros

Aristophanes estuvo por debajo de las expectativas, aunque mantuvo su coherencia y estilo.

Patos Cabreros
Patos Cabreros en el desfile inaugural. Foto: Marcelo Bonjour

La apertura de la etapa fue protagonizada por la revista House, que brindó un buen espectáculo, dinámico y entretenido, muy solvente y en sintonía con las exigencias del concurso, cuya mayor fortaleza es el resultado humorístico, que descolló de la mano de los actores Germán Medina, Lucía Rodríguez y Pablo Ohyenart.

Se trata de la propuesta más reidera de las 37 que participan del carnaval 2018.

No obstante, su libreto discurre con un tono generalista, donde los cuadros están escindidos argumentalmente más allá de su raíz común, que se basa en los modos de los uruguayos de hacerse cargo de los aspectos centrales de la vida.

Aún notando ese aspecto, House es un trabajo impecable en sus aspectos téncinos, donde se lucen desde las impactantes escenografías hasta los mínimos detalles en el vestuario y caracterización de sus figuras.
Hubo muy buena selección musical y muy buenos trabajos solistas.
Dos ruedas de similar nivel le aseguran el retorno liguillero y un lugar de máximas expectativas al momento de aspirar a retener la corona ganada en los dos años anteriores.

A Tercera hora tocó el turno a la murga Los Patos Cabreros, que obtuvo una buena performance, con un coro muy sólido a cargo de Rafael Antognnaza, cuya selección musical conjuga una línea tradicional con otras pinceladas más modernas, donde pueden apreciarse las voces más juvniles.

El espectáculo va en ascenso, siempre dentro de una buena nota, agradable, acentuadamente murguera, con ritmo y continuidad.

Su punto menos efectivo y logrado es el cuplé inicial sobre el chip de los perros.

Prosiguen momentos más firmes, como uno que narra el avance de la derecha y su contraparte de izquierda en la región, combinando crítica y humor.

En el mismo nivel está un bloque de crítica de actualidad, al tiempo que el momento más destacado fue el cuplé sobre la salida del clóset, un ingenioso momento que antecede a una de las despedidas más lindas de la temporada.

Se destacaron los cupleteros Christian Font, Mauro Puig y Álvaro Pintos, un tridente que siempre pisa firme en escena, dentro de una acertada postura interpretativa del coro.

Su regreso liguillero está asegurado. Allí un Tearo de Verano lleno dará un juicio definitivo para una agrupación que mostró una propuesta bien elaborada, sin puntos descollantes ni momentos especialmente bajos.

Parodia

El cierre de la etapa fue protagonizado por los parodistas Aristophanes, que superaron lo hecho en la primera rueda, aunque la escasa concurrencia impidió un mayor rebote.

El espectáculo cuenta con dos parodias. La primera, Karate Kid, tuvo más fluidez y buenas interpretaciones, aunque no fue contundente en términos humorísticos, como resultado de altibajos en su libreto y de una historia con bajo nivel de involucramiento de parte de los espectadores.

La segunda representación, “Wilson Ferreria”, reconstruyó los acontecimientos más importantes de la vida del caudillo nacionalista, logrando una mejor devolución. Fue el punto destacado del show.

Aún sin ser su mejor año y con escasa probabilidad de acceder a la liguilla, Aristophanes mantuvo intacto su sello de proponer un espectaculo con sensibilidad, buenas intenciones en el trato de las historias y agradables mensajes que hablan sobre los valores y las acciones de fondo de los individuos.

Por lo tanto, aún en momentos de menores cosechas, vale reconocer la continuidad del estilo y la coherencia ideológica, aspectos que jerarquizan a los artistas y sus búsquedas.

Podrán merecer críticas las elecciones puntales de Aristophanes. Pero, aún así, el espectador jamás se va con las manos vacías.

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