PROYECTO

La historia de Wild Gurí, el niño salvaje del rock uruguayo que está lleno de figuras

La banda que integran Sebastián Teysera, Pedro Dalton, Ernesto Tabárez, Federico Morosini, Garo Arakelian y más, editó su primer disco en 2019

La banda Wild Gurí. Foto: Martín Illescas
De izq. a der., F. Morosini, M. Mezzottoni, E. Tabárez, S. Teysera, P. Dalton, Álvaro Garroni, Manolo Ferreiro, E. Demelas, G. Arakelian. Foto: Martín Illescas

El cuento que repiten es que el sonidista Esteban Demelas era amigo de Joe Visconti, un artista italiano que grabó “cuatro o cinco discos” y del que habían quedado “cosas inconclusas”. Entre ese material desperdigado, Manolo Ferreiro, asistente técnico de La Vela Puerca, encontró una canción a medio camino y decidió completarla, con el aporte de distintos jugadores que a Visconti le interesaban. Entre ellos estaban Pedro Dalton, Sebastián Teysera y unas cuantas figuras más de la escena.

De ese relato que Dalton repite de memoria una tarde, nació Wild Gurí, que califica como una gran reunión de protagonistas del rock uruguayo, y también como un juego. A medio camino entre ambos títulos, la banda lanzó en diciembre su primer disco, y la verdad, está bastante bien.

Al “supergrupo” lo integran Dalton, Ernesto Tabárez de Eté & los Problems, Federico Morosini de Julen y la Gente Sola, Garo Arakelian, el fotógrafo de rock Marcos Mezzottoni; Demelas, Ferreiro, Teysera y Álvaro “Cocho” Garroni, todos estos parte del mundo de La Vela. Y el espíritu de Visconti.

Ellos, todos, se juntaron una vez en Playa Hermosa, en el estudio de Teysera, para grabar esa canción que había quedado flotando por ahí. Y terminaron haciendo una cantidad de canciones, una atrás de la otra; se fueron cambiando los instrumentos, fueron probando cosas, tirando ideas.

“Fue como un campamento de rock”, dice Morosini, el más chico de la pandilla y que acá aporta voces, toca un piano Rhodes y contribuye en las letras. “Ya que estábamos ahí, había que hacer cosas rápido, porque si no iba a ser solamente grabar una canción, y obviamente nadie quería”, sigue Dalton. “Y yo fui a sacar fotos y terminé grabando un disco. No lo puedo creer”, bromea Mezzottoni, baterista de Wild Gurí.

En el desordenado repaso de anécdotas que hacen Morosini, Dalton, Mezzotoni y Garroni, entre risas y chistes internos, lo que se repite y resalta es la espontaneidad. Wild Gurí es una banda que nunca ensayó, que nunca nadie imaginó, que no tiene proyección de tocar en vivo porque las agendas de todos son imposibles de acompasar, y que no suena ni a Buenos Muchachos ni a Eté & Los Problems ni a La Vela ni a Julen. Es un invento bastante efectivo.

Como ejercicio, a los músicos les permitió salirse de sus mundos conocidos y jugar el juego de otros, sin tiempo que perder. Y a los que no se dedican profesionalmente a la música, les cumplió el sueño de grabar un disco de rock con amigos, que encima fue editado en vinilo por el sello Little Butterfly Records.

“El compromiso con el proyecto”, dice Garroni, que suele estar detrás de cámaras, “te obligaba, en una buena, a ser parte de un momento único que estaba sucediendo. Si no, te lo perdés”. “Es que nadie tenía un lugar: lo ibas encontrando, tenías que buscarte como puedas”, sigue Dalton, “porque nadie iba a quedar afuera”.

—¿Y qué fue lo más pensado en todo Wild Gurí?

Garroni: Creo que la actitud que todos tomamos, a la misma vez, en el mismo momento. Eso es lo único que no es espontáneo, la decisión de estar expuestos en un lugar en el que pasan cosas espontáneas. Eso fue lo que más nos unió. Porque de los que arrancamos, ninguno desertó.

Dalton: No, vamos hasta el final. Hay una energía que es como: relajate. Soltate y bailá.

—¿Cómo definen ahora la entidad Wild Gurí? ¿Qué es lo que lo hace tan especial?

Dalton:
Que todo va sucediendo. Está la idea de una superbanda... Ni ahí. No tenemos idea de lo que va a pasar, salvo Cocho que sí tiene idea (se ríe).

Garroni: Sí, se viene algo grande para el futuro, eso se los puedo asegurar (se ríen).

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