Los ingleses Simons y Rowlands se presentan el 1° de diciembre en el Velódromo

Hermanados por la química y la música

Uno de los nombres más respetados dentro de la música electrónica, The Chemical Brothers, llegaa por primera vez a Uruguay

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El dúo fue al punta de la lanza de la música electrónica británica que dominó los ´90.

"The brothers gonna work it out", reza el mantra con el cual empieza el primer disco —Exit from planet Dust, de 1995— de este dúo británico, que se presenta el martes en Montevideo. Al español, la frase puede traducirse como: "Esto los hermanos lo resuelven".

¿Qué era lo que Ed Simons y Tom Rowlands venían a resolver en ese momento? Por lo pronto, la casi nula contemplación del rock anglosajón hacia el boliche bailable, ese lugar donde se baila, se seduce y se negocia —bajo la luz estroboscópica— el sexo. Pero también el lugar donde las drogas sintéticas abren puertas hacia otras percepciones.

Los hermanos químicos Ed Simons y Tom Rowlands salieron de Manchester casi exactamente al mismo tiempo que los hermanos de sangre en Oasis, la banda que tomó las riendas del britpop desde esa misma ciudad.

En cierta manera, el dúo era el complemento bailable y psicodélico del rock "hooligan" de los Gallagher. Mientras éstos triunfaban ante estadios llenos de un público que cerveza en mano entonaba las melodías de Noel Gallagher, Simons y Rowlands experimentaban el mismo éxito en boliches, cabalgando sobre un pulso bailable y estrambótico, lleno de sonidos raros y agresivos, imposibles de ignorar.

Lejos de las sutilezas de Massive Attack o Portishead, que desde la ciudad de Bristol le habían dado a la música electrónica un cariz frío y cerebral, este dúo plantaba bandera con una actitud pendenciera y perfil ambicioso.

El impacto se sintió hasta en Uruguay, donde por esa época La Vela Puerca y No Te Va Gustar empezaban a cimentar su ascendente camino, El Peyote Asesino entraba en su última etapa y se iba gestando el fenómeno de pop latino con la troika Chocolate-Monterrojo-Nietos del Futuro que junto a Los Fatales explotaría en el año 2000.

Más allá de ese impacto entre montevideanos con ganas de experimentar con raros sonidos nuevos y drogas, Chemical Brothers nunca pasó, acá, del status de banda de culto. Un marcado contraste con alcance que el dúo tiene en el hemisferio norte, donde lleva a muchos miles a sus conciertos y hasta pueda registrar todo eso en una película como Dont think (2012), que también se estrenó en Montevideo.

El enorme éxito de Chemical Brothers —cuatro premios Grammy, seis discos que llegaron al primer puesto en su país, aproximadamente seis millones de discos vendidos, por ejemplo— fue la punta de lanza del revuelo que causó la música electrónica británica justo en la mitad de la década de los 90.

Junto a Fatboy Slim, Underworld, Prodigy y los franceses de Daft Punk (cuyo primer disco salió dos años después del debut de Chemical Brothers), Simons y Rowlands pusieron a bailar a millones.

Pero si el dúo se mantuvo hasta ahora, es también porque no demoró demasiado en demostrar que tenía más que un par de trucos entre sus sintezadores y máquinas de ritmo.

Ya para el segundo disco, Dig your own hole (1997), Chemical Brothers probó que sus discos podían llegar más allá de la tarima que suele ocupar el DJ. Con la canción "Setting sun —tan parecida a "Tomorrow never knows" que el dúo tuvo una escaramuza legal con los abogados de la marca Beatles—dieron el primer paso para colocarse en un lugar de fronteras imprecisas: un sitio en el cual una banda de rock convive con un DJ.

Los siguientes discos profundizaron ese rasgo de estilo: los socios de Chemical Brothers casi siempre fueron otros rockeros: Noel Gallagher de Oasis, Bobby Gillespie de Primal Scream, Richard Ashcroft de The Verve o Wayne Coyne de Flaming Lips, por ejemplo. Que en el nuevo disco (Born in the echoes, 2015) estén Beck y St. Vincent solo confirma esa identidad y trayectoria.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

Ahora, los ingleses llegan a en la última parte de su carrera, prácticamente como unos estadistas de la Nación Electrónica y luego de reconfigurar la música moderna bailable con zumbidos penetrantes y percusiones estruendosas. Pero también con canciones teñidas de la melancolía digital que aparece cuando la noche empieza a despedirse y la fiesta se desvanece entre los primeros rayos del sol.

Cómo es un show en vivo del dúo inglés.

En junio, Chemical Brothers cerró una de las noches en uno de los escenarios del Festival de Glastonbury. El diario The Telegraph describió así ese concierto: "Vimos a este dúo, pionero de la música dance, en su mejor versión: embriagante, implacable y dramático (...) Ver música electrónica en vivo no siempre es una experiencia llamativa, pero aunque los hermanos rara vez levantaran la cabeza de sus equipos, un arsenal de serotonina visual mantuvo nuestros ojos ocupados(...) Y qué final. Nuestros cuerpos se irán de Glastonbury, pero nuestros tímpanos nos recordarán la experiencia un buen tiempo".

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Los otros invitados a la fiesta electrónica: Hot Chip y Daniel Anselmi en la grilla del Velódromo

Fundada en Londres hace 15 años, la banda Hot Chip es una de las herederas más destacadas de la explosión de música electrónica que protagonizó Chemical Brothers a partir de 1995.

Con seis discos editados hasta la fecha, Hot Chip llega a Montevideo, tal como el número principal, con un disco reciente: Why make sense? editado este año. Ahí, exponen su estilo de rock hecho con sonidos electrónicos, en una actitud que guarda similitudes con lo expuesto en su momento por los neoyorquinos de LCD Soundsystem: canciones que no se olvidan de los amplificadores Marshall pero se concentran en la bola de espejos.

No es una casualidad que Hot Chip haya probado imprimirle su sello al clásico de Bruce Springsteen "Dancing in the dark", en una versión que, además, reverencia justamente a LCD Soundsystem. Aunque sean poco conocidos por acá, seguramente valga la pena prestarles atención este martes.

Luego de Hot Chip se presentará el ex PsimioDaniel Anselmi, actualmente uno de los productores más prolíficos de la escena local, con producciones para todos los discos de latejapride*, Gia Love y Mateo Mera, entre varios otros. Todo comienza a partir de las 21 horas con entradas que van de 1.100 a 2.500 pesos a través de Red UTS.

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