JORGE NASSER

"Hay que darle una chance al rock"

El músico cierra el festejo de los 30 años de carrera el miércoles en el Auditorio del Sodre.

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"Quedó la música, y comprobé que la música de Niquel sigue vigente". Foto: M. Bonjour

Me muero de ganas de hacer un disco", dice Jorge Nasser, que durante los últimos meses ha revisado en detalle cada rincón de una carrera que, como profesional, empezó hace 30 años. Está trabajando en el álbum, hay algunas ideas, pero primero tiene un compromiso que cumplir: el próximo miércoles a las 21:00 tocará en el Auditorio con este show llamado Nasser 3.0, y será el primer recital que dará allí como solista.

Con ese espectáculo, que tendrá invitados especiales y con el que lanzará el CD + DVD grabado en vivo el año pasado, en el Solís, el músico irá cerrando un año de festejos y emociones fuertes, pero también de mucha historia protagonista. Y tiene ganas de empezar a contar una historia nueva.

Flamante Ciudadano Ilustre de Montevideo, el hombre que escribió canciones como "Candombe de la Aduana" o "Playa Honda", que se define como "un muchachón de barrio" que pudo conocer la ciudad incluso antes de ser artista, a Nasser lo inquieta el panorama cultural actual y le preocupa que el rock, el género que ha reivindicado desde su juventud, haya perdido un lugar de popularidad.

De cualquier manera, él se ha transformado en un artista popular que fue de la canción al rock y del rock a la milonga, que coqueteó con el folclore y que ahora está en un terreno variado. El show del Auditorio será, obviamente, una celebración de todo eso, y el cierre que le permitirá enfocarse en sus nuevos proyectos.

Mientras espera por la salida de El camino de siempre, un documental que registra un viaje que hizo con su amigo Julio Sonino de Miami a Nashville, no pierde su objetivo. "Ojalá salga este año, pero la oportunidad de la película puede ser cualquiera. Yo voy a ponerme a hacer un disco", afirma a El País.

—¿Cómo es volver a hacer este festejo, que ya dio origen a un disco y a un DVD?

—Este va a ser el lanzamiento del DVD + CD, como para cerrar los festejos. Me estoy reencontrando con Montevideo desde 2013 para acá, y la idea era todos los años tener una cosa. Esta vez decidimos llevarlo al Auditorio, y siempre está la alegría de tocar.

—El año pasado hablamos en una entrevista de lo que había sido para vos reencontrarte con canciones de tus 30 años. ¿Cómo pensás que ha sido para el público eso?

—Es muy difícil que la gente te pare en la calle para decirte que algo no le gustó. Tiendo a pensar que la recepción ha sido buena, más que nada por colegas, por cómo suena, cómo fue el show. Fue como un tour de force, 35 canciones, fue un delirio. Todos nos sorprendimos por cómo fluyó y en un punto, ahora, vamos a buscar lo mismo.

—¿Cómo surgió lo de convocar al Coro Rapsodia para este show? No es común ver a un coro tan grande involucrado en un recital nacional.

—Yo estaba fantaseando con hacer algo con una orquesta, porque hay como ecos del Níquel Sinfónico. Pero mi productor, Mauricio Martínez, me sugirió un coro y me di cuenta que hay muchas canciones que tienen un potencial coral, que hay un tono épico en algunas canciones de mi obra, para bien o para mal. Y yo adoro cantar de forma gregaria, de hecho formaba parte de una banda de rock, pero cantábamos a tres voces. Me dijo: "yo conozco un coro", y casualmente era el que había estado con los Rolling Stones. Están santificados esos pibes.

—¿Te parece que Níquel ha sido revalorizado, que está más presente ahora?

—Me parece que sí, un poco (se ríe). Me parece que todavía no tenemos idea los que estamos en el ambiente lo poco que nos conocen los demás montevideanos y uruguayos. Siempre pasó igual, en la época de gran popularidad de Níquel igual se llegaba hasta cierta cantidad de gente. Dentro del ambiente ha habido como una imparcialidad a la hora de escuchar las canciones, que ya no está teñida por la actualidad de la banda o los hechos sociales que ocurrían, y quedó la música. Lo que comprobé es que las canciones estaban vigentes.

—Es raro que Níquel tenga una canción como "Candombe de la Aduana", y pienses que no es tan conocida como podría haber llegado a ser.

—En realidad la banda es muy conocida, pero lo que no tiene es la consideración de la elite. Pero si Led Zeppelin nunca salió en la tapa de la Rolling Stone, ¿qué quedará para Níquel? Imaginate. En el corazón de la gente está, estoy seguro que si la banda se reuniera podría ir mucha gente de pueblo. Pero la aspiración de hacer popular al rock no era solamente en el sentido masivo, sino también en las clases sociales. Popular en una obra de construcción. Y eso es algo que siento que se está perdiendo. Si bien el rock tiene una cantidad de jóvenes, ya es una cosa más para treintañeros que para adolescentes, como era antes, y la clientela es de clase media y alta. Eso me preocupa y me duele por el rock y la cultura uruguaya.

—Ese espacio lo pasó a ocupar lo que acá entendemos como cumbia, o música tropical.

—La cumbia pop.

—Bueno, eso fue cambiando.

—Pero la cumbia pop le ganó espacios al rock en especial, porque con la plena había una barrera cultural. Siempre pensé que había que democratizar el gusto, y que la democratización del gusto sea a través de la cumbia pop... No sé, me gustaría que le dieran una chance al rock. En los cumpleaños de 15 era normal que pasaran "Candombe de la Aduana", ahora no pasan nada, no te pasan ni No Te Va Gustar. Pero el rock, la actitud rock, se las tiene que ingeniar.

—¿Grabaste para el disco de El Gucci "La música es música"?

—Sí. El Gucci es un loco auténtico, un loco de barrio, y a mí los tipos de barrio me resultan simpáticos. Hace poco grabé una versión de "Cumbia de la balacera", que está en Pequeños milagros, con Caracol porque me invitaron ellos. Yo creo que la función del artista es crear vasos comunicantes, y en un punto El Gucci lo hizo. Y eso para mí tiene valor.

—¿Has sido prejuicioso con la música como artista?

—Bueno, en 30 años he pasado por todos los estados. Cuando me junté con Pappo fui muy prejuicioso, me sentí parte de una cierta "realeza" y desparramaba prejuicios de arriba para abajo. Fue un error. Pero en general mi tendencia siempre fue cruzarme, y la gran parte de malentendidos que he tenido en la música es por eso, porque no saben dónde ponerme. Toqué y grabé con muchos, hice mil cosas, y en esto el ensayo y error es fundamental. Aparte yo aprendí de tipos que eran abiertos, y eso el rockero lo tiene que mantener. Cuando el rockero se convierte en un personaje cerrado es de lo peor que puede haber, te diría. En todos los palos alguien cerrado es jodido, pero el más jodido de los cerrados es el rockero.

—Igual es todo un desafío.

—Sí, pero para crecer en el arte tenés que moverte en muchos ambientes, tenés que saber salir y entrar de los ambientes. No te podés quedar concinándote en tu propio caldo, en el boliche al que vas y sos Gardel y te tienen pronta la cerveza cuando llegás. Está bueno, lo que pasa es que es una zona de confort, finalmente a nivel artístico. Algunos le llaman coherencia a eso. Yo no considero a la coherencia una materia en la que haya que tener una nota alta para ser buen artista.

Un festejo parecido y a la vez con diferencias.

"La celebración es más o menos la misma que la del año pasado", dice Jorge Nasser respecto al concierto que dio en julio en el Teatro Solís. Pero, desde el arranque, este será su primer concierto como solista en el Auditorio Nacional del Sodre, y aunque sí recorrerá todo su repertorio, tendrá otros invitados. Por ejemplo, lo acompañará en algunos temas el Coro Rapsodia, el que en febrero estuvo compartiendo escenario con los Rolling Stones. También estará Mandrake Wolf, "un compañero generacional"; Estela Magnone, Emiliano Brancciari, y quizás alguien más, pero se guarda algún nombre para no quemar las sorpresas. Hay entradas en venta en Tickantel y boleterías de la sala, desde 400 pesos.

Nasser y una relación de idas y vueltas con la elite.

—Hablabas de la relación entre Níquel y la elite. ¿Jorge Nasser tuvo más reconocimiento de la elite?

—No, no creo. De otra forma me hubieran invitado al concierto de Zitarrosa, por ejemplo. Sí protagonicé un proyecto solista basado en la ejecución de guitarras criollas de comienzos del siglo XX, en pleno gobierno de Batlle... Yo corto con el rock y salgo haciendo eso, organizo varios homenajes, grabo un disco, y 15 años después se organizan los 80 años y no me invitan, evidentemente la elite sigue pensando que no soy un artista deseable. Cierta parte de la elite, ni siquiera toda. La verdad, tenés razón, antes tampoco eran todos. Lo que pasa es que hay cierto clasismo en lo cultural, y este es uno de los coletazos más graves de la revolución tecnológica: la cultura está quedando como objeto de consumo de la elite, y eso sólo lo corrige el Estado.

—¿Te dolió no estar convocado a ese homenaje?

—Ya te dije lo que tenía para decir. Me pareció extraño, más que dolor me causó extrañeza, más que nada.

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