ENTREVISTA

Gustavo Ripa, el éxito inesperado de una música calma y uruguaya

Antes de presentar el espectáculo "El origen de las cosas" en la Sala Zitarrosa, el músico charló con El País

Gustavo Ripa
Gustavo Ripa, un músico que apela a la tranquilidd. Foto: Darwin Borrelli

En la exitosa trilogía discográfica de Calma (Calma, 2010; Más calma, 2012, y Calma 3, 2014), el guitarrista y compositor Gustavo Ripa versionó a varios clásicos del cancionero uruguayo para darles una nueva personalidad. Con el sonido íntimo que transmite desde su guitarra, alcanzó varios discos de oro y hasta de platino (todo un hito en la música instrumental de nuestro país), y en los próximos días sumará otro disco de oro a su colección gracias a SimpleMente (2017), el álbum donde retoma el concepto de Calma y ofrece versiones de seis canciones uruguayas (que van desde Jorge Galemire a Jaime Roos, Fernando Cabrera a Buitres). 

Una de las diferencias está en la inclusión de una guitarra de ocho cuerdas, que le brinda nuevas sonoridades graves a las canciones. La otra es que el álbum incluye una serie de cinco piezas para cuatro venezolano, que están unidas por un juego de palabras en el que las cinco piezas son intervenidas por el adverbio y sustantivo “mente”.

En su recital del 28 de junio en la Sala Zitarrosa, Ripa recibirá el disco de oro por SimpleMente y repasará sus cuatro discos con el espectáculo El origen de las cosas, donde mezclará música y textos en torno al concepto del origen; además tendrá a Fernando Cabrera de invitado, a quien conoce desde 1978 pero con quien nunca tuvo un "mano a mano". Antes del show (entradas a la venta en Tickantel), Ripa charló con El País.

—El 28 de junio vas a presentar el espectáculo El origen de las cosas en la Sala Zitarrosa. ¿Cómo podrías definir el show?

—Es un concepto parecido a lo que presenté en la sala Hugo Balzo el año pasado. El repertorio va a ser de los cuatro discos míos ordenados de distinta manera. La diferencia es que esta vez incluyo textos y videos, la mayoría hechos por mí. Más que un concierto, este va a ser un espectáculo más conceptual centrando en el origen de las cosas. Voy a contar unas historias que tienen que ver conmigo y con el origen de las cosas.

—¿Te referís al origen de tu relación con la música o va más allá?

—Lo digo como algo genérico que toca nuestras vidas. Yo formo parte de todo eso, así que también tiene que ver con mis orígenes y los diferentes orígenes. El otro gran tema del show es que va a participar Fernando Cabrera. Nos conocemos desde 1978 y habíamos compartido escenarios pero nunca habíamos hecho nada mano a mano. En estos días nos vamos a juntar para definir las posibilidades; estoy con pila de expectativas.

—Esa noche vas a recibir un nuevo disco de oro, esta vez por SimpleMente. ¿Cómo te tomás la recepción de tu obra por parte del público?

—Tengo cuatro discos y todos llegaron a disco de oro; incluso dos de ellos son de platino. También tengo tres Premios Graffiti. Es importante todo lo que ha sucedido alrededor de los discos y que las personas lo usen para tantos fines. Me han dicho que con mis discos los niños se duermen, que mujeres pasan su embarazo y tienen sus partos, que lo usan para estudiar, para descansar, para yoga y hasta para morir.

—O sea que con tu música acompañás todo el proceso de la vida.

—Sí, hay personas que han pedido que pusieran mi música en sus últimos momentos para poder tener un ambiente de calma. En realidad, no es tan raro a lo que yo concibo lo que es la música porque para mí no es solamente entretenimiento y evasión, sino que tiene un alto impacto en nuestras vidas. Quiero generar una música que ayude y acompañe a las personas.

—¿Imaginabas esto cuando empezaste con el proyecto de Calma?

—Para nada. Ya de por sí fue un éxito personal poder hacer un disco solista de guitarra. El proyecto no iba a ser un disco, sino que era grabar temas que me habían gustado.

—¿Recordás en qué momento te empezaron a llegar comentarios de la gente?

—Fue inmediato. Cuando terminé Calma, en 2010, estaba tan metido en el círculo creativo y tenía tanta energía que seguí haciendo cosas y en los meses siguientes ya tenía la mitad del segundo disco. Fue en ese período de tiempo que me empezaron a llegar comentarios. Por supuesto que uno se siente orgulloso de eso, pero también responsable de lo que sigas generando, acompañado de la alegría del propósito. Creo que no hay cosa más linda que alguien pueda trabajar en lo que le guste y tenga un propósito, y si ayuda alguien, el objetivo ya está cumplido.

—Tus conciertos tienen mucho de mántrico y se te puede ver realmente compenetrado cuando estás tocando la guitarra. ¿Qué sentís cuando tocás frente al público?

—Es muy linda la pregunta que me hacés, aunque todavía me cuesta explicarlo. En el concierto que hice la sala Hugo Balzo toqué casi dos horas y no me di cuenta. Cuando toco entro en un estado mental que es como estar en un tren y dejarte llevar. Siento una comunión con la gente, como un viaje compartido. Pierdo la noción del tiempo cuando tengo la mente fluyendo y disfruto de lo que hago.

—Retomando la idea del disco de oro, sorprende mucho que tus discos instrumentales tengan tanto éxito. ¿Cómo lo ves?

—Si lo concebís desde el punto de vista del disco como un producto de mercado, el éxito es muy extraño. Pero si lo concebís desde el punto de vista de observar y tener en cuenta lo que estamos necesitando, entonces no es tan extraño. Todos estamos viviendo una vida muy estresada y necesitamos y buscamos herramientas o recursos que nos ayuden a estar mejor. La sobreexposición al estímulo nos lleva a tanto estrés, y todos buscamos un oasis, un momento de calma y de encuentro con uno mismo. Por eso, si lo pensás desde ese punto de vista, uno de los aciertos de estos discos es que las personas encuentran lo que necesitan.

—Es interesante que teniendo la posibilidad de escuchar los discos por Spotify, se mantenga el interés por el formato físico.

—Bueno, eso es cada vez menor. Hoy la industria está en serios problemas. Hacer discos físicos tiene que encararse de forma diferente. Spotify y las plataformas de streaming son maravillosas para encontrar la música del mundo pero, desde otro punto de vista, es la tumba para artistas como yo porque vendemos mucho menos discos.

SimpleMente es tu primer disco con una guitarra de ocho cuerdas. ¿Cómo surge tu interés por el instrumento?

—Sí, es el primero. Es una guitarra que quería tener hace mucho tiempo y tuve la suerte de que Ariel Ameijenda la hiciera. Suena fantástica: es de concierto y tiene dos cuerdas graves más que la afinación normal de las guitarras. La séptima está en Re y la octava en La, pero le voy cambiando la afinación.

—En el álbum también incluís cinco piezas para cuatro venezolano, todas abordadas desde el concepto de la mente. ¿Cómo las fuiste armando?

—Nació con una música que estaba en Más calma. Después pasó un período de tiempo en el que yo tocaba mucho el cuatro y me vino la idea de trabajar con el instrumento, pero no como un cuatrista venezolano, sino que desde un enfoque técnico distinto. Como la lógica de afinación es completamente distinta a la de la guitarra, si yo recorro caminos usuales de digitación, suena otra cosa. Entonces yo no sé muy bien qué es lo que estoy tocando. En mi guitarra, mi mente no zafa de pensar qué estoy tocando, pero en el cuatro me pierdo y por eso me manejo con la intuición. Eso me encantó y preferí dejar que esas músicas vinieran a partir de la intuición. El cuatro es un instrumento mucho más chico que la guitarra: tiene un sonido más mínimo, más simple y me pareció readecuado para esas estructuras que son mántricas y secuenciales de un gran desarrollo melódico.

—Cuando vas a grabar, ¿cómo decidís qué canción vas a versionar? ¿Te tiene que interesar la melodía o preferís que te emocione?

—Lo hago por la emoción que me produzca, porque no podría tocar algo que no sintiera. Antes de grabar toco bastante el tema hasta lograr un estado en le cual considero que estoy conectado a la música. Cuando me siento más canchero con la música, me largo un poco a improvisar y en general no hago más de dos o tres tomas cuando grabo. Las hago todas enteras y prácticamente no las edito. Muchas versiones tienen pequeñísimos errores porque soy humano y asumo mi equivocación. Creo que ese aspecto tiene que estar en mis canciones para recordar que no somos perfectos.

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