El guitarrista habla del nuevo album de Buenos Muchachos

Gustavo Antuña: "Nos quedó un disco más libre"

Es "El Topo", el nombre de guerra con el que se lo conoce al guitarrista del Cuarteto de Nos, sí, pero principalmente de Buenos Muchachos, su banda desde hace 20 años. Con ellos está editando su séptimo disco, Nidal, una nueva colección de canciones con la marca de agua de los Buenos: un blues psicodélico guitarrero y poético.

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Gustavo Antuña

Eso sale de la combinación de un grupo de siete voluntades entre las que están la del Topo, Marcelo Fernández, José Nozar y Pedro Dalton, carismático frontman y poeta de la banda.

Antuña es un tipo simpático y siempre tiene buena onda y, créanme ese es un estado de ánimo no siempre popular entre los músicos uruguayos. Está feliz, claro. El Cuarteto de Nos, lo tomó como uno de los suyos y parte de la gracia del nuevo sonido de la banda de Roberto Musso, lo aporta su guitarra. Con ellos gira por América Latina (ahora, en realidad están de gira por pequeños teatros del interior uruguayo), gana un dinero y se divierte; suena a combinación perfecta. Y con los Buenos Muchachos acaba de editar un disco que lo tiene satisfecho y que van a mostrar en dos recitales diferentes en La Trastienda, este viernes 16 y el sábado 17. Como es costumbre de la banda están ensayando casi 50 para dividir en los dos shows. Los Buenos Muchachos son así de exagerados.

Antuña, un malvinense de pura cepa, vive pegado a una guitarra desde hace mucho tiempo. Fanático de Pink Floyd, a los 18 intentó con Arquitectura pero finalmente se decidió por la Escuela Universitaria de Música, donde estudió siete años la guitarra; le falta esto para recibirse de licenciado en su instrumento. Si se lo propone puede ser un guitarrista clásico pero, como queda claro en Nidal, lo de él sigue siendo rock and roll.

Sobre esas cosas Antuña habló con El País.

—¿Cómo fue el proceso de Nidal?

—Hicimos lo que siempre quisimos hacer: nos fuimos a grabar a una casa en Solymar. Y fue interesante el proceso de convivencia. Fueron cinco días y estuvo divino.

—¿Fueron con las canciones hechas?

—Sí, laburamos antes en mi casa de Malvín dos semanitas a full armando las canciones. La idea era grabar todos juntos para que tuviera esa energía de banda en vivo.

—Están juntos hace más 20 años, ya se conocen bastante...

—Sí pero teníamos bajista nuevo, Nacho Echeverría, y para Pancho Coelho, el otro guitarrista, era su primer disco con nosotros aunque hace años que está con la banda. La convivencia fue genial y tuvo que ver mucho con el resultado final: hay una magia muy interesante.

—¿Cómo es el proceso creativo?

—Como siempre con Marcelo (Fernández) llevamos las canciones. En Nidal hay bastante más temas de Marcelo que ya los trae armados porque así trabaja él. Y después están esas cosas raras mías en las que yo tiro las guitarras y se arman. Cuando está todo, Pedro (Dalton) se las lleva y les pone las letras.

—Así, Buenos Muchachos es un rompecabezas de individualidades...

—Esta vez no nos juntamos a componer.

—¿Se rechazaron muchas ideas?

—No. Somos bastante alcahuetes entre nosotros. Se arreglan cosas pero siempre gusta lo que se presenta. Será que tenemos una manera de trabajar tan metódica después de siete discos. Igual sobraron cosas porque, aunque no sé muy bien por qué, queríamos un disco de 10 o 12 temas. Quedan para el futuro: tenemos ganas de hacer algo más casero que Nidal.

—Siempre tienen una tendencia a lo rústico...

—Cierto. A mi este disco me llevó al pasado y me genera esa sensación de cuando escuchaba el Nunca fui yo (el primer disco de la banda). No sé por qué pero no es por las canciones, sino es la misma sensación de cuando nos juntábamos a copiar cassettes aquel disco y se generaba una cosa lindísima.

—En lo musical este disco tiene algo de low-fi, capaz que es eso...

—Sí, es re-low-fi. Quizás sea por la calidez que conseguimos.

—Y a pesar de que es muy guitarrero y eléctrico, Nidal me suena como acústico. ¿Lo buscaron eso?

—Aunque no hay tanto instrumento acústico, hubo un laburo de composición en el que evitamos, por ejemplo, meter 25 guitarras como sabemos hacer. Intentamos hacerlo lo más simple posible y quedó un disco más libre, aireado.

—Es distinto a la ambición de Se pule la colmena, el anterior disco.

—Era mucho más elaborado y era doble. Acá fue todo más sencillo.

—¿Cuáles son las influencias musicales de Buenos Muchachos?

—Somos un espectro sumamente amplio. Obviamente está el rock. Yo escuché mucho Pink Floyd y lo tengo en la sangre. Era muy terraja escuchando música pero conocí Pink Floyd y piré: me fui al Chuy y me compré todos los discos en aquel vinilo berreta brasilero. Y después conocí al Pedro en el Foto Club y mi espectro musical creció un montón porque me mostró bandas que ni idea o cosas como Nick Cave o Tom Waits. Pero también están Bach y Beethoven; de hecho la música clásica tiene mucho que ver en nosotros.

—¿Cómo descubriste la guitarra?

—Yo tendría 17 y 18 años y ni idea de qué quería hacer y agarré la guitarra de mi hermano. Ponía The Mission, saqué unos acordes y me fui a estudiar con el Pajarito Ogara. Ahí justo empecé Arquitectura que me di cuenta que no era para mi y me metí en la Escuela Universitaria de Música. Mis viejos me super apoyaron, "no pavees y estudia en serio", me dijeron. Lo hice y estuve seis o siete años. Iba a la escuela, me mataba a técnica y después iba al ensayo con los Buenos, nos tomábamos una botella de ron y hacíamos un montón de ruido.

—¿Seguís enamorado de la guitarra?

—Sí. Empecé a estudiar de nuevo y aprendí a leer mejor las partituras. Estudio mucho.

—¿Sos un buen guitarrista?

—Yo qué sé. Yo me divierto pila...

—Son un poco tirando a modestos, ustedes.

—Sí. Pero es que ahora que estoy estudiando y me doy cuenta que si no toco por dos días, corro los dedos. Y ¿sabés cuántas veces pifio en vivo? Creo que soy bueno porque me divierte mucho lo que hago, me gusta mucho lo que sale y me parece sincero para la gente.

—La banda genera un vínculo muy fuerte con sus seguidores.

—La gente nos quiere mucho. No sé, los Buenos Muchachos somos queridos. Me pregunto por qué somos una banda de culto pero generamos eso. Somos una banda diferente en el mercado uruguayo y realmente hacemos lo que queremos. La música nos maneja y somos humildes porque lo único que nos importa es la música.

—¿Cuál crees que es tu aporte en el Cuarteto de Nos?

—Le meto mi onda. Me divierte tanto tocar que hasta salto en el escenario, algo que nunca había hecho. Llevé mi alegría y tengo mi sonido porque ellos me dejan tocar como yo quiero.

—¿Y qué trajiste para los Buenos?

—No sé. Según dice Pedro, me puso un poco más profesional. Puede ser. Es que empecé a tocar mucho más, este año, por ejemplo, llevo 50 shows con el Cuarteto.

—Con Buenos Muchachos tienen tremendo repertorio. Igual ¿no te parece que sus canciones merecerían más reconocimiento?

—Los Buenos somos losers, en un buen sentido. Me gustaría mucho vivir de los Buenos Muchachos, cosa que aún no sucede aunque no nos está yendo nada mal.

—También decía en el sentido que con el Cuarteto haces pop y si eso no te hace pensar en que los discos de los Buenos podrían tener algún "alivio" para ese lado.

—Sí pero en el Cuarteto está Juan Campodónico (y Julio Berta que da una buena mano) que es un muy buen productor. Si se lo planteo a los Buenos no creo que les guste, pero me gustaría hacer un disco con Campodónico. Lo veo laburar y me da curiosidad.

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Una colección de canciones con el sello de una banda que no puede parar de crecer.

En Nidal, su nuevo disco, los Buenos Muchachos son un montón. Están, además de Antuña, Francisco Coelho (guitarra) Pedro Dalton (voz y, fundamental, pandereta), Ignacio Echeverría (bajos), Ignacio Gutiérrez (teclados), Marcelo Fernández (guitarra y voz en una canción) y José Nozar (batería, glockenspiel y percusión). Lo produjeron la banda y Diego Janssen y fue grabado en Lomas de Solymar en la casa del asistente general de producción, Ricardo Di Paolo. Nidal es puro Buenos Muchachos ya desde ese comienzo tan pero tan Nick Cave. En un disco parejo con clásicos que coreará la tribuna ("A mi manera", "Tonight", "La bella y la bestia"), otros introspectivos ("Repente" y "Viaje cerca") y con las letras de Dalton, un cuentista con carné e imágenes de poeta. Puede empezar a conocerlo, este viernes y sábado, a las 21.00, en La Trastienda con entradas de $ 460 y $ 700.

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