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"Nos gusta mucho cambiar"

Entrevista con Emiliano Brancciari a propósito del nuevo disco de No Te Va Gustar.

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Emiliano Brancciari. Foto: Fernando Ponzetto

Con su flamante Suenan las alarmas, No Te Va Gustar renovó su sonido y se arriesgó a un cambio que dio como resultado uno de sus mejores discos. A semanas de su salida y a poco de presentarlo oficialmente —el show será el 5 de agosto en Landia y hay entradas en venta en Red UTS—, Emiliano Brancciari recibió a El País en el estudio de la banda para conversar sobre las canciones de este nuevo álbum, la autorreferencia y la ficción y los cambios que le dieron a este trabajo un vuelo diferente.

—El proceso de este nuevo disco, Suenan las alarmas, fue bastante diferente para lo que acostumbran hacer, porque fueron preproduciendo desde el estudio, ¿no?

—Exactamente. Queríamos preservar del disco anterior, el aprendizaje de grabar juntos, que fue sumamente disfrutable para nosotros. Entonces cuando hablamos con Héctor (Castillo, el productor) le dijimos eso, y estuvo perfecto. Él lo que sumó fue que a la hora de empezar a ensayar, ya tuvimos todo seteado para grabar, cosa que nos parecía raro porque ni siquiera habíamos tocado las canciones. Estaban en una maqueta que grabé en mi casa. Pero estuvo buenísimo porque siempre estabas con la concentración total, y de hecho muchas de esas primeras cosas que grabamos se quedaron en el disco.

—Hay cambios también en la forma de estas canciones. ¿Vinieron así de las maquetas?

—Sí.

—¿Y sabés de dónde vinieron esos cambios?

—No.

—¿Te sorprendió encontrarte haciendo canciones que salían de la norma No Te Va Gustar?

—No, fluye y es como es. No tengo el timón para ver qué tipo de canción se me puede ocurrir. Sé que son un poco distintas, pero no le encuentro una explicación. Tal vez lo que estoy escuchando, tal vez lo que me preocupa, tal vez hay un montón de premisas que se deben dar para que las canciones sean distintas. También el tratamiento de ellas aporta a ese cambio, y está buenísimo. A nosotros nos gusta mucho cambiar y el sonido es distinto, entonces también ayuda a que se despeguen de composiciones anteriores.

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—A mí me pareció que este disco tenía algo en común con los primeros discos de la banda, y creo que pasa por el enojo con que cantás las canciones.

—Sí. Primero por el sentimiento, y también por la interpretación de ese sentimiento, que fue una idea entre Héctor y yo, de prestarle más atención a la interpretación que a la afinación. Porque a veces intentar cantar bien te saca un poco de lo que estás sintiendo. Que tampoco hay que perderlo de vista, pero acá priorizamos el sentimiento: entregarse a lo que estás diciendo y después ver si estás tan afinado o no.

—Son canciones más al borde, y el hecho de que estén tan apoyadas en las guitarras complementa eso. ¿Las escuchabas así cuando las componías?

—Sí. Salvo alguna, las canciones no mutaron tanto en forma y en rumbo, digamos. Sí potenciamos eso; si en mi casa las guitarras estaban densas, acá lo multiplicamos.

—Es un disco con un sonido más alejado del Río de la Plata.

—Sí, yo creo que sí, no solo por los estilos —aunque tiene mucho: la melancolía del tango, cositas de folclore—, pero creo que el sonido tiene otro vuelo.

—Han hablado de que Suenan las alarmas tiene que ver con la situación actual del mundo; sin embargo, muchas canciones suenan autorreferenciales como siempre, y hay otras que cuentan historias pero parecen tener cosas muy personales. ¿Tiene que ver con que estás por cumplir 40 años…?

—(Se ríe) Me lo dicen todos eso.

—Pero quiero decir, ¿lo que pasa en el mundo te afecta de otra manera? Por ejemplo, los personajes de padre y madre han estado muy presentes en tus canciones y eso, en este momento de tu vida, siendo padre, se debe ir modificando.

—Obviamente, de todo te cambia el foco. Y creo que también le pierdo el miedo a ciertas cosas, a escribir sin ningún tipo de reparo. En algunas canciones que pueden parecer autorreferenciales, en su totalidad no lo son, y no me importa si parece eso. ¿Entendés? Antes decía: "Bueno, pará, porque si digo esto van a pensar esto". Tenía ese miedo, pero ahora no lo tengo más. Estoy viejo (se ríe).

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—En un tema como "Quería ser como él", por ejemplo…

—(Interrumpe) Sí, tiene partes mías como hijo, tiene partes mías como padre, pero no tiene que ver absolutamente conmigo sino con un personaje que puede ser cualquiera de nosotros. Más en una generación de padres separados.

—"Y el mundo me comió a mí" también tiene algo personal.

—Sí, está basada —no es literal— en la historia de un amigo mío que está preso, que se mandó una macana por el tema de la pasta base y dejó de ser él. Por suerte, está recuperado y volvió a tener su personalidad, pero lo que quise reflejar es lo que se vive ahí adentro. Yo fui a verlo al Comcar y es un infierno. Se vive mucha soledad, y la quise reflejar en que ni la madre lo va a ver, que no ocurre eso en realidad porque la familia lo apoya mucho. Pero te das cuenta que están solos, ¿viste? Es el infierno ahí adentro.

—¿Escuchó la canción?

—Hablé con la familia y me agradecieron. Voy a ir a verlo, porque ahora lo pasaron para Punta de Rieles. Por suerte.

—En "Autodestructivo" está eso de "estoy bien pero estoy mal", una contradicción constante en tus canciones; o en "Pegame más fuerte" se habla de la depresión. ¿Todo eso es parte tu vida fuera del escenario?

—Claro. La vida de todos es lo mismo, te dediques a lo que te dediques. Tenés momentos de euforia, de angustia, y la vida es eso: ese subibaja en el que tenés que vivir ciertas cosas para poder disfrutar de otras. Y me parece sano poder escribirle a eso. "Autodestructivo" la escribí en un momento en que estaba por perder a mi abuelo, que fue como un padre para mí, y estaba por nacer mi hijo, entonces es esa ambigüedad de tristeza porque algo se extinguía, y algo con el mismo poder nacía. Es parte de la vida.

—Encontraste en componer una manera de canalizar eso.

—Claro, es una salvación.

—¿A quién le cantás en el tema "Los villanos"?

—Es una especie de fábula con mucha realidad, de errores que cometemos los pueblos a la hora de abrir ciertas puestas. Y prefiero que quede en la imaginación de cada uno.

—Pensaba, y capaz era la lectura más fácil, que tenía que ver con México y Estados Unidos, pero alguien me decía si no sería sobre un desencanto con el Frente Amplio.

—No, no, con eso no. Que esté desencantado no quiere decir que sean villanos.

—En las redes sociales, fanáticos decían que en temas como "Guante blanco" o "Los villanos", la banda demostraba que no perdía sus principios. ¿Cuáles son los principios de No Te Va Gustar hoy?

—Yo creo que el único principio de No Te Va Gustar es hacer lo que más le gusta. Y respetar al público y a sí mismo. Después no sé; decimos lo que pensamos, lo que nos sale, y no sé si es una declaración de principios eso. Pero realmente, sólo respetamos los principios que son artísticos.

—¿Estás conforme con El tiempo otra vez avanza?

—Sí, re.

—¿Con todos los discos?

—No, hay discos que no. Todo es tan inflamable, por ejemplo, no me gusta el armado del disco. Hacíamos todo por votación, una pesadilla porque terminaba siendo un resultado totalmente frío, sin argumento porque votabas la que más te gusta, pero capaz entre lo que votamos vos y yo hay tres que hablan de lo mismo. Por suerte pudimos romper con eso; igual fue recién después de El calor del pleno invierno. Recién ahí nos dimos cuenta que lo mejor era conversar, convencer al otro y dejarse convencer, dejar el ego de lado por ser el compositor de las canciones o venir con un arreglo, para enfocarnos en que la dirección sea grupal.

—¿Y notás que hay cosas de El tiempo otra vez avanza que se continúan acá?

—Sí, claro. Porque el hecho de tocar todos juntos y buscar algo que sea la banda tocando, eso está en los dos discos. Es la banda llegando a algo.

"SEGUIMOS SIENDO EL MISMO GRUPO".

Todas las canciones de Suenan las alarmas son de Emiliano Brancciari salvo la última, "No deja de sonar", que fue compuesta por el bajista Guzmán Silveira y es una suerte de tributo a Marcel Curuchet, el tecladista fallecido en 2012 en un accidente de tránsito sufrido durante una gira por Estados Unidos.

—"No deja de sonar", la canción de Guzmán sobre Marcel Curuchet, ¿cómo la trabajaron?

—Lo que hicimos fue contrastar bien las dos partes: una parte bien abajo con otra que quedara bien épica, y en momentos un poco psicodélica. Le dedicamos bastante tiempo.

—¿Qué presencia tiene hoy Curuchet en la banda? Porque a El calor del pleno invierno, que se terminó de grabar previo a su muerte, se lo resignificó con el tiempo. Y en El tiempo otra vez avanza aún está latente su recuerdo.

—Es que Marcel sigue en nuestras conversaciones, en los recuerdos, seguimos teniendo sentido del humor con él. Por más que no esté, nos seguimos riendo de cosas de él o recordando, porque se lo sigue extrañando y porque seguimos siendo el mismo grupo. Sin una pieza, pero vivimos tantas cosas juntos que en todos los recuerdos está.

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