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Groove, mucho más que una academia de arte

La escuela de artes escénicas en Carrasco recibe más de 400 alumnos cada semana y prepara el estreno de tres obras infantiles para vacaciones de Julio.

Fotogalería con imágenes de la academia Groove, en la calle Mones Roses de Carrasco. 
Parte del staff de profesores de Groove. 
En música las propuestas de la Academia son varias: instrumentos, canto, composición, ensambles de banda, ensambles vocales, talleres de iniciación a la música, e incluso cursos para padres con hijos.
Los cursos en la academia empiezan desde los primeros años.
En danza, las opciones abarcan desde la danza jazz o los estilos urbanos , hasta flamenco, bailoterapia y tango.
La escuela cuenta con nueve salones para clases de música y dos grandes salas para clases de baile, actuación y comedia musical. 
"Una de las cosas que siempre nos comentan los padres es que traen a los niños para incentivarles otros vínculos ya que en los colegios se tienden a centralizar las amistades" explica la directora Mariana Zina. 

La academia de Carrasco, que abrió hace siete años en la calle Mones Roses, rápidamente se convirtió en una referencia para los vecinos del barrio. Fue un comienzo explosivo, que hoy se concreta en más de cuatrocientos alumnos de todas las edades, un staff de 23 personas e instalaciones que sorprenden.

Fernando de León y Mariana Zina son los directores que llevan adelante la gestión artística de Groove. Los dos son profesores, de música y de danza respectivamente, y hace más de una década se juntaron para cumplir su sueño de abrir su propia academia. Aparte de su sociedad en la escuela conforman una pareja con tres hijos, que también asisten a la escuela, lo que termina de dotar al lugar de una atmosfera hogareña.

“Lo que notamos es que no existía en Uruguay una escuela que incluyera en sí misma todas las áreas de arte escénico. Queríamos crear eso: un lugar que nucleara diferentes propuestas y donde además los alumnos de diferentes materias pudieran interactuar. En donde, por ejemplo, el que estudia teatro se cruce con el que estudia música o danza, y así generar un espíritu artístico que promoviera un ambiente familiar, un lugar donde se fortaleciera también lo social”, explica Fernando, quien enseña música desde hace veinte años.

Mariana agrega: “Cuando sos chico en general te gustan muchas actividades. Cantar, actuar y bailar son expresiones que las traemos innatas. Entonces lo que buscamos fue abrir una escuela donde pudiéramos estimular esas diferentes disciplinas en las personas. Cuando se acerca alguien a decirnos que Groove es su segunda casa nos emociona.  Si bien la escuela cuenta con profesores de perfil profesional, el objetivo es que
las clases sean dinámicas y atractivas, para que el alumno se sienta a gusto,
disfrute del aprendizaje y reafirme su autoestima"

Los directores de Groove Fernando de León y Mariana Zina, en el estudio de grabación de la academia.
Los directores de Groove Fernando de León y Mariana Zina, en el estudio de grabación ubicado en el segundo piso de la academia.


La formación de Groove atraviesa todas las áreas. En música son varias las propuestas: instrumentos, canto, composición, ensambles de banda, ensambles vocales, talleres de iniciación a la música, curso para padres con hijos. La misma variedad se presenta en danza, con opciones que abarcan desde la danza jazz o los estilos urbanos , hasta
flamenco, bailoterapia y tango. 

Todos los años la escuela brinda novedades. Este año apostó a la apertura de cursos integrales para jóvenes: están funcionando el de actuación y el de música, con una mayor carga horaria y un perfil más profesional. Son propuestas que incluyen además workshops internacionales certificados, en los que se traen artistas de EE.UU. y Argentina para dar clínicas intensivas a los alumnos que participan de estos cursos.

Las instalaciones

Si te gusta la música, visitar Groove es toda una experiencia. Al recorrer la escuela, uno se encuentra con pianos, teclados, amplificadores, bajos, violines y guitarras, muchas guitarras: eléctricas, acústicas y españolas, que cuelgan de las paredes como si fueran cuadros. Esta omnipresencia de instrumentos está acompañada de pósters de las grandes bandas que hicieron al rock, frases de canciones y referencias pop que conforman un
ambiente tan moderno como agradable.

Las instalaciones de Groove frecuentemente se utilizan para filmar notas, videoclips de bandas o piezas audiovisuales para fiestas de 15 . Son nueve salones para clases de música y dos grandes salas para clases de baile, actuación y comedia musical, así como también espacios al aire libre y una acogedora cantina donde se proyectan videos.

Lo que termina ocurriendo es que se da un espacio social. Hay alumnos que tienen clase a la tarde y vienen antes porque están a gusto, o porque quieren practicar, ensayar con otros chicos o simplemente pasar un buen rato. Una cosa que siempre nos comentan los padres es que traen a los niños para incentivarles otros vínculos ya que en los colegios tienden a centralizar las amistades. Acá se hacen nuevos amigos y eso nos encanta”, dice la directora.

Otro diferencial de Groove es que tiene su propio estudio de grabación, ubicado en el segundo piso de esta gran casona, donde los alumnos y artistas emergentes pueden grabar sus covers o canciones propias, producirlas, y subirlas a Youtube, Spotify o cualquier otra plataforma. “Además de los shows que ofrecemos durante el año, esto cierra el círculo completo para un estudiante ”, dice Fernando. 

Música en Pañales

El año pasado Groove incorporó “Música en pañales”, un curso dirigido a niños de hasta 36 meses. Esta clase, basada en los principios de la Music Learning Theory del investigador musical Edwin E. Gordon, busca desarrollar la musicalidad en las primeras etapas. ”Esta teoría dice que si en los primeros años el niño está expuesto a un entorno musical desarrolla mejor su oído, y cuando crece le resulta mucho más fácil expresarse a través de la música”, explica la directora Mariana Zina. Durante toda la clase no se habla, los niños escuchan cantar a la profesora y los padres, acompañados de rondas, bailes y otros movimientos. “A medida que avanzan suceden dos cosas muy curiosas. La primera es que los niños no se aburren, se enganchan y no se quieren ir. La segunda es la afinación. Los niños imitan el canto de la profesora y empiezan a entonar”, dice la directora.

Musicales infantiles para las vacaciones de julio

Uno de los objetivos es que los alumnos se suban al escenario, y por eso todos los años se organizan muestras en las que niños y adultos exhiben su talento. Y subiendo otro escalón dentro de sus objetivos, el año pasado la escuela empezó a producir obras profesionales, que combinan actores experimentados con alumnos avanzados.

“Los musicales nos encantan porque integran todas las disciplinas que ofrecemos. Un punto en el que insistimos bastante es que las obras sean con música en vivo, y que los actores canten, ya que si bien el playback facilita la parte técnica, cantar con banda en vivo es un desafío extra que creemos que se puede lograr ”, explica el director Fernando de León.

El año pasado Groove estrenó la obra infantil El Príncipe Sapo, basada en el cuento de los hermanos Grimm, agotando localidades en todas las funciones, obteniendo seis nominaciones a los premios Florencio y el premio a mejor elenco de musicales infantiles 2017. Esta gran respuesta llevó a que esta temporada se vuelva a estrenar la obra, en esta ocasión en el Teatro del Notariado.

La academia además estrenará dos nuevos espectáculos en el Teatro del Carrasco Lawn Tennis Club: Pulguitas de colores, una obra especialmente diseñada para la primera infancia y La lámpara mágica, un musical para toda la familia. Esta última está basada en los cuentos de las mil y una noches, y cuenta con guion y dirección general de Sebastián Bandera (profesor de actuación de la academia), música original de Fernando De León y coreografías de Mariana Zina.

Las tres obras tienen fecha de estreno el sábado 30 de junio.

Testimonios

Agustina Giovio
Agustina Giovio. 
19 años. Estudiante de música, danza y comedia musical. 

"Empecé de muy chica, con 7 años. Con clases de guitarra y después canto y piano. Cuando Groove abrió los cursos de comedia musical y danza también empecé con ellos. Lo que más me gusta es que hay gente que se lo toma re en serio y otros como un hobby, y está todo bien. Hay diferentes niveles y estilos, y tenés la oportunidad de actuar en las muestras de fin de año. Esa experiencia me sirvió para conseguir una beca y estudiar comedia musical en Nueva York durante un año, donde aprendí pila. Ahora que volví a Uruguay y estoy formando parte del elenco de El Príncipe Sapo, una de las obras infantiles que produce la academia". 

Alfonso Chouhy
Alfonso Chouhy
17 años. Estudiante de guitarra, piano y canto.  

"Yo tenía muchas ganas de empezar guitarra y hace unos siete años llegué a Groove por un compañero de colegio. Empecé las clases y no paré, me encantó. Este año arranqué también piano y canto. Lo que más me gusta es la gente. En mi caso en particular me llevo muy bien con los profesores, me vieron crecer. Con unos amigos de Groove tenemos una banda que se llama Copiloto, y tocamos en De Gusto hace algunas semanas. Más allá de las clases una herramienta que valoro mucho es el estudio de grabación. Con mi banda ya grabamos dos covers: En la Ciudad de La Furia de Soda Stereo y Otherisde de Red Hot Chili Peppers, y estamos trabajando en canciones propias. En un futuro me gustaría crecer como banda y poder dedicarme a la música".

Cristina Ures
Cristina Ures 
65 años. Estudiante de canto y teatro. 

"Yo soy vecina del barrio y siempre pasaba cuando volvía del trabajo. Cuando me jubilé me propuse aprender a cantar. Me acerqué a la academia y pregunté si había cursos para una persona de mi edad, y me dijeron que por supuesto. Ya eso me resultó reconfortante. Todo es bueno, pero el ambiente es lo mejor, me encanta ir. Son todos jóvenes pero nunca me sentí fuera de lugar, siempre me sentí cómoda. Cuando no puedo ir o es feriado mi semana es una pena, porque me reconforta el alma ir a cantar. Creo que he avanzado. A fin de año hay una muestra de alumnos, e incluso me animé a cantar en público. ¡En un boliche! Es muy gratificante. Me refresca el espíritu. Más que nada jazz, música de los 450, 60, de las películas americanas".

Mariela Gilet
Mariela Gilet
54 años. Estudiante de guitarra.  Sus tres hijos también asisten a la academia. 

"Yo toco desde chica pero retomé la guitarra eléctrica en la academia en 2012. Lo que más me gusta es que tienen cabeza abierta, es como que todo es muy fluido. Todos los años armamos un ensamble con otros adultos, y nos dicen “los veteranos”. Tocamos rock y blues más que nada. ¡Somos horribles! pero nos divertimos mucho. Lo que más valoro de la escuela es el acceso a otros instrumentos, siempre los tenés a mano. Mis tres hijos van a la escuela desde que arrancó. El más grande empezó con batería y ahora está tocando el bajo. La del medio empezó con guitarra, hizo comedia musical y teatro, y ahora estudia violín y piano. La más chica hizo canto, piano y ahora empezó con batería. Vamos todos juntos a la academia".

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