ADRIAN BELEW

"Los grandes artistas me permitieron ser yo mismo"

Ha tocado con todo el mundo, en una carrera como guitarrista que ya lo tiene casi 40 años como uno de los grandes nombres de su instrumento.

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Adrian Belew: el exguitarrista de King Crimson y Bowie toca en Montevideo. Foto: Wikimedia

Ha sido uno de los colaboradores más importantes de David Bowie (participó en Lodger, uno de sus discos "berlineses", fue guitarrista estable y director musical), Frank Zappa y fue miembro de King Crimson, el proyecto de otro gran guitarrista, Robert Fripp. Y participó en discos fundamentales de Talking Heads, Paul Simon, Nine Inch Nails, Cindy Lauper, Mariah Carey y Laurie Anderson, en una lista que se cuenta por decenas. A eso hay que sumarle una carrera como solista que ya tiene unos 20 discos en los que ha experimentado con el rock, el pop, el jazz y la música progresiva.

Tiene un estilo bien definido como guitarrista que se luce con la formación de power trio (con los hermanos Earl y Julie Slick) con la que actúa hoy en La Trastienda (a las 21.00 con entradas que van de 700 a 1.260 pesos). Es la tercera vez que Belew toca en Uruguay, un mercado chico pero receptivo a los virtuosismos aguerridos de este veterano guitarrista. Antes, charló con El País.

—¿Qué encontró en el power trio que lo ha hecho quedarse tanto tiempo en ese formato?

—Es muy poderoso y me hace sentir libre: puedo ir dónde quiera, generar loops para la banda para que los siga y yo volar por ahí con mi guitarra. Me gusta el desafío de conseguir un gran sonido con solo tres personas. Me gusta la capacidad de improvisar porque al ser pocos es más fácil hacerlo. Y además, me encantan como personas, llevamos millones de millas juntos y me gusta estar con ellos. Hemos tocado para miles de personas y cien personas.

—Creó una aplicación para su música, Flux. ¿Qué es?

La idea de Flux es sorprenderte y para hacerlo musicalmente tenés que tener un montón de contenido, así cada vez que ponés play hay media hora de música pero diferente a otra media hora de música. Es por eso que me llevó seis años grabar y escribir material para que eso suceda. Y ahora tengo que seguir agregando cosas y eso lo hace ideal para mi porque soy un tipo con muchas ideas. Así que con Flux siento que tengo que producir más y ser más creativo. Y siempre crece, hace unos días tuve que agregar más material. Es una música que nunca se termina y siempre se renueva.

—¿Se acuerda de su primera guitarra?

—Era una Gibson Firebird que compré por 170 dólares, ahorré 10 dólares por semana durante 17 semanas pero la tuve que vender cuando era un músico sin trabajo. La vendí en 300 dólares para comprarme una batería porque era el trabajo que conseguí. La tiene un coleccionista en Kentucky, el que me la compró, pero ahora me la quiere vender en 30.000 dólares. No lo va a conseguir.

—Es un momento triste cuando un músico debe vender su instrumento.

—Un momento feo. Fue durante la época de la música disco y no había mucho lugar para los músicos. Conseguí un trabajo en la cadena Holiday Inn pero no quise meter a la guitarra en una música que no me gustaba, así que empecé con la batería.

—¿Cómo ha visto los cambios de la guitarra en todo este tiempo?

—El alcance de la guitarra es infinito y espero ser la prueba viviente de eso. Hay tantos estilos y tantas posibilidades que es sólo encontrar el que te venga bien. Para mi eso lo encontré en la Parker Fly que me hace tocar mejor. Y es un ejemplo de cómo ha cambiado la tecnología. Igual aún puedo tocar en una Stratoscaster o una Gibson. Tengo muchas guitarras.

—Trabajó con algunos de los nombres más grandes del rock. ¿Qué encontraban en usted?

—Básicamente que puedo hacer cualquier cosa que me pidan que haga y me tengo confianza para aportar ideas. Y esperan lo que han visto que doy en los shows y en los discos. Los grandes artistas con los que he tocado me dejaron ser yo mismo. Eso es un gran cumplido viniendo de gente muy estricta y aplicada. De verdaderos genios.

—Y eso hace que en muchos de sus discos, su aporte sea fundamental...

—Espero que sí. Mi personalidad musical es siempre para arriba y me llevo bien con la gente, puedo ser gracioso por lo que soy un buen tipo para tener ahí. Y en algunos casos, he aportado mucho. Es por eso que me convocan.

—¿Cómo recuerda a David Bowie?

—Más que nada lo recuerdo a un nivel personal. Estar con él en un escenario era maravilloso: estar con una superestrella y un gran artista ante miles de personas. Pero lo recuerdo como la persona que era fuera del escenario, con el que cenaba, salíamos a caminar o íbamos a un museo. Era muy divertido, no se tomaba muy en serio a si mismo, era muy creativo y curioso. Siempre había mucho para hablar con él. Fue muy bueno conmigo, le gustaba lo que yo hacía y hasta podría decir que me miraba con cierto orgullo.

—¿Le pasó lo mismo con Brian Eno, Robert Fripp o David Byrne?

—No. Brian era un productor en un estudio y cuando uno graba un disco, la relación dura apenas unos días. La experiencia es diferente. Byrne es exactamente como te lo imaginás: raro, un poco callado y para dentro que no era entretenido como Bowie o Frank Zappa. Con Robert Fripp tenemos una vida juntos, así que no sé por donde empezar: es inexplicable. Hicimos una buena sociedad y una amistad y es una pena que no sigamos juntos porque él está en otros proyectos pero fueron 33 años juntos de muy buenas coasas. Es mucho tiempo en la música.

—Disculpe todas estas preguntas de rock-fan pero ¿podría decirme algo de Zappa?

—Mi mentor. Fue un gran shock para mi que venía de una banda de covers que no me daba mucho dinero y de repente estaba tocando su música que era supercomplicada. Ese fue un gran desafio. Él me ayudó mucho. Me enseñó música y sobre el estilo de vida de un músico y de las cosas que había que hacer. Era un montón de información pero él lo hacía todo con buen humor. Fue bueno conmigo.

—¿Cuénteme del show que veremos hoy?

—Es una combinación de mi carrera solista con algo del concepto de Flux, especialmente al comienzo y después derivará a piezas que la gente conoce de King Crimson y otras cosas. Va a ser una buena noche con mucha variedad musical. Y mucha fuerza.

Flux.

Es más que un álbum, un concepto y es lo que viene trabajando Belew ahora. Es una aplicación que permite mezclar la música sin ningún límite, creando cada vez una obra nueva. Son pequeñas canciones con combinaciones infinitas.

Love rhino.

Es de 1982 y es el primer disco solista de Belew quien, por entonces, estaba con Robert Fripp en King Crinsom y es una influencia. Hay una cosa rítmica que también lo emparente con Talking Heads o Laurie Anderson en el simple "Big Electric Cat".

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