CRÍTICA - CLÁSICA

Una gran velada que llegó de Noruega

El Centro Cultural de Música presentó como sexto concierto de la temporada a los Solistas de Trondheim con la conducción del maestro y primer violoncellista, Oyvind Gimse.

Iniciaron la velada con el Concierto en re mayor compuesto por Stravinsky en 1946 y estrenado el 27 de enero de 1847 en Basilea. En él Stravinsky vertió el pensamiento del siglo XX en una forma musical de XVII: el concerto grosso. Si bien la forma, el estilo contrapuntístico y el enfrentamiento de un pequeño grupo de la orquesta con otro mayor recuerdan a Bach y Händel, su denso material temático y su fuerza rítmica la acercan a nuestra época.

La versión de los Solistas de Trondheim fue inobjetable pero la aridez de la obra no despertó en el público el mismo entusiasmo que el Divertimento N° 3 de Mozart, en la que el conjunto noruego trasmitió con fervor la alegría contagiante y vivacidad del genio de Salzburgo. El punto más sublime del concierto fue el Movimiento lento para cuarteto de cuerdas de Anton Webern. Esta obra juvenil está impregnada por Mahler lo que hace que se diferencie de la mayoría de su producción donde predomina el atonalismo. La emotividad, la calidad en el fraseo y la riqueza de matices hicieron versión excepcional.

Para finalizar interpretaron Appollon musagète de Stravinsky, vertida con una veracidad de acentos, con una potencia lírica y con una precisión en ataque y cesura. En el programa no figuraba ningún compositor noruego pero, cuando los insistentes aplausos los obligaron a salir compensaron esa ausencia con dos pequeñas pero hermosísimas páginas pianísticas de Edward Grieg orquestadas: Smatrold op71 nº 3 y Gjendines Badnlat op.66 nº19. Una velada memorable.

Solistas de Trondheim.

Una presentación del Centro Cultural de Música. Dónde: Teatro Solís. Cuándo: 8 de setiembre.

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