30 aniversario

Graceland: salto al vacío con aire africano

El disco más importante de la trayectoria del músico cumple 30 años de su publicación.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Graceland llegó al primer puesto en las listas de ventas en 7 países distintos. Foto: Google

Un viaje, al menos uno importante, a menudo empieza con una desilusión o un problema. Irse no siempre es huir, pero muchas veces se lo percibe así.

Antes de irse a Sudáfrica, Paul Simon venía de dos experiencias que habían cortado la racha de éxito de público y crítica que, hasta entonces, siempre lo había acompañado: la primera fue la película One Trick Pony, que él había guionado, producido, compuesto la música y protagonizado. La película fue un fracaso, aunque el disco del mismo nombre le diera el hit "Late In The Evening".

La segunda fue el disco Hearts and Bones, de 1983. El álbum no le dio un solo hit y fue casi ignorado. "La gente estaba esperando un disco de Simon & Garfunkel, así que no lo recibió bien", dijo en 2013 para la revista Rolling Stone. Atravesado por un tono melancólico y de arrepentimiento, Hearts and Bones de todas formas contenía el germen de lo que sería su próximo proyecto, aunque esas cosas siempre se revelan en retrospectiva.

En la misma entrevista para Rolling Stone, Simon decía sobre "Think Too Much (b)", de ese disco: "Tiene ritmos que muestran mi incipiente interés por la música africana".


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Lo cierto es que Simon no estaba pasando por su mejor momento a mediados de la década de 1980. "Me estaba acostumbrando al hecho de no haber tenido un hit en bastante tiempo", dijo Simon a la revista Uncut.

Un cassette con música sudafricana que Simon escuchaba en esa época fue el disparador hacia nuevas direcciones. El cassette se llamaba Accordion Jive Hits vol. III, de los Boyoyo Boys. Simon lo escuchaba incesantemente. Con ese estímulo fue a ver al presidente de Warner entonces, Lenny Waronker. "Me puso el cassette y preguntó si Warner tenía a alguien en Sudáfrica que lo pudiera ayudar a llegar a estos músicos. Le dije que no necesitaba viajar, que podíamos hacer todo eso en Nueva York. Paul me miró extrañado y me dijo: No no no… Me voy a Sudáfrica.", dice el ejecutivo en el documental The story of Graceland.

El resultado de ese periplo fue el disco más importante en la trayectoria de Simon como solista. Graceland puso el mundo musical de Simon patas para arriba al cambiar su método de composición, y al incorporar a su vocabulario estilos que no solo resultaban novedosos para él, sino que contribuyeron a una fusión cultural que arrojó tanto loas como críticas (ver abajo)

Cambio.

Antes de Graceland, el proceso creativo de Paul Simon era el típico de un cantautor. Simon componía melodía y letra con su guitarra, llamaba luego a los músicos, les daba las instrucciones y esas directivas dictaban el camino a seguir en cuanto al ropaje (o los arreglos) del tema. Así quedaba pronto el track o sea el producto final, lo que llegaba a los que compraban el disco.

En Graceland fueron los arreglos —en particular los rítmicos— los fundamentos sobre los cuales se construían las canciones. Roy Halee, ingeniero de grabación, dice The Story of Graceland que Simon intervenía sobre los "tracks", intentando meter melodía y letra sobre lo ya grabado.

El cambio de enfoque le dio una notable vitalidad y frescura a las canciones de Simon. Lo que sonaba era muy distinto a lo que Simon había acostumbrado a su numerosa audiencia a lo largo de los años. Las nuevas canciones sonaban casi revoltosas de lo inquietas que eran.

Aún así seguían siendo "simonianas", algo que es particularmente palpable en las letras.

El caso de la canción que le da el título al álbum es paradigmático: los arreglos llevan todas las huellas de los músicos sudafricanos. La letra, en tanto, habla de otro viaje, pero uno que el personaje de la canción hace —como un peregrino— hacia la mansión de Elvis Presley en Memphis, con referencias a la Guerra de Secesión estadounidense y el delta del Mississippi. En el medio, una historia de corazones rotos: "Ella regresa para decirme que se fue / Como si no lo supiera / Como si no conociera mi propia cama" (…) Y ella dice que perder el amor es como tener una ventana en el corazón / Todos se dan cuenta que estás destruido / Todos ven el viento soplar".

En esa canción, y en buena parte del disco, el genio musical y el poeta coinciden, y no es casual que el propio Simon diga, en otro documental para el canal VH1, que la canción es lo mejor que ha hecho en su vida. Para alguien que ha compuesto temas como "Bridge Over Troubled Water", "Sound of Silence" o "Still Crazy After All These Years", la aseveración es temeraria. Pero es una afirmación acorde al salto al vacío que Simon dio cuando emprendió el viaje hacia los cielos africanos.

Cuando estuvo en el Estadio Centenario.

En 1992, seis años después de editar Graceland, Paul Simon llegó a Montevideo para un concierto en el Centenario. Fue el 5 de diciembre de ese año y Simon ya había editado el sucesor de Graceland: The Rhythm of the Saints, un álbum que muchos vieron inicialmente como la versión "brasileña" de Graceland porque Simon grabó algunas canciones con músicos de ese país, inclyendo a los bahianos de Olodum En Montevideo, Simon mezcló canciones de todas sus épócas. Arrancó con "The obvious child", de The Rhythm... y concluyó con "The Sound of Silence", de Simon & Garfunkel.

En la banda de Simon estaba el guitarrista de Graceland, Ray Phiri, además de sesionistas de alto nivel como Steve Gadd en batería y Michael Brecker en el saxo.

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