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El Gitano que hacía bailar y soñar

La columna dedicada a mostrar un canon personal de la música popular. Hoy: La magia de Sandro

Sandro de América
Sandro de América

Desde ese grito gutural con el que se lanza a ese “Tengo”, un “shake” lleno de onomatopeyas, está clarísimo que La magia de Sandro, el noveno disco del artista también conocido como Roberto Sánchez, estaba hecho para ser un clásico. Era 1968, Sandro era un ídolo indiscutido y un pionero del rock en español, al que le aportó movimientos espasmódicos y sensuales en canciones cantadas (¡Sacrílego!) en castellano.

Con arreglos y producción musical de Jorge Lópéz Ruiz (el responsable de su etapa más clásica), el disco se mueve por los territorios que consolidaron su estatura de estrella: hay pop rock, algún acceso folk y uno que otro shake pero es básicamente un disco de baladas. Sandro había dejado atrás las pasiones rockeras y se consolidaba como un artista crossover.

Y tiene como para defendese. Acá están “Me amas y me dejas”, “Así” (“como una rosa ‘desiecha’ por el viento”, canta y enamora muchachas), “Penumbras” y “Por tu amor”, todas compuestas en sociedad con Oscar Anderlé.

Hay algunas cosas rarísimas como “Yuma Joe”, un un country folk más cercano a Pecos Bill que a Johnny Cash. O “La juventud se va”, una advertencia cantada en ritmo de valsecito. Los arreglos son bien de la época, lo que le da al disco un tono simpático.

Sandro era puro histrionismo, siempre al borde del llanto o del desprecio más explícito. Dan ganas de llorar con él.

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