Música y poesía

Garo Arakelian vuelve al ruedo: "Considero una militancia el defender el lenguaje"

El cantautor vuelve a tocar como solista tras dos años, y charla sobre el lenguaje, la canción y sus intereses

Garo Arakelian. Foto: Darwin Borrelli
Garo Arakelian. Foto: Darwin Borrelli

Lo de la ausencia es relativo: hasta el verano de 2018 hizo shows con La Trampa, y no ha parado de hacerlos con su otro grupo, El Astillero, un trío con el que está de gira nacional. Pero como solista, Garo Arakelian no toca hace dos años, un poco por estos emprendimientos musicales y sus devenires inesperados —La Trampa volvió por todo lo alto y terminó disolviéndose; El Astillero arrancó sin pretensiones y se volvió un suceso—y más que nada por una suma de asuntos personales.

Ahora está motivado para el regreso, que comienza esta noche, en el primer Encuentro Fortuito de Poemas y Melodías en Canciones, que organiza Santiago Tavella. Del evento participan Maine Hermo, Diego Presa y Otro Tavella y los Embajadores del Buen Gusto; es hoy a las 21.00 en el Auditorio Vaz Ferreira, y las entradas están en Tickantel a $450.

“Tengo acumuladas visiones que yo considero ciertas del presente, y creo que estoy viendo un disco ya”, adelanta Arakelian a El País. Pero esta vez quiere ir terminando esas canciones mientras retoma la rutina del vivo, y foguea los temas en público. Para eso se alió con el guitarrista Santiago Peralta (de Eté & Los Problems), que lo acompañará hoy.

La charla con Arakelian se fue por la cuestión de género aplicada al lenguaje, a partir de algunas inquietudes personales que volcó a la música y que tienen que ver, sobre todo, con cómo la música popular está dialogando con el presente. "Tiene que haber una transformación que tiene que ver con cómo nos comprendemos y nombramos. Las palabras son importantes", dice Arakelian, "y en este momento, la canción popular —y la canción popular incluye al rock— está totalmente de espaldas a la realidad que está cambiando con una gráfica así, a 45°, en cosas que no podés recuperar. Y de espaldas: ciego y de espaldas".

—Cuando te ponés a componer, ¿tenés todo esto en la cabeza?

—Sí, pero no es lo único que me motiva. Porque a mí lo que me gusta es ver cómo todo esto afecta a una probable escena, a una pareja hablando en la cocina. O sea, de las mismas cosas que hablo yo, ¿cómo hablaría otro? No sé, modelos productivos: depender de las únicas opciones que tenés, condenar los modelos que acorralan… Nunca es la gente.

—¿Cuántas canciones malas desechás en el proceso, o qué te dice que una canción es mala?

—Es que no me pongo a trabajar en una canción si no estoy convencido de lo que está diciendo. Escribo bastante poco, no estoy escribiendo. Ahora, tengo un conjunto de ideas que están alrededor de un núcleo. No es un disco conceptual, como para mí tampoco lo es Un mundo sin gloria, o Caída libre, o Cruzar la noche. Pero son discos que tienen un centro gravitacional alrededor del que giran las emociones, o una forma de ver. Y ahora estoy obsesionado con el temple, con no ser una herramienta a merced de los intereses de un sistema que nunca va a hacer nada para hacerte libre. Y en el amor, en las pequeñas escenas de la vida y en lo que hacés por los demás, está la forma de ennoblecerte y generar, quizás, un futuro, a partir de ese rojo vivo de la herrería, mucho mejor. No estar de espaldas al rojo vivo: sentir que es reinjusto que haya violencia, desigualdad, muerte, pero que sea una forma para tomar decisiones correctas. No desde la locura, de buscar un tercero para demonizar y que esa sea tu salida, porque lo único que vas a lograr es un mundo Bolsonaro. Esa imagen me tiene fascinado.

—En canciones como “Camiones” o “Campo abierto”, de Cruzar la noche, eso está medio presente.

—Es que hay muchas formas de entender el rock, que hoy en día también es una construcción. Para mí, divertirte es importantísimo, pero yo creo que el rock no puede ser entretenimiento. Bailar no es entretenimiento, es una cosa que tiene un rango jerárquico mucho más alto, un lugar caliente donde se generan vínculos humanos. Pero el entretenimiento es otra cosa, vos sos pasivo generalmente. Y vos tenés que estar en un presente. Si no estás mirando el hoy, para mí no estás viendo el presente.

"Divertirte es importantísimo, pero yo creo que el rock no puede ser entretenimiento"

Garo ArakelianMúsico

—Este encuentro en la Vaz Ferreira tiene a la poesía como protagonista. ¿Creés en la poesía como forma de militancia?

—Es que yo nunca me vinculé con la poesía.

—Pero escribir canciones es poesía...

—Bueno, me han convencido de alguna forma de eso; me cuesta, porque yo leo mis letras y no las considero poesía. Yo considero una militancia el defender el lenguaje. El lenguaje está totalmente precarizado. Hoy se habla mucho como los mensajes que se mandan por WhatsApp, la gente anda en 300 palabras, y en los últimos cinco años, el vocabulario de la canción popular rioplatense se basa en esas 300 palabras. Y ahí no hay riqueza, no hay belleza, hay un solo renglón de lectura, y eso es la eliminación del mundo de la poesía. Hay mucha gente que tiene miedo de no ser comprendida o mal comprendida. Entonces sí, para mí es una forma de militancia.

—Cuando te enfrentabas a miles de personas cantando “Las décimas”, de La Trampa, ¿lo vivías como un logro?

—Sí, totalmente. Es más. Laberinto es de 2004, y si vos agarrás un diario de 2004, no existía el término “género” en la discusión diaria. Bueno, yo en el aniversario de Lorca agarro “El poeta dice la verdad”, que es de un grupo de sonetos editados póstumos, y son básicamente los que guardó porque eran poesía homoerótica. Y en el Uruguay de 2004, eso era “poesía de puto”. Y La Trampa hizo una versión, y teníamos dos voces al final, y me acuerdo de una discusión con Alejandro (Spuntone) porque yo quería que hubiera dos voces. ¡Porque era un diálogo entre dos hombres! Yo no quería que fuera una canción de amor universal. Y eso lo veo como un logro, y con un orgullo… Y “Las décimas” también: quizás sea lo mejor que escribí, y es como una declaración de principios éticos.

—¿Estás orgulloso de La Trampa en general?

—Claro, por supuesto.

—¿Y El Astillero qué lugar personal te ocupa hoy? Están haciendo una gira nacional que también tiene algo de militancia, de llevar estas canciones a tantos rincones.

—Totalmente. Es el proyecto más importante que tengo en este momento, y creo que estamos aprendiendo de la forma más impredecible que se puede hacer, que es haciendo. La gira la podríamos haber arrancado en el Solís, por ejemplo. Pero comprender quién sos, viniendo de lugares donde de repente van 40 personas, y vos sos la acumulación de varias formas de entenderte a vos y redimirte, a mí me gusta mucho. La arrogancia, en el sentido cultural, de decir: yo soy esto, pero construyéndote a medida que pasás tus propias penurias, tus éxitos y fracasos, la certeza de que eso no importa. O si eso hace que tu proyecto se desmadre porque lo colectivo no se banca la frustración, o al revés, por cómo puede afectar el logro y el éxito a lo colectivo. Y lo que estamos viviendo es alucinante. Yo, varón, uruguayo, de 53 años, siento que estoy viviendo una segunda adolescencia en el sentido de que me estoy formando de nuevo. Entonces, volver a Montevideo (para el cierre de la gira, el 7 de noviembre), para decir quiénes somos pero porque lo definió esta gira, nos parece de una sensatez…

—Más allá del espacio físico, que después de haber sido parte de una banda grande te hayas largado como solista, a arrancar de cero, con una voz nueva, tiene que ver con eso.

—Totalmente. Hay un momento, que con mi hijo lo estoy viviendo —tiene cuatro años—, que a veces viene y me dice: “Me pegó de nuevo”. Tenemos miedo de que nos lastimen. Entonces hay un momento de la vida que vos tenés que aprender a defenderte, saber dónde poner lo que te afecta, en qué lugar. Igual a mí me gusta la reacción, pero depende con quién; la gloria siempre es contra algo importante. Y no hay nada más valioso que ver tu propia imagen en el espejo, a vos como contrincante. Entonces, volviendo a lo de mi hijo: ¿vas a pelear contra el bolso porque vos sos manya, contra el de derecha porque sos el de izquierda? ¿O vas a buscar cambios profundos? Entonces, en una matriz nueva, tiene que ver con qué es lo que te va a afectar, contra qué te vas a defender y qué vas a usar para defenderte. Pah, está todo ahí. Y el Garo solista era eso: la mejor de las oportunidades.

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