MÚSICA

Desde Gardel a Quilapayún, Raúl Castro habla sobre los discos que lo marcaron

En charla con El País, Raúl Castro cuenta anécdotas sobre cinco de los discos que más influyeron en su vida

Raúl Castro habla sobre cinco discos importantes. Foto: Leonardo Mainé.
Raúl Castro habla sobre cinco discos importantes. Foto: Leonardo Mainé.

Después de leer las 400 páginas de Tintabrava, uno se queda con la sensación de que conoce en profundidad a Raúl Castro. Es más, siente que se trata de un amigo íntimo, aunque tal vez lo más cerca que haya estado de “Tintabrava” fue en la platea del tablado. Sin embargo, su manera de relatar los detalles de una vida dedicada al carnaval, el fútbol, el basquetbol y la música, genera una transparencia que le hace sentir que lo conoce desde siempre. Para esta entrevista, elegimos cinco discos que lo marcaron para que nos cuente las historias detrás de cada uno.

—A lo largo de los capítulos de Tintabrava hablás sobre algunos de los discos que marcaron tu vida. Para la entrevista traje algunos de los que nombraste para ir recordando esos momentos. El primero es Gardel para coleccionistas volumen 4...

—Pah, loco. Me dejás de boca abierta, no veía este disco desde hace años. Cuando llegó a mi casa, yo tenía 14 años y me acuerdo de que Gardel me mató. Mi madre me decía siempre que en las letras de los tangos estaba la vida, y ahí me di cuenta de que la vida estaba llena de emociones. Me partió la cabeza con su poética y con su voz; con este disco se me abrieron las puertas del suburbio. En casa teníamos un tocadiscos donde poníamos de a tres discos y cuando llegaba al mediodía a casa tenía dos horas, me tiraba en el sillón del living y disfrutaba del disco. Para mí fue como escuchar  Pink Floyd: descubrí un mundo nuevo.

—¿Sentís que hay puntos en común entre la murga y el tango?

—Totalmente. La poesía del tango es la poesía de la murga, a la vez que es algo de la poesía del rock and roll. Para mí, la poesía del rock es heredada del tango y es la poesía de la juventud, de las primeras emociones. En ese momento sentís que tenés que plasmarlo en una cosa popular para que todo el mundo se entere qué es.

"Qué vachaché" - Carlos Gardel
"Qué vachaché" - Carlos Gardel

—Otro de los discos que nombrás en el libro es Para abrir la noche, de Rumbo. En abril de 1980 te bajaste de un 7E7 y de casualidad escuchaste al grupo cantando "A redoblar" en el Platense Patín Club. Esa fue la canción que te dio las ganas de crear una murga.

— (Mira el sobre interno del vinilo) Acá esta un hermano mío: Miguel López. Trabaja hace 30 años en mi agencia de publicidad, este tipo que es un bolso empedernido y es mi hermano.Este disco fue fundamental en la primera Falta y Resto. Imaginate que empezamos la actuación de ese año  cantando: "Para abrir la noche, grietas de garganta"; la letra original decía: "Para abrir la noche, cerrada de adentro". La última frase del repertorio era: "Porque el corazón no quiere entonar más retiradas". La primera vez que escuché el disco dije: "Tengo que hacer una murga". Los fui a buscar a los de Rumbo pero no podían porque estaban con tocando todo el tiempo. Lo mismo con el "Choncho" Lazaroff, que estaba con Los Que Iban Cantando, así que armamos la Falta.

Para abrir la noche es un disco increíble, en especial la canción "Papel picado". Es que las letras de Mauricio Ubal son excelentes.

—Las letras de Ubal nos enamoran hasta el día de hoy. Todas tienen una magia muy especial.

"A redoblar" - Rumbo
"A redoblar" - Rumbo

—¿Cómo fue ese primer carnaval con Falta y Resto?

—Para mí fue el momento en que me terminé de enamorar para siempre del carnaval. Me quedaron momentos imborrables. Cuando era chico veía a los murguistas bajar del camión y  los envidiaba; pensaba: "Qué divino debe ser tocar en diferentes lugares de Montevideo con tus amigos, con la gente acompañándote y haciéndolos reír". También pensaba en lo divertido que  debían ser en los camiones. No solo no me desengañé, sino que fue mil veces más divertido y más profundo de lo que me imaginaba. Creí que iba a ser un berretín de carnaval y terminó siendo mi vida. Ese primer año salimos en camión e iba con las patas para abajo tocando el bombo. Otras veces me sentaba acompañando y saludando. Es una cosa muy romántica y había muchísimos más tablados. En el 84 llegamos a hacer 17 tablados. Era la salida de la dictadura, la murga decía lo que la gente no podía escuchar en otro lado porque no había sindicato, no había libertad de prensa y la murga ridiculizaba el poder.

—Otro de los discos que mencionás en el libro es Santa María de Iquique, la cantata del grupo chileno Quilapayún. A principios de los setenta, ibas por los comités del Frente Amplio interpretando el disco completo junto al grupo Patria Libre ¿Cómo recordás esa época?

—Éramos unos atrevidos bárbaros.  El Choncho era como Maradona con el limón: te agarra cualquier cosa y la destroza. Es un genio. Era muy fuerte su carácter para lograr que cada uno de nosotros nos animemos a hacer lo nuestro. Nosotros queríamos cantar en el comité del Frente, que recién  estaban empezando. Se nos ocurrió hacer Santa María del Iquique, que es una historia muy triste de un salar del norte de Chile, y que representaba muy bien lo que vivía América Latina en ese momento.

—Cada vez que cantabas la canción final terminabas llorando. ¿Qué te provocaba la letra?

—Es que soy muy emotivo. Una amiga cordobesa dice que tengo el don de la lágrima porque lloro fácil. A veces me da un poco vergüenza porque soy un hombre grande, pero me llega.

—¿Cómo era la frase final?

— (Canta) "Unámonos como hermanos, nadie nos vencerá si quieren esclavizarnos jamás lo podrán lograr. La tierra será de todos, también será nuestro el paaan". Cuatro compases. Íbamos por los comités cantando y dejando canciones. Era muy fuerte.

Raúl Castro con una copia de "Santa María de Iquique". Foto: Leonardo Mainé.
Raúl Castro con una copia de "Santa María de Iquique". Foto: Leonardo Mainé.

—Este disco me lleva a la historia de cuando conociste a Lazaroff en el Club Solymar. Le prestaste tu bicicleta y parecía que no te la iba a devolver más.

—Sí, el tipo me pidió la bicicleta de mi hermana y se fue. Llegaba la noche y no llegaba más. Cuando apareció casi nos agarrábamos a las píñas, pero después nos hicimos amigos para siempre. Fue muy loco porque teníamos una atracción como de hermanos y él me respetaba mucho; Nunca me corrigió una letra, ni una coma. Siempre respetaba... ahora si le decías que un tono no era, te caía con todo (Risas).

—Pasamos a La patria, compañero, de Héctor Numa Moraes. En un capítulo de Tintabrava relatás que la policía te dijo que por ese disco te hicieron un atentado en tu casa. ¿Cómo fue la historia?

—Este disco, para la policía del momento, fue el causante de que me pusieran una bomba en mi casa. En realidad tenían razón porque este disco es del 1971, una época jodida. Me acuerdo que cuando vino la policía encontraron La patria, compañero entre mis discos y le dijeron a mi madre: "Acá tiene el porqué de la bomba, señora". Yo les respondí que lo tenía porque era el disco que estaba de moda y mi viejo se la jugó y dijo que era de él. Mirá si iba a ser de mi viejo, justo él que era batllista, y estaba en contra del Frente (risas). Qué grande mi viejo, era capaz de ir en cana por el hijo.

"La patria, compañero" - Héctor Numa Moraes
"La patria, compañero" - Héctor Numa Moraes

—Y ahora el último, Cuando juega Uruguay, de Jaime Roos, que incluye "Cuando juega Uruguay", "La hermana de la Coneja", "Las luces del Estadio" y "Que el letrista no se olvide". Todas letras tuyas o que fueron coescritas con Jaime.

—Pah, este pesa 200 mil kilos. Mirá lo que es esto: "Cuando juega Uruguay", "La hermana de la coneja", "El tambor", "Piropo", "Colombina". Es el Álbum blanco de Los Beatles. Qué grande el Jaime, ¡bo!

—¿Cómo es trabajar con él?

—Es como cuando al barrio cae un botija que juega bien al fútbol... es una papa (Risas). Cuando uno juega bien al fútbol es una papa, se la das y te la devuelven con la jugada armada. 

"Cuando juega Uruguay" - Jaime Roos
"Cuando juega Uruguay" - Jaime Roos
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