OBITUARIO

Un fueye que juntó las dos orillas del Plata

Falleció el bandoneonista argentino Raúl Garello a los 80 años de edad.

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Garello en 2011, cuando fue entrevistado por El País. Foto: archivo El País

Vine a tocar a Montevideo en 1954: la primera vez no había relaciones, porque era la época de Perón. Una época bastante jodida. Recuerdo que era menor, si hará años, y enrolado: así que me tuvo que autorizar papá. Amo realmente Montevideo", contó en 2011 a El País Raúl Garello, eximio bandoneonista argentino, fallecido y velado ayer en Buenos Aires, a los 80 años de edad.

Nacido en Chacabuco, provincia de Buenos Aires, en 1936, tuvo una notable carrera también como director, compositor y arreglador, habiendo integrado la orquesta de Aníbal Troilo, músico que marcó su estilo. Artista de exquisito talento, con el fueye acompañó a los cantantes de mayor prestigio, como Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche, Roberto Rufino, Floreal Ruiz, Susana Rinaldi, Eladia Blázquez, Rubén Juárez.

"El que marcó una referencia en el bandoneón fue Aníbal Pichuco: yo toco, soy arreglador y compositor, y escribí para la orquesta de él. Yo participo mucho de su idea y de su estética: Troilo fue alguien que amaba la economía musical, que amaba los silencios que hay entre nota y nota. Creo que fue una suerte de Miles Davis del tango. Era alguien que tenía el sentido de la oportunidad, cuándo hacer esto o aquello. Y sabía callarse si acompañaba a alguien", contó en aquella oportunidad el músico argentino, un artista cuya sencillez al hablar de sí mismo no reflejaba el virtuosismo que el bandoneón cobraba en sus manos.

No fue casual que tantos cantantes de primera línea optaron por tenerlo a su lado. "Hay que saber oír. Junto a un cantante, se agranda el bandoneón cuanto menos toca, y cuando se cuela en los huecos que deja el cantor, y lo acompaña", explicaba entonces Garello, que creó numerosas obras cantables, entre las que pueden destacarse Dice una guitarra, con un gran registro de Carlos Casado con la orquesta de Osvaldo Piro, Llevo tu misterio, grabado por Roberto Rufino y Buenos Aires conoce, que fue grabado por Floreal Ruiz, con los versos de su hermano Rubén Garello. De su autoría son además Hace 200 tangos, con letra de Federico Silva y Tiempo de tranvías.

"Con Eladia Blázquez tuve el honor de estrenar una serie de cosas, como Sueño de barrilete, o Corazón al sur: ella era muy puntillosa con la armonía, los músicos saben lo que yo quiero decir con eso. Me decía, por favor no me cambies la armonía original. Porque ella escribía la melodía, pero escribía también la armonía, que era intocable. Eso me quedó de ella, porque era un plus de sus recomendaciones ante de que escribieran los arreglos. Era un encargue: protegeme la armonía", recordó en músico en 2011.

Otra de sus compañeras de ruta fue Susana Rinaldi. "Con la Tana grabé dos temas. Era más una intérprete, que le venía bien a su condición de actriz. Tenía un decir en las letras, un poco más que las demás cantantes, por esa condición de actriz. Por eso el bandoneonista tiene que saber oír, y tener sentido de la oportunidad, cuando va a hablar musicalmente. El bandoneonista no tiene que hablar tanto y saber oír".

También las mayores voces masculinas del tango contaron con su sabiduría, como Roberto Goyeneche. "El Polaco, según lo interpreto yo, necesitaba tener una presencia de ritmo, porque el jugaba su fraseo, como si fuera un jugador de pelota paleta, de frontón", había comentado el bandoneonista a El País.

Como tantos de los grandes del tango, Garello transitó por diversas geografías, llevando al dos por cuatro a otras culturas. Entre las giras que realizó, destacan las que protagonizó junto a la Orquesta Sinfónica de Toulouse, el bailarín Jorge Donn y el Ballet de Maurice Béjart por Suiza y Francia. "Béjart era alquilen que no se privaba de nada, que podía mezclar a Arolas con Debussy, o Canaro con Bach. Y le estoy nombrando el caracol y la luna", comentó Garello en aquella ocasión.

Cinco años atrás, cuando El País conversó con Garello, el músico reconocía que muchos de los históricos escenarios del tango estaban desapareciendo del mapa. "Yo conocí y toqué en El Viejo Almacén cuando los menos eran los turistas. Cuando los clientes eran los propios argentinos, gente de acá. Cuando se empieza a transformar en un lugar para turistas (que no es nada menos, pero sí muy distinto), yo dejé de ir, porque tenía muchas ocupaciones. Pero era otra cosa: es distinto tener un público, que a lo mejor viene por una excentricidad".

"Yo digo Buenos Aires y digo Montevideo: para mí, es una ciudad que empieza allá y termina acá", comentaba el gran bandoneonista a El País.

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