Entrevista

Franny Glass: "Siempre hay un momento en el que te preguntás si valió la pena todo esto"

Gonzalo Deniz presenta Desastres naturales, el último disco de su proyecto musical

Franny Glass
Franny Glass. Foto: Fernando Ponzetto

En una casa en la que conviven los libros de rock de una biblioteca ordenada, con los juguetes de niños desperdigados por el piso, Gonzalo Deniz habla de su último disco de estudio, el que presentará este viernes a las 21.00 en La Trastienda, en un show que abre Monkelis y para el que quedan entradas a la venta en Red UTS. Deniz, que es el cerebro de esta entidad musical llamada Franny Glass, recibirá en la sala de Fernández Crespo a los invitados de su disco, y tocará por primera vez en formato banda algunas de las canciones de su flamante Desastres naturales. “No viene Wagner Moura”, dice sobre el actor brasileño que grabó un tema para el álbum, “pero igual hacemos su canción”.

—¿Cómo estás transitando el camino de este disco, Desastres naturales?

—Como fue un proceso de grabación de poco tiempo, a la hora de salida del disco, para mí seguía estando muy fresco. Si bien tuvo un proceso largo de pensarlo, en el momento en que pusimos manos a la obra, ya estábamos cerca de la fecha de grabar. Entonces si bien no escucho mucho los discos después de que salen, las pocas veces que lo he escuchado, todavía tiene cierto disfrute para mí. En cuanto a la presentación de la banda en vivo, seguimos mostrando ese repertorio que sigue creciendo, pero hay temas que se terminaron de armar en el estudio, entonces ahora vamos a “aprender” a tocarlos en vivo.

—¿Y cómo has sentido la percepción del afuera?

—Creo que los discos tienen una vida impredecible, y uno con toda la ansiedad que tiene, espera respuestas inmediatas. Uno trabaja mucho en un disco, y de repente te encontrás con alguien a quien sabés que le gusta tu música, seis meses después de que salió el disco, y te dice: “¿Ah, vos habías sacado un disco?”, porque tampoco está tan pendiente. Pero por otro lado, el año pasado salieron un montón de discos uruguayos interesantes, y he notado que se le ha prestado atención a mi disco, que muchos no tuvieron tanta atención. Y me pone contento.

—Para el proceso de trabajo que lleva un disco, ¿es ingrato tener que esperar tanto tiempo por una respuesta?

—Yo creo que para el trabajo que lleva un disco, y el presupuesto, en comparación con la manera de escuchar música hoy en día, de alguna manera son incompatibles. Si bien los discos son para siempre y se conectan mucho con algunas personas, por más que te vaya bien… No sé, es como hacer cine en Uruguay: con la cantidad de gente que vive acá, no alcanza el público para que una película sea redituable. Siempre pasa; uno está en el universo de un disco, es la cosa más importante de la vida de alguien, y cuando sale, quizás cada vez más, se escucha la música de manera más superficial. Cada vez es más difícil solo escuchar música; en la computadora, uno escucha música y parece que tiene que mirar algo. Ya no es una experiencia auditiva. Entonces siempre hay un momento en el que te preguntás si valió la pena todo esto (se ríe). Y la respuesta es que sí, pero la pregunta siempre está.

—¿“Tremendo estruendo” es la canción menos Franny Glass del disco?

—Puede ser que sí, sobre todo por la producción sonora que tiene. Es una canción que fue creciendo con la banda; yo la tocaba solo con la guitarra, y tenía solo las estrofas. Era estrofa, estrofa, estrofa. Y cuando la empezamos a tocar con la banda, empezó a ganar texturas, capas, y la hicimos cada vez más grande. Y si bien sentí que la premisa del disco era no tener muchos estribillos, sino más bien repeticiones, quise armarle una segunda parte. Ese fue un ejemplo de llevar la canción a la banda, y que vaya cambiando no sólo en el sonido, sino en agregarle partes.

—El arranque del disco con “Mañana sin memoria”, tiene algo muy Drexler, un cantautor que ha incorporado la electrónica a su propuesta.

—Con Drexler la comparación podría venir más por el lado de cantautor; pero es verdad que en discos como Eco o Sea estaba esa cosa de guitarra y voz, con cierto aire de música uruguaya, y se le agregaban elementos de música electrónica. Pero nunca pensé que podía haber una comparación, porque en este disco quería escaparle un poco a la canción en sí, quería hacer canciones que fueran como partes de canciones. Y Jorge Drexler es muy estribillero. Y si bien me interesa cierta búsqueda de belleza más convencional, en este disco quería cierta austeridad y por momentos, fealdad, para lograr expresividad.

—¿La fealdad la buscaste rompiendo las estructuras?

—Sí, no sé si fealdad. Es un disco que se puede reescuchar; yo hablo dentro de un rango que me manejo. Pero en el disco anterior quería que las canciones giraran en torno a un estribillo; y en este, había canciones que tenían estribillos y se los saqué, o “Mañana sin memoria” está cantada de una manera más monótona. Si bien sonoramente hay un crecimiento, porque teníamos más recursos a mano, por tener a una banda formada por personas que tocan más de un instrumento. Entonces escuchás el disco, y parece que somos más que cinco.

—¿Algo de todo lo que buscaste en este disco tuvo que ver con El Astillero, una formación acústica que integrás, de tres de guitarras y voces?

—Sin dudas, porque originalmente la idea era grabar este disco de manera más acústica, con Matías (González Marichal); habíamos ensayado parte del repertorio a dos guitarras y dos voces. Y en el medio sucedió lo de El Astillero, que es otra dinámica e implica otra energía, pero en la grabación buscábamos eso, que lo que sonara en el disco fuera lo que suena cuando nos vas a ver en vivo. Entonces no quise repetir eso, porque me hubiese resultado aburrido, y cambié la idea de ir a algo que estuviese al alcance de la mano, y pensé en algo que fuera más difícil, pero que me daba ganas de hacer.

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