ENTREVISTA

Foo Fighters a El País: "Sin duda, son tiempos raros para el rock and roll"

La banda lanzó su décimo disco, "Medicine at Midnight", y su guitarrista Chris Shiflett conversó con El País

Foo Fighters. Foto: Difusión
De izq. a der.: Pat Smear, Nate Mendel, Chris Shiflett, Taylor Hawkins, Dave Grohl y Rami Jafee, o sea, Foo Fighters. Foto: Difusión

Sentado en la cocina de su casa en Los Ángeles, California, Chris Shiflett dice que lo mejor de estar en Foo Fighters es compartir los viajes por el mundo con sus hijos. O quizás poder grabar en estudios de primera línea. En verdad, lo primero que contesta son los shows, esos grandes conciertos ante multitudes con sus compañeros de carretera hace más de 20 años.

“Es imposible elegir una sola cosa”, afirma al rato el guitarrista (en la foto, de remera y lentes). “Realmente, lo mejor es todo”.

Sin la posibilidad de girar por el planeta, una de las principales bandas de rock de la actualidad ha tenido que encontrar nuevas maneras de promocionar su disco, Medicine at Midnight, editado el 5 de febrero. Hicieron transmisiones en vivo, grabaron versiones, estuvieron en programas de televisión y generaron “millones de llamadas por Zoom y telefónicas como esta”, explica Shiflett que, aunque extraña la vieja rutina post-lanzamiento —viajes, shows y demás— cree que, dadas las circunstancias, han hecho un gran trabajo.

Y tiene razón. Más allá de que el décimo disco de estudio de la banda tuvo un destaque importante en las plataformas digitales de música, en lo que va de febrero han conseguido una omnipresencia mediática a la medida de su estatus. Dave Grohl y compañía estuvieron en las marquesinas de las principales avenidas norteamericanas, hicieron su propia radio para Apple Music, acapararon tapas de revistas y así.

En el medio, además, fueron nominados por primera vez para ingresar al Salón de la Fama del Rock and Roll.

“Ha sido una semana asombrosa, bastante alucinante”, dice Shiflett sobre dos acontecimientos —la candidatura y el estreno de un disco demorado por la pandemia— que se dieron casi en simultáneo. “Y no sé si lo lograremos este año, pero te puedo decir que solo la nominación seguro que ya hizo feliz a mi madre, así que es todo lo que importa”.

el proceso

"Medicine at Midnight"

Buena parte de la crítica se ha rendido ante el nuevo disco de Foo Fighters, y no faltan los que opinan que Medicine at Midnight es lo mejor que la banda ha hecho hasta ahora. La diferencia con lo anterior, en particular con el bien rockero Concrete and Gold de 2017, tiene que ver con el riesgo tomado que hace que aparezcan colores diferentes, aunque la esencia esté intacta.

La referencia para este trabajo, han dicho los músicos, fue la canción “Let’s Dance” de David Bowie y es fácil encontrar trazos de la vibra Rolling Stones en canciones como “Cloudspotter” o la bellísima “Medicine at Midnight” que, por las dudas, no refiere a nada vinculado a la pandemia sino al whisky antes de dormir.

Están, claro, los clásicos temas Foo Fighters como la acústica “Making a War” que se acelera y se enchufa para su tramo final, o la rabiosa “No Son of Mine”, pero hay diferencias y son evidentes. Hay más espacios y más acordes mayores que reflejan cierto optimismo y, combinados, hacen de este un álbum más “pop”.

“Una de las diferencias de este disco es que algunas canciones tienen loops de batería”, explica Shiflett. “Grabamos a Taylor (Hawkins) tocando y luego tomamos un par de compases de las pistas y así, que es algo que nunca habíamos hecho. Y eso hace una gran diferencia de energía si pensás en la batería como la base de la canción. Pero en cuanto al proceso en sí, es parecido al que hicimos en los últimos discos: tendemos a grabar una canción a la vez, y cada canción lleva alrededor de una semana”.

Es el método, dice, que vienen haciendo más o menos desde Wasting Light, el disco de 2011 que tiene temas como “These Days o Rope” y al que le encuentra algunos puntos de contacto con Medicine at Midnight, tanto en el desarrollo (ambos fueron grabados en casas, el primero en la de Dave Grohl y el último en una de Encino, Los Ángeles) como en relevancia.

Foo Fighters. Foto: Difusión
Foo Fighters. Foto: Difusión

Para Shiflett, que piensa que los mejores discos son aquellos que tienen un mejor cuerpo de temas, Wasting Light y Medicine at Midnight son lo más destacado que Foo Fighters ha hecho al menos desde que él llegó, en 1999.

“El nuevo tiene muy buenas canciones”, asegura. “Dave tenía un muy buen lote de canciones para empezar, la grabación fue divertida, realmente queríamos encarar de una y salió todo bien”.

Sin embargo, no está de acuerdo con la afirmación de que el último es, más allá de su espíritu global alegre, un disco político como reflejan canciones como “No Son of Mine” o “Making a War”. Dice no haber discutido la intención de las letras con Grohl, aunque admite que es imposible que un artista no se vea afectado por el entorno.

Foo Fighters, de hecho, participó en el evento inaugural de la asunción del presidente estadounidense Joe Biden, con una versión bien diferente de su clásico “Times Like These”, que el frontman le dedicó a los maestros.

“Sabes, lo de Trump y todo eso, estoy feliz de verlo irse, pero no entro en todo ese ruido”, dice Shiflett. “Trato de enfocarme en la política en sí, pero creo que la idea de que el trumpismo está derrotado está disfrazada. Seguimos siendo un país muy polarizado en lo político y lo social”.

afuera de foo fighters

Historia propia

“Honestamente, de algún modo se ha vuelto normal esto de salir todo el tiempo con una mascarilla. Yo me acostumbré en marzo”, comenta Chris Shiflett entre risas, “y a esta altura no me puedo imaginar no haciéndolo. Es raro lo rápido que la gente se adapta, pero me encanta estar en casa con mis hijos. Es bueno tener un descanso de la carretera, eso seguro. Pero es difícil imaginarse cómo va a ser el mundo pospandémico”.

Durante el último año, además de trabajar en el disco de Foo Fighters y de disfrutar a su familia, Shiflett le siguió dando vida a su álbum solista Hard Lessons, en el que despunta otro vicio musical, el country. ¿Pero cuál es su verdadera pasión musical?

“Yo creo que mi mayor pasión es la música”, dice después de algunos segundos, “y todo el mundo que conozco en el rock escucha cualquier tipo de música, igual que en el country. Seguramente no pueda elegir uno solo, aunque a decir verdad, ahora escucho mucho más country”.

Eso tiene que ver, también, con el podcast de country que desarrolla. Walking the Floor, en el que tiene conversaciones con diversas figuras, de Tommy Lee de Mötley Crüe al boxeador Manny Pacquiao.

“Me di cuenta que me encanta hacer entrevistas”, comenta. “Odio todo lo demás que implica el podcast: odio la edición, que es muy tediosa; odio tener que postear en redes sociales, todo eso, pero el hecho de sentarme a hablar con alguien de música es muy gratificante”. Su pasión, ya lo dijo, es la música, y hablar de ella es parte de la gracia.

Pero el guitarrista también es fanático del fútbol y, como tal, cuando se le pregunta por Uruguay sólo atina a nombrar a Luis Suárez y Edinson Cavani. “Creo que nunca tocamos por ahí, ¿no? Ojalá eso cambie la próxima vez”.

Sudamérica, dice, seguro estará en los próximos planes de la gira de una de las más grandes bandas de rock hoy en día. ¿Serlo es una resistencia en tiempos en los que sólo se habla de un rock muerto?

“Es gracioso, escuchamos eso todo el tiempo”, asegura. “Y no tengo una respuesta; no sé por qué no hay tantas bandas de rock en el mainstream, porque yo miro alrededor y está lleno de gente haciendo rock. Supongo que hay muchas razones diferentes por las que ya no es el sonido más popular, y muchas tienen que ver con el gusto del público, que evoluciona y cambia. Pero otras tienen que ver directamente con el negocio de la música, así que no sé. Es interesante, porque hay tanto hambre de rock clásico, y sin embargo las bandas que suenan así no se cuelan en el mainstream. No sé, son tiempos extraños. Sin duda, son tiempos raros para el rock and roll”.

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