ENTREVISTA

Florencia Núñez: "En los festivales falta un poco de sensibilidad para hacer grillas"

Mañana, Florencia Núñez se presentará en formato de piano y voz en Magnolio Sala; antes del show, habló con El País sobre la recepción de "Palabra clásica"

Florencia Núñez. Foto: Francisco Flores.
Florencia Núñez. Foto: Francisco Flores.

Florencia Núñez se reinventa. A dos años de haber publicado Palabra clásica, el disco que le dio el Premio Graffiti a mejor compositor —fue la primera mujer en recibirlo—, la rochense llegará mañana a Magnolio Sala para presentar esas canciones en otro formato: piano y voz. 

Acompañada de Santiago Miraglia, Núñez llevará a su repertorio —que incluye grandes canciones como "Pacto", "Bailo en la silla" y "Palabra clásica"— a un terreno más libre, donde aprovechará al máximo el rol de intérprete.

Pero el show, que comenzará a las 21.00, no se centrará únicamente en los temas de Palabra clásica. Por eso, Algo nuevo, algo viejo, algo prestado incluirá versiones de músicos rochenses y nuevas canciones, como "Buena suerte", que presentan una mirada a lo que se vendrá. Antes del recital (entradas a la venta por Tickantel), Núñez habló con El País.

—Ya pasaron dos años desde la publicación de Palabra clásica. ¿Qué te ha dejado el disco en este tiempo?

—Siento que Palabra clásica es un disco que todavía tiene mucho para dar. Eso es algo bueno, al menos desde mi punto de vista. Creo que es un disco que no me ha dado la presión de hacer otro, porque me puse en un lugar de tranquilidad; aunque eso no quiere decir que sea lo mejor que voy a hacer. Pero, para este momento, y para la edad que tengo, puedo mirarlo con orgullo. Esas canciones todavía me están generando cosas y es algo que le pasa también a los demás. El hecho de reversionarlo ahora al piano, abrir shows de otros músicos y tocar en otros países me hace ver que el disco sigue siendo actual.

—¿Eso te había pasado con Mesopotamia?

—No, con el primero sentía la necesidad de hacer otro que fuera más actual. A este lo siento actual y me siento cómoda. Voy descubriendo nuevas formas de interpretar las canciones, y que los demás se apropien de eso, que es algo que me ha pasado, es un valor increíble. Es como decir que las canciones van cobrando vida y hacen su propio camino. Además me di cuenta de que el pop me sentaba bien y, que los otros empatizaban con eso.

—Cuando publicaste Palabra clásica tenías un trabajo por fuera de la música. ¿Lo seguís manteniendo o estás dedicada solo a la música?

—Lo dejé hace ya un año y cuatro meses. Acá estoy, surfeo la ola de la independencia y lo llevo bien.

—¿En qué momento te decidiste a dejar tu trabajo?

—En junio del año pasado. Había sacado el disco hacía ocho meses y venía teniendo buena respuesta pero no me hacía ilusiones. Era una cuestión de constancia y no tenía el tiempo para dedicarle y salir con toda la artillería. Llegó un momento en que me cansé de hacer tantas cosas a la vez y decidí que donde podía crecer más era en la música. Vi una posibilidad y me lancé. Tengo la suerte de tener dónde vivir y creo que no me va a faltar nada, pero no me descanso en nada. Confío en que todo va a estar bien y en este año y medio he crecido bastante. No sé si todo hubiera sido igual si no tomaba la decisión.

—Ahora que estás dedicada totalmente a la música, ¿qué te sorprendió del ambiente? ¿Sentís que algunas cosas son más difíciles?

—He tenido suerte en la medida en que me recibe todo el mundo; no he tenido grandes conflictos. Después, como siempre, lo que está difícil es que realmente haya una apertura desde la gente que toma decisiones a nivel de grilla de festivales. Ese sigue siendo un ambiente muy cerrado, sobre todo en el interior. Todavía hay gente que no lo estima.

—¿En qué sentido?

—Me refiero a las mujeres en festivales. Siento que hay mucha repetición y poca curiosidad de parte de los curadores. No sé si hay una visión de apostar a músicos que están empezando porque no sé en qué piensan cuando eligen artistas; supongo que será hacer que un festival sea convocante. Después, cuando sale una carta de colectivo de mujeres, recién se dan cuenta. Hay que ser un poco más crítico con todo lo que uno ve, y decir las cosas porque sino siguen pasando. Muchas veces los lugares de decisión tienen una lectura despectiva con mujeres: “No las conoce nadie” y “Nunca convocan como los hombres”. Pero, evidentemente, no va a pasar si no nos dan el espacio. Es muy difícil que alguien quiera comprar algo que no ve. Además no va a haber referentes; pienso en niñas del interior que capaz no tienen una imagen femenina en un escenario que les muestre que pueden hacer rock o tocar el trombón. Y eso que ahora hay muchas mujeres haciendo música, ya no está esa excusa. Cuando se trabaja con fondos públicos y los shows son organizados por Intendencia, como Estado, tenés la responsabilidad de generar participación y oportunidad a todos por igual.

—¿La experiencia de Montevideo Rock del año pasado te ayudó?

—Sí, y además estuve en un horario muy central, antes de Titãs. Creo que hubo una curaduría muy buena. Las personas que definieron la grilla se basaron en criterios actuales. Creo que en los festivales falta un poco de sensibilidad actual para hacer grillas y se necesita estar más al tanto de lo que pasa. Ya no es lo mismo del curador de los ochenta y los noventa que iba sala a sala para descubrir músicos y ver qué pasa. Creo que falta mucho por hacer.

—El año pasado fuiste la primera mujer en ganar el Premio Graffiti en la categoría de mejor compositor. ¿Cómo lo tomaste?

—Eso fue como un antes y después. No me cambió en lo personal, pero sí cambia lo que el resto piensa de ti. Los premios te legitiman. Cuando vi la terna, pensé que no iba a ganar porque estaba Fernando Cabrera. Sí vi la nominación como una señal muy buena, porque en esa terna éramos dos mujeres (junto a Alfonsina). Eso me alegró porque fue una categoría masculina durante años. Cuando uno piensa en compositores, generalmente piensa en hombres y es una cosa que está como naturalizada. Está bueno poder abrir la cancha, pero yo no inventé la pólvora: antes de mí hubo mujeres como Estela Magnone, Rossana Taddei, Laura Canoura, Samantha Navarro, Ana Prada y Malena Muyala. Todas son mujeres componiendo y haciendo cosas muy diferentes de las que hago, pero dándome la seguridad de poder decir que sí se puede hacer música. Ver a alguien haciendo lo que a vos te gusta hacer es la mejor manera de darte cuenta de que sí es posible. Por eso es tan importante dar visibilidad a las mujeres.

—Mañana vas a presentar tus canciones en formato de piano y voz. ¿Cómo surgió el espectáculo?

—Tenía la inquietud de salir de la guitarra y caminar por el escenario. Como las posibilidades de banda son acotadas, con Santiago Miraglia, que me acompaña desde que empecé, tenía ganas de hacer una locura y le dije que quería cantar con piano y voz. Él me dijo que iba a llevar el repertorio para otro lado. Laura Canoura me dijo: “Aprovechá esto porque vas a poner a descansar a la compositora y vas a hacer trabajar a la intérprete”. Me pareció un resumen alucinante de lo que está pasando.

Pienso en los distintos formatos en que te has presentado últimamente, y me viene a la mente la necesidad de que el músico se reinvente constantemente para mantenerse en un mercado tan chico como el nuestro. 

—Sí, es que una gran parte de todo el laburo es reinventarte. Todo el tiempo estoy empezando de nuevo; tenés que acostumbrarte a ser todoterreno. Estamos en un mercado chico, donde tenemos la salida hacia afuera, que es en lo que más se está pensando. Pero creo que hay que mirar adentro. Al haber trazado mi carrera acá, en Rocha soy "la que se fue", entonces tocar en el interior es una forma de reconectarte allá. Tenemos otro formato electroacústico, que fue el que presentamos para los recitales de No Te Va Gustar, y con ese vamos a ir a Rocha en noviembre. Estoy todo el tiempo cambiando. 

—En "Pacto" cantás: "Pasan los cumpleaños / Las bodas, los entierros
 / Y sigo queriendo lo mismo que a los diecinueve". ¿Qué mantenés de aquella Florencia Núñez que estaba empezando?

—Las ganas. No me cansé todavía y eso hay que cuidarlo porque es un trabajo sacrificado. A veces, la gente piensa que los músicos estamos todo el día colgados de la rama de un árbol siendo creativos, pero estamos trabajando mucho para que al otro lado llegue la música. También creo que mantengo la constancia, que es algo que tengo desde que empecé. Vi a mucha gente muy buena cansarse o dejar de insistir. Yo veo esto como una vocación y cuando uno ama lo que hace es como un deber tener que insistir. 

—¿Qué esperás de la recepción del show de mañana?

—Espero que la gente vaya al show entregada. Me ha pasado con estas versiones al piano que la gente llega y se empieza a ablandar. Hay gente que me dice: “En tal canción me hiciste pensar en mi infancia”. Eso es alucinante. Estamos en un momento social y político muy tenso, entonces el show es como relajar un poco. Ahora miramos mucho el informativo y le prestamos atención a todo menos a la cultura. Espero que la gente vaya al show a pensar en otra cosa y decidir tomar un respiro durante la hora y media que dura el show.

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