ENTREVISTA

De Fito Páez a Jaime Roos: Nicolás Ibarburu recuerda historias de recitales y canciones

El guitarrista recuerda anécdotas de encuentros con Jaime Roos, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta y Mercedes Sosa

Nicolás Ibarburu. Foto: Leonardo Mainé
Nicolás Ibarburu. Foto: Leonardo Mainé

El currículum de Nicolás Ibarburu es como el de Rodolfo Orozco, uno de los ocho personajes de “Orozco”, la canción que León Gieco grabó a principios del 2000. “Tocó con todos”, cantaba el argentino en su canción. Nicolás Ibarburu también. En más de 25 años de carrera, el guitarrista participó en más de 100 discos y grabó con figuras como Luis Alberto Spinetta, Jaime Roos, Ruben Rada, Fito Páez, Hugo Fattoruso, Fernando Cabrera y Horacio Ferrer.

Uno de sus primeros maestros fue Jaime Roos, quien lo invitó a participar de su banda cuando tenía 19 años. Desde ese momento comenzó a construir un camino que lo llevaría a convertirse en uno de los mejores y más versátiles guitarristas de la música uruguaya. Su otra escuela fue Fito Páez, quien lo reclutó para que participara de la banda soporte que presentó en vivo los discos Abre (1999) y Rey Sol (2000), dos grandes trabajos del rosarino.

Además de haber acompañado a varios músicos en estos años, Ibarburu tiene una carrera solista que ya cuenta con dos discos, Anfibio —masterizado en el estudio de Luis Alberto Spinetta— y Casa rodante. Esta noche llega a la sala Hugo Balzo para presentar canciones de estos dos trabajos en un formato de cuarteto (junto a su hermano Martín, Manuel Contrera y Fernando Vera). Las entradas para el show cuestan 500 pesos y se consiguen a través de Tickantel.

Antes del show, Ibraburu charló con El País sobre la experiencia de haber compartido escenario con Charly García, Fito Páez y Gustavo Cerati; haber grabado con Mercedes Sosa y haber tomado mate con Spinetta.

—Se cumplen 20 años del encuentro entre Fito Páez, Charly García y Gustavo Cerati en el Gran Rex. Vos formabas parte de la banda de Fito en ese momento. ¿Cómo fue esa noche?

—Yo no lo podía creer. Era un show de Fito para presentar el disco Abre y había invitado a Cerati, lo que ya era un acontecimiento. Habíamos ensayado “Puente”, que es uno de los temas más lindos de la historia. Gustavo estaba en la prueba de sonido y de sorpresa, cayó Charly, que dos por tres caía a los shows. No había problema porque Fito le decía que era invitado vitalicio. Cuando vio llegar a Charly, Cerati se quedó a tocar “Cerca de la revolución”. Estábamos todos con una euforia, eran tres tigres de bengala. Fue todo inesperado.

—Estuviste en la banda de Fito durante unos años. ¿Cómo fue la experiencia?

—Fue increíble. Yo estaba en Holanda cuando él me llamó. No lo podía creer. De hecho, yo tenía una banda de covers que tocaba temas de Fito en Mariachi. Viajé a Buenos Aires con 23 años y me fui a un apartamento con dos músicos cubanos que tocaban metales. Aprendí mucho y la banda incluía a Claudio Cardone, Guillermo Vadalá, Anita Álvarez de Toledo, que son personas que admiro y quiero mucho. Son increíbles.

Nicolás Ibarburu. Foto: Leonardo Mainé
Nicolás Ibarburu. Foto: Leonardo Mainé

—¿Recordás alguna anécdota de esos tiempos con Fito?

—Me acuerdo de una noche inolvidable en Rosario: teníamos un día libre y yo estaba enroscado estudiando tango con Julio Cobelli. Una noche salimos Guillermo Vadalá y Fito con dos guitarras, y pasamos por un par de boliches tocando unos tangos. La gente deliraba porque aparecía Fito cantando acústico e iba pasando por las mesas haciendo temas como “Nostalgia”, “Afiches” y “Romance de barrio”.

—También grabaste en Un mañana, el último disco de Luis Alberto Spinetta.

—Sí. Fue increíble, loco. Yo estaba en mi casa, sonó el teléfono y del otro lado dicen: “Habla Luis”, con esa voz reconocible. Lo recuerdo como algo mágico. Después de que grabé en su disco, él me ofreció su estudio para mezclar Anfibio, mi primer disco. Era un anfitrión tremendo. Traía un matecito y un set de faso para armar (Se ríe). Un día se arrimó con la viola y pude pedirle que tocara al lado mío “Ganges” y “Cisne”. Es como que me dijo: “¿Cuál querés? ”(Se ríe). No lo podía creer. Fue una lección de sencillez y de calidez.

—¿Cómo fue la experiencia de haber grabado con él?

—Me dio unas bajadas para practicar arriba y me prestó una Telecaster. Grabé en tres canciones: "Tu vuelo al fin", que es una de las canciones que más me gustan de la historia; "Olga", que escribió para la mujer que lo cuidaba de chico; y "Vals para soñar". Si tuviera el DeLorean para volver en el tiempo, me hubiera gustado poder estudiar un poco más y haber estado más conectado con la música. Estaba muy hippie en ese momento y medio perdido con la vida. Pero ta, lo digo como una reflexión. Estoy recontraagradecido de haber vivido eso.

—El primer disco de Jaime Roos en el que participaste fue Si me voy antes que vos. ¿Qué recordás de esos días?

—Si me voy antes que vos es un discazo. Tiene “Bienvenido”, “Good Bye (Tazón de té)”, “Suena”. Se grabó con Sony cuando los discos eran tremendo negocio y me acuerdo que estuvimos como un mes en Buenos Aires viviendo en un hotel. Teníamos el estudio abierto para ir en cualquier momento. Fue un sueño hecho realidad: yo tenía 21 años y después de grabar me iba a escuchar música por la ciudad. 

—¿Estuviste en el estudio el día que Mercedes Sosa fue a grabar “Si me voy antes que vos”?

—Pah, fue inolvidable. Fue como si entrara una santa al estudio. Quedó todo flotando. Ese día nos saludó a todos, se sacó los zapatos, se mandó para adentro y la encajó al ángulo. Nos hizo lagrimear a más de uno. Fue la primera vez que la vi en vivo y justo estaba cantando esa canción, que es una de las más lindas del mundo. Además cantado por ella le queda perfecto, parece una canción de la montaña.

—¿Cómo fue la experiencia de grabar el disco Hermano, te estoy hablando?

—Increíble. Es de mis momentos preferidos con Jaime porque retomó una parte de su repertorio que no estaba tocando y que es alucinante. Son los temas cara B y tiene muchos que son alucinantes: "Quince abriles", "Hermano, te estoy hablando", varios del disco La margarita. Además poder tocar Hugo Fattoruso y el Monte (Gustavo Montemurro) en un grupo reducido, generaba había mucha interacción. Además me hicieron tocar el bajo, que me encanta tocarlo. Lo recuerdo con mucho cariño.

—¿En cuántos discos uruguayos participaste?

—La otra vez me presenté en el Fondo de Estímulo a la Formación y Creación Artística, y pedí una lista de discos en los que participé y estoy en más de 100. Me flasheó. También me hace pensar en que estoy un poco viejo.

—Grabaste en discos de estilos muy diferentes. ¿Cómo aprendiste a adaptarte a cada proyecto?

—Es algo que fui desarrollando por necesidad para formarme. Antes no había un escuela como el Conservatorio Sur o la de Mercedes, entonces mi formación fue de ir sacando repertorios; ahí encontré el deleite de la diversidad. Desde muy chico y por eso me gustaron varios estilos.

—¿Qué necesita un buen solo de guitarra?

—Creo que necesita un desarrollo. A veces lo comparo con una situación con una chica: hay que empezar suave y proponer algo, pero siempre dejando espacio. Hay que escuchar la base y que después empiece a crecer, porque si empezás quemando todas las naves, después no podés subir más que eso, a no ser que sea un tema que venga explotado y haya que entrar en cubierta. Un solo necesita tener silencio y una construcción progresiva.También tiene que tener implícita alguna alusión al tema, puede ser a la melodía principal o a la parte rítmica.

—¿Cómo va a ser el show de esta noche en el Ciclo Cuerdas?

—Va a ser un encuentro superlindo. Voy a hacer un repaso por mis discos, Anfibio y Casa rodante, y tocar alguna cosita nueva. Me pone contento poder tocar como compositor, porque me costó muchos años poder timonearlo. En el recital va a haber momentos acústicos pero también vamos a solear bastante. Es para divertirnos.

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