Nuevos ingresos en el Salón de la Fama del Rock and Roll.

Una fiesta del rock que esta vez sí fue rockera

Robert Johnson, Chuck Berry, James Brown, Ray Charles, Elvis Presley y Jerry Lee Lewis ingresaron al Salón de la Fama del Rock and Roll todos juntos en 1986.

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Para entrar al Rock and Roll Hall of Fame, punks como Green Day se ponen smoking.

Vaya gala la de aquel año y vaya precedente sentó la organización, que después tuvo que enfrentarse a la dificultad de ir engrosando su catálogo año a año con artistas que estuvieran a la altura.

En esa misión derrapó más de una vez: en 2008, por ejemplo, introdujo a Madonna, mundialmente conocida como la Reina del Pop y alejada de los estándares clásicos del universo rock.

A partir de ahí hubo que ser más precisos no en cuanto a los criterios de elección y premiación, que están claramente definidos más allá de lo permisivos que puedan ser en algunos casos, sino en el concepto de rock and roll a tener en cuenta. Y en 2015, en lo que a música refiere, no hubo fallas en la que fue la trigésima ceremonia.

Más allá de la controversial participación de Miley Cyrus como madrina (el año pasado le tocó a Lorde ser criticada en las redes sociales por versionar a Nirvana), la inducción de Ringo Starr al Salón de la Fama fue de las más aclamadas. A diferencia de Paul McCartney, George Harrison y John Lennon, quienes ya habían sido condecorados en años anteriores, el baterista no ingresó al selecto club como Intérprete sino por Excelencia Musical, un reconocimiento que se les da a aquellos que cambiaron la historia de la música con su arte. Eso, si de un Beatle se trata, no se pone en tela de juicio.

Starr hizo méritos para que se valorara su dedicación a la música, al igual que el grupo negro The "5" Royales, que marcó una huella en el camino del soul y abrió las puertas a quienes incursionaron en ese género a partir de la década de 1940. Los originarios de California fueron reconocidos en la categoría Influencia temprana, y el impacto causado en aquellos tiempos los avala.

La experiencia y la influencia son bien manejadas por la organización del Salón de la Fama del Rock and Roll, pero el problema mayor está en la categoría Intérprete, que responde a cánones de popularidad y éxito comercial aunque eso resigne virtud y eficiencia.

Para la fundación que está detrás de esta gala, lo único que necesita un artista para tener posibilidades de ingresar al Salón es que hayan pasado 25 años desde la publicación de su primer material, así como la influencia que haya tenido su obra en la historia del rock. Son más de 600 las personas que votan (incluyendo miembros de la industria musical y artistas) para seleccionar a los próximos inducidos, lo que hizo que este año quedaran de lado candidatos como Sting, Nine Inch Nails y The Smiths.

Los ya fallecidos Paul Butterfield y su Blues Band —mezcla de rock americano con blues y una armónica sensible—, Stevie Ray Vaughan con la banda Double Trouble y Lou Reed (quien había ingresado en 1996 como miembro de la Velvet Underground) ingresaron en el clan de intérpretes del Salón de la Fama. También lo hicieron Bill Withers, quien pocas veces aparece en público y es célebre por sus canciones "Aint no sunshine" y "Lean on me"; Joan Jett & The Blackhearts, una de las mujeres emblemáticas en la historia del rock; y Green Day.

La inclusión de Green Day merece un apartado, pues la consiguió en el primer año en que podía ser tenido en cuenta debido a los 25 años de su primera grabación, y a pesar de haber tenido una carrera con puntos de mucho éxito —como con los discos Dookie y American Idiot— combinada con períodos de aislamiento e inactividad, como en el último año.

La categoría de Intérprete sigue siendo la más controversial en el Salón de la Fama del Rock and Roll, quedando atada a la subjetividad de los votantes. Al menos, en 2015 no hubo equivocaciones en cuanto a lo que es rock, y los artistas condecorados son fieles exponentes.

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