ENTREVISTA

Fabián Furtado, de Reytoro: "El metal me dio todo lo que tengo"

La banda Reytoro celebra 20 años de metal este sábado Montevideo Music Box y Fabián Furtado charló con El País

Fabián Furtado, cantante de ReyToro. Foto: Marcelo Bonjour.
Fabián Furtado, cantante de Reytoro. Foto: Marcelo Bonjour.

Para el cantante Fabián Furtado, el recital de Reytoro de este sábado en Montevideo Music Box implica una celebración del legado que la banda de metal viene construyendo durante dos décadas de música. Furtado asegura que este será un “show inusual”, donde participarán 20 músicos invitados de diferentes estilos musicales, entre los que ya están confirmados Alejandro Ferradás, Christian Cary, Kairo Herrera, Mónica Navarro y Leonardo Coppola (guitarrista de Once Tiros).

Antes del recital, Furtado charló con El País sobre los comienzos del grupo, el movimiento del metal en el interior, la importancia de los fanáticos y cómo los miembros de Deep Purple terminaron aplaudiendo cada una de sus canciones. 

—¿Cómo están preparando el show de 20 años de la banda?

—Va a ser un show inusual. Son 20 años con 20 invitados. A esta altura ya salimos del metal y somos parte del rock nacional. Amigos de otras bandas quieren estar en la fiesta, y yo les dije: "Si querés estar en la fiesta yo te doy la entrada, pero cantante algo". Empezamos siendo cinco y ahora son 20 (se ríe). Hay invitados de metal pero también del rock y de varios palos. Eso nos pone recontentos porque indica que hicimos las cosas bien y nos reunimos con gente bien. Estamos contentísimos porque es muy inédito que una banda de metal de acá llegue a los 20 años.

—Vienen de una etapa retrospectiva, el año pasado editaron el boxset Trilogía, que incluye los tres discos de la banda. ¿Cómo viste la reedición del primer disco, que estuvo años fuera del mercado?

—Bien. Fueron todos quilombos contractuales de sellos y de mánager que van y vienen. No siempre somos todos amigos y siempre tenemos que tranzar con alguien. En aquella oportunidad, una persona editó el primer disco y después se portó un poco mal con la banda. Lo de siempre del rock nacional: cuando la limosna viene grande sospechá (se ríe). Después el loco quedó afuera de la banda y trancó para que no se reedite. Para poder hacer Trilogía había que esperar que pasaran 15 años para que el contrato expirara y poder reeditarlo.

¿Ya están preparando el próximo disco?

—Sí. Esperamos que salga a finales de este año o a principios del otro. Es un disco muy esperado por nosotros porque va a servir para darle un poco de oxígeno al set; venimos tocando y sangrando las canciones desde hace muchos años. ¿Qué hubiera sido si no hubiéramos estado copados desde el minuto cero con nuestras canciones? Porque al final las tocamos 100 veces por año, así que si no están buenas te agarrás un embole tremendo. 

—¿El nuevo disco va a seguir la línea de Reytoro III?

—Va a ser algo distinto. Va a manejar un concepto, que no sé por dónde llevarlo; tal vez por una pantalla de TV. Está planteado en tercera persona y en primera persona y va a ser bastante diferente a los tres primeros discos. En los últimos años agarramos otro sendero dentro del metal y nos podemos dar el lujo de hacer otras cosas, como un candombe-metal. Nosotros hacemos canciones porque nos gusta la música. Por ejemplo, ayer  escuché a Los Chalchaleros todo el día; capaz me sale caro decir esto y alguien me critica, pero me chupa un huevo. Yo soy muy musical y el resto de la banda también, por eso nos permitimos ir a otros lados. Mientras lo que hacemos nos guste a nosotros, seguro que a alguien más también le va a gustar.

—¿Sentís que hay gente que le molesta que prueben con otros estilos?

—Siempre la hubo. Nos hemos encontrado con todo tipo. El tiempo lo cura o lo lleva a todo. En el primer disco hicimos un tema de  Depeche Mode y nos cayeron con todo, pero ahora la gente la canta en el show. Nosotros hacemos la música que nos gusta, pero como metemos distorsión nadie se da cuenta (se ríe). Me acuerdo que en "Me está matando" hacíamos la clave del candombe y recién ocho años después un amigo se dio cuenta. Está bueno ser libre en la música y no esclavizarte con nada. Varias veces se me ha tildado de ir por los costados y la verdad que no me importa. Si te gusta bien y si no escuchá otra música; yo no le pongo el revólver a nadie. 

¿Cómo recordás el arranque de la banda? En el libro Fuerte y claro: historia del metal en Uruguay, Fernando Soria escribe que pintaban murales a cambio de horas en el estudio.

—Ese libro tiene muchas verdades. Me acuerdo que una vez heredé una cafetera y la canjeé para poder ensayar algunas horas más. Nosotros poníamos moquetes y pintábamos murales en varias salas de ensayo con tal de poder grabar. Me quedo tranquilo porque sé que no pago para tocar. Quiero ser respetado y es muy importante para poder tener los pasos firmes. Conozco mucha gente, como Bruno de Once Tiros, que les han dado para adelante con la música desde los comienzos. A mí no, yo usaba pantalón camuflado y un mohicano, y hasta mi vieja caminaba por la calle de enfrente si me veía. Entonces todo ese trabajo tiene doble sabor, capaz sería otro el Fabián Furtado si le daban todo en bandeja. Nosotros estuvimos dos años preparando las canciones antes de salir a tocar en vivo. Fue todo muy a paso de hormiga.

¿Cómo ves la energía del público cuando tocan en vivo?

—(Piensa) Es alucinante. Es muy reconfortante hacerlo porque ves que la gente te quiere de verdad. En ese momento ves que las canciones dejan de ser mías y de la banda, y pasan a ser de ellos. Yo me debo al público porque hay gente que tiene un cacho de mí en el brazo, entonces es una responsabilidad enorme. Lo digo en el sentido de no fallarle a la gente y de no fallarte a vos. El metal me dio todo lo que tengo: me dio mi mujer, me dio amigos hermosos, y me da el reconocimiento de la gente. Me vine a esta entrevista en un Copsa y estuve charlando con fanáticos. Es genial, loco. El chófer esta vez me cobró, pero el de ayer no porque me conocía. Eso no lo pagás con nada.

—¿Cómo analizás el movimiento del metal en el interior?

—Hay bandas por todos lados y me encantaría poder generar una plataforma para ponerlas a todas en el tapete. Con Reytoro hemos hecho 15 departamentos. Tenemos que ir a Artigas este año, que es una plaza muy fuerte pero no se puede llegar. Son muchos kilómetros, más estadías y bondis. La única forma de llegar es consiguiendo fechas intermedias en Paysandú o Salto. No puede ser que conozca más México y España que parte del este de nuestro país. La gente no sabe que sale más caro un pasaje de Artigas a Montevideo que de Buenos Aires a Montevideo. Pero te firmo que en algún momento eso se va a romper: probablemente en cinco años vamos a podemos hablar de que llegamos a lugares que todavía no visitamos.

—¿Recordás en qué momento la banda empezó a tener el apoyo del público?

—En el año 2000 me acuerdo que estaba pintando un mural en un boliche de cumbia y viene un pibe y me dice que en una gira de Chopper yo le pregunté dónde estaban los quilombos. Cuando terminé de pintar me fui a tomar una con él y  le di una copia de nuestro demo, que tenía temas: "Peste", "Carne" y "Eso queda así". Esa noche, el pibe, que se llama Maicol, se fue a San Antonio con el disco y hoy por hoy la ciudad es todo metal. Yo soy Gardel allá. Él, que fue el primer fanático con Reytoro, nos esperó en España y nos dio una guitarra de 3000 euros para cuando grabamos el segundo disco. Yo estaba debiendo de UTE y de OSE esa guita, pero el fanático, nos dio la guitarra. Después lo puse en una canción: "Caminando".

—¿Qué sentís que le falta  a la escena del metal? ¿Más unión, más difusión?

—Necesitamos difusión porque todos tenemos canciones que pueden sonar. Basta de musiquitas. Hay mucha gente del palo del metal y del rock que quieren escuchar esta música y no le gusta tener que esperar a un horario determinado para escuchar eso en la radio. Hay canciones del mainstream que suenan hasta que te paspan, entonces saquen 3 minutos a una de las tantas repeticiones y prueben poner otra cosa. También es importante la unión. Hay que informarse para ver cómo sonar y cómo son los precios. La gente se piensa que hacer un disco es muy fácil, pero yo le digo a los pibes que más vale una canción bien grabada que 10 mal. Podés usar todas las horas que tenés para un disco en una sola canción. La prueba es "Carne": con ese tema logré que lo puedas poner al lado de uno de Marilyn Manson y que no pasara tanta zozobra.

—¿Cómo recordás la experiencia de abrir el show de Guns 'N' Roses en el Estadio Centenario?

—Esa fue la peor tocada del culo sobre la faz de la tierra. La hinchada de Peñarol entraba los equipos y el mánager de Guns N Roses se quería matar. Entonces tan poca bola nos dieron a nosotros, y nos sobrepasó tanto, que  pasamos a ser rehenes de la situación. Nos dieron un pedazo de escenario muy chico, nos insolamos y no teníamos nada para comer. El backstage se caía a pedazos.

—La gente se coló mientras tocaban "Carne"...

—Por eso, fue horrible. Por suerte tuve una gran revancha y fue que mi madre me estaba mirando por largavistas en el Centenario y me mandó un mensaje de texto diciéndome por primera vez que estaba orgullosa de mí.

El concierto de Deep Purple fue una experiencia totalmente diferente, ¿verdad?

—Sí, cuando terminamos de tocar teníamos a Ian Paice, Steve Morse y a todo Deep Pruple aplaudiendo cada canción nuestra al costado del escenario. No te puedo explicar lo que fue eso. Yo siempre hago el mismo chiste: en el recital de Guns N Roses fui a hablar con Sebastian Bach y me dijo que no las tres veces, mientras que con Deep Purple me aplaudieron. Fue la mejor anécdota para un show porque estuve con uno de la trilogía más importante: Black Sabbath, Led Zeppelin y Deep Purple. No me olvido más y son esos momentos en que te das cuenta de que vivís para esto.

—¿Qué esperan del concierto de este sábado?

—Yo siempre digo que el mejor show está por venir. Este show va a marcar un mojón, y en estos años acostumbramos a la gente a que no espere recitales nuestros que sean flojos, pero sí que sean alucinantes. Esto tiene que ser una celebración porque, al final, son esos momentos los que te llevás a la tumba.

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