EDÚ LOMBARDO

"Nosotros hacemos esto por amor"

Sus lágrimas tras la presentación en la segunda rueda del concurso de Carnaval se viralizaron en redes, una novedad que encontró en su vuelta a la competencia tras 10 años de ausencia.

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Edú Lombardo. Foto: Darwin Borrelli

Edú “Pitufo” Lombardo volvió a dirigir a una murga, Don Timoteo, volvió a conseguir un primer premio y se consagró además como Figura de Oro. Es decir, volvió a brillar Pero además el compositor, percusionista, guitarrista y cantante editó su mejor disco solista (Músicos ambulantes) que presenta el 30 de agosto en el Teatro Solís, y prepara su vuelta a esa misma sala en noviembre con Pinocho Routín y Murga Madre. De eso estuvo conversando con El País.

—Empecemos con Don Timoteo. ¿Por qué estabas tan emocionado en la bajada de la segunda rueda, poco después de decir en una entrevista que hacía mucho que no te emocionabas con una murga?

—Mirá, el carnaval es un ámbito hermoso a la hora de entregar un espectáculo, porque podemos cantar en todos los barrios y cruzarnos con diferentes poblaciones. Eso no se da siempre, y es un privilegio. Pero la competencia trae aparejada mucha cosa que se dice por ahí, y a veces lastima. Más ahora con las redes, yo hace 10 años que no salía y hay una diferencia abismal. Y no soy de andar mirando, pero alguna cosa siempre te enterás. Eso genera cierta rebeldía en los grupos, pero por sobre todas las cosas esa noche del Teatro de Verano fue muy especial.

—¿Por qué?

—Porque me pasó un hecho que me lastimó un poco: se dijo una cosa de mí que fue mentira. Y capaz ese día estaba esa rebeldía ahí. Pero por otro lado me emocioné porque la respuesta del público fue increíble, y porque tengo un gran aprecio por una generación que está dentro de la murga a la que admiro. Y nos miramos con uno de los compañeros, con la mirada nos dijimos todo, y nos dimos un abrazo muy sentido. Y es sincero que no me emocionaba con una murga. Se dicen cosas en el carnaval, se dice que hay plata, y nosotros ganamos por nuestro trabajo como gana cualquiera. Pero no se dice que la mujer de Perrone hace comida casera para nosotros cuando nos vamos al interior, y eso es amor, no plata. Nosotros hacemos esto por amor. Yo hace 10 años que no salgo en carnaval, y pierdo plata cuando no salgo.

—Y en 10 años habrás tenido buenos ofrecimientos.

—Muchísimos, y buenos.

—Hay una saña particular con Timoteo, por la inversión.

—Pero en otros lados también hay plata, y capaz se invierte el mismo dinero, pero no se sabe. Sostener un grupo artístico no es sólo del lado artístico; es del lado humano, de saber que el fin en esto es hacer un espectáculo para la gente. Yo nunca he leído el reglamento de murga, hacemos murga porque nos gusta. Y lo digo en todos lados: un primer premio viene por añadidura, siempre.

—Más allá de compartir con tus amigos, ¿qué te llevó a aceptar estar en Timoteo?

—Eso es muy importante. Salir en la misma murga con Pinocho Routín y Marcel Keoroglian para mí era un sueño. Por otro lado quería regalarle a mi hija, que tiene nueve años, un carnaval como vivió mi hijo Joaquín. Y esta generación me llamó la atención. La parte económica también pesó, pero el mayor motivo es que estaba entusiasmado con hacer murga. Es el motivo principal.

—¿Y qué encontraste?

—Un grupo espectacular y mucha seriedad a la hora de trabajar. Logramos un trabajo colectivo y sacarnos del hombro el muñequito del ego. Encontré a una familia y a un club divino.

—¿Por qué ganaron?

—Porque teníamos un espectáculo temático muy carnavalero y muy universal. Era un espectáculo arriesgado, porque cuando tuvimos que hacer la construcción del papel de mujer, estás al borde de ir para otro lugar. Trabajamos muy duro con eso y cayó simpático. Porque trabajamos con mucho tiempo de anticipación y logramos una madurez, porque nos divertimos y eso la gente lo notó, y porque la gente se emocionó. Porque el concurso también se gana en la calle, y era una linda murga para la gente que también le gustó al jurado.

—Cambiando de tema, ¿cuál es la idea detrás de tu nuevo disco, Músicos ambulantes?

—Intento navegar por aguas que no había navegado, y estoy súperconforme con el sonido, con las canciones en sí.

—Grabaste dos canciones de Eduardo Mateo, una de tus referencias. ¿Cuál fue tu primer contacto con su música?

—Con el disco Mateo solo bien se lame. Un casete era, de un lado estaba ese y del otro, Musicación 4 y ½. Había viajado a Holanda hacía un año, me había comprado un walkman, y lo escuché millones de veces. Todos los discos de Mateo me parecen buenos, pero ese tiene una cosa bastante particular porque soy muy observador de la percusión, y él me parece un gran percusionista.

Músicos ambulantes de hecho es muy melódico, pero lo rítmico tiene gran presencia, muy fuerte incluso en el bajo.

—Sí, el bajo es protagonista. Creo que la parte melódica está más subrayada que en discos anteriores, y eso es un poco de búsqueda. A veces uno encuentra y a veces no; está en el aire pero hay que atraparlo.

—Hay algo en Músicos ambulantes, una dulzura que por ahí es lo que une las distintas cosas que hacés. ¿Percibís eso?

—(Piensa) Yo desde muy niño soñé con hacer esto. Siempre me tomé muy en serio el hacer música, desde muy gurí, y tuve la suerte de encontrarme con gente muy generosa. Yo me entrego en el rol que me tengo que entregar, no hago diferencia con los músicos, trato de pasarlo bien y de aprender. No me doy mucho cuenta de eso, me parece que se debe al amor por lo que hago.

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