Entrevista con Tabaré Leyton

“En esta época se canta peor que antes”

El reconocido cantante prepara un show especial para este viernes en el Auditorio Nacional Adela Reta

Tabaré Leyton
Tabaré Leyton, un cantante uruguayo radicado en Buenos Aires. Foto: Darwin Borrelli

Este viernes a las 21.00 la Sala Balzo recibe a Tabaré Leyton en concierto. Acompañado por el músico franco argentino Jean Pouyé en guitarras, el cantante y compositor uruguayo recorrerá tangos clásicos, milongas y tonadas camperas, incluyendo los principales éxitos de sus primeros discos. También hará canciones de su más reciente trabajo, “Vivo por el tango”, disco que obtuvo el Premio Graffiti como Mejor Álbum de Tango. Entradas en Tickantel, $ 500.

-¿Cuál es el concepto de este show que vas a dar en la Balzo?

-Va a ser como mi concierto anual en Montevideo, y preparé un repertorio con las canciones que la gente espera de mí, más algún adelanto de mi próximo disco. La idea es saltar de una canción a otra con fluidez, en un formato que es mi preferido, el minimalista. Guitarra y cantor, o dos guitarras y cantor. Es el formato con el que tocaría en una pulpería.

-¿Sentís que acá en Montevideo hay como un prejuicio contra la palabra ‘tango’?

-Puede ser. Siento que el montevideano es realmente murguero y candombero, y menos tanguero. Pero por otro lado, me parece un poco exagerada la posición del tango como religión: esa cosa del tango sagrado, y cerrar los ojos, y agarrarse el pecho. Me parece que el tango tiene que ser más integrador, y abrirse un poco a las cosas nuevas. Y tratar de sacar al tango de la estética visual de la mesita, de la cortina roja, del mantel rojo. Ponerle onda. 

-Claro, que los shows sean más variados.

-Sí, yo estoy viendo que tanto en Buenos Aires como en Montevideo, hay gente que está cambiando la actitud en la danza. No esa cosa tan ceremonial, de mirarse, esperarse, desafiarse. Es siempre ver lo mismo. Y si el tango se abre va a prosperar más. Porque lo que necesitamos es público. No echar a la gente porque se aburre, porque en el medio del concierto te meten como una conferencia. Eso no pasa en el rock.

-Y en cuanto al repertorio también hay un encierro.

-El tema del repertorio es un gran problema. El tango debe de ser el único género musical que desprecia al 95 % de la obra hermosa que hay, para cantar solo un 5 %. Solo por el hecho de que la gente conoce esas canciones. No entiendo por qué la gente debe conocer el repertorio que va a ser ejecutado en vivo. Me parece muy raro, pero en el tango se hace. Imaginate que en show de rock, de cinco artistas, cuatro canten “Satisfaction”.

-¿Te parece que el tango en Montevideo se explota poco?

-Lo que veo en el tango en Montevideo, sinceramente, no es que se explote poco, sino que la gestión cultural del Estado trabaja con pocos nombres, que tienen que ver con amistades de ellos. Uno ve que convocan a las mismas personas, sin que la calidad sea lo que prime. A mí no me afecta porque yo vivo en Buenos Aires. Hubo unos cuantos festivales, y están los mismos nombres siempre. Y por contrapartida, creo que hay gente en Montevideo que está haciendo un tango muy lindo, y no se le da lugar.

-Hoy se ve al tango cantado de las maneras más insólitas...

-En esta época se canta peor que antes. Se pone por delante el histrionismo, el decir. O se llega a los lugares artísticos por el lobby. Y en canto, en particular, está desestimado. La gente llega a las carreras artísticas con mínima formación. Probablemente las dictaduras hayan roto la tradición antigua de cantar bien. Y luego de la dictadura vino esa cosa de rabia, que trajo el rock y otros estilos. Que ya no era un rock bien cantado, sino que era del punk. O del Goyeneche roto. Y la gente lo tomó como una estética del cantar más o menos. A mí me gusta como se cantaba de la década del 50 hacia atrás. Si desafinabas en esa época, te mandaban para tu casa derecho. Yo escucho música vieja, y los copio. Trata de copiarles el timbre, a Magaldi, a Corsini. Les robo timbres. Es tratar de hacer un arte antiguo. Artesanal. Por eso me gusta tocar con uno o dos guitarristas. Para que la gente lo pueda apreciar. Porque si estás rodeado de ocho músicos, es una papa. Tirás dos palabritas, hacés que cante la gente, saludás. Parado, solo, con un instrumentista, ahí se ven los pingos.

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