MÚSICA

El emocional viaje a las estrellas de un disco redondo

Lisandro Aristimuño editó Constelaciones.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Estas son trabajadas como pequeñas grandes obras individuales. Foto: Marcelo Bonjour

Las canciones de Lisandro Aristimuño vienen, nos cambian algo, nos mueven algo de lugar adentro, y siguen su camino seguramente a hacer lo mismo en otro. A lo mejor todas sus canciones nacen así, de una situación que modifica a su autor, o a lo mejor son puro misterio del universo. Pero tienen un poder que no tienen otras, algo intrínseco que está más allá de la melodía, la voz o cualquier arreglo.

El argentino se fue a buscar aquellas constelaciones de las que hablaba en "Aurora boreal" del disco Mundo anfibio (el último de estudio previo a los dos tomos de En concierto), y las rearmó en este disco que dura apenas media hora y se llama, claro, Constelaciones.

En Constelaciones hay varios factores haciendo magia. Hay un puñado de canciones muy personales del compositor, sobre amores y desamores en su espectro más amplio. Hay una carga emotiva bien dosificada entre la letra y la melodía. Y también hay una nueva banda de ensueño que tiene a Javier Malosetti en bajo, al baterista Sergio Verdinelli que tocó con los Illya Kuryaki y con Luis Alberto Spinetta (incluso en Spinetta y las Bandas Eternas), y en teclados a Ariel Polenta, que viene tocando con las uruguayas Ana Prada y Pata Kramer.

Sólo con ellos tres y con su poética tan compleja y visceral, Aristimuño construyó esta nueva pieza de su discografía, una donde se prioriza la canción como unidad. Cada tema, trabajado en detalle pero soltado al mundo semidesnudo, sustentado más que nada en una buena guitarra y algunos coros celestiales, es una pequeña gran obra en sí misma.

Hay algunas mejores que otras y eso, claro, siempre a título personal. "De nuevo al frío" con unas guitarras folk tristes que se entrecruzan, un canto intimista a media voz y unos versos sugerentes sobre la relación de la carne y la tierra, el frío, el calor y el sexo es un golpe directo a la emoción.

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"Una flor", que es más balada rockera con solo de guitarra vintage y un perfil más catártico a lo Fito Páez, es otra que se destaca con una letra hermosa que habla con metáforas de desenlaces y despedidas ("Vos que sos más valiente que un reino/ ¿Con quién estás?"). Tiene un falso final en un desesperado camino por encontrar respuestas y después un cierre abrupto que quita el aliento.

No es todo melancólico y bajonero, para nada. Hay canciones cargadas de luz y de pop como "Good morning life" o "Voy con vos", hay mucha reminiscencia a The Beatles en pequeños detalles y hay un gusto exquisito en la manera en que todo se acomoda naturalmente en esta constelación, una de las tantas de Aristimuño, que a esta altura ya es un músico de escucha imprescindible.

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