ANTE UNA GRAN PÉRDIDA

Elsa Morán: artistas y amigos recordaron a la fallecida cantante de tango uruguaya

"se merecía que la hubieran declarado Ciudadana Ilustre", comentó a El País Olga Delgrossi

Elsa Morán
Elsa Morán, junto al bandoneonista Miguel Ángel Trillo. Foto: Difusión

En este país no se le da importancia al artista nacional. Cuando se es argentino, es otra cosa. Y yo pensé que ayer las jóvenes del tango iban a estar en el velorio de Elsa: ninguna. Éramos las dos veteranas que quedábamos. Ahora quedo yo sola”, comentó ayer Olga Delgrossi a El País, en relación al fallecimiento de la cantante de tango Elsa Morán, quien había nacido el 31 de agosto de 1931 en la localidad de José Pedro Varela, en Lavalleja. Morán falleció el lunes a los 88 años, aunque en algunos obituarios figuró que falleció a los 82 años, dado que por coquetería, en algún tiempo la artista modificaba públicamente su año de nacimiento.

“Es una pérdida tremenda, porque era una grande. Y nunca le hicieron un homenaje, nunca una plaqueta en algún lado. Yo no me puedo quejar, porque a mí me han dado todos los premios, pero ella era una gran artista, que se merecía que la hubieran declarado Ciudadana Ilustre. La vida es así. Por suerte a mí me han hecho todos los homenajes en vida. Porque después de muerto, el artista no los ve”, agregó Delgrossi, quien compartió más de medio siglo de carrera con la fallecida artista.

Morán cumplió el año pasado, como era habitual, con su calendario de actividades, hasta que en octubre fue intervenida quirúrgicamente, siendo después internada en un residencial, donde tuvo un declinar de salud, acentuado por el peso de los años. “Elsa era la número uno, era maravilloso cómo cantaba. Y nadie sabía que estaba internada. Porque ella no quería que la vieran como estaba. Dicen que sufrió muchísimo. Para mí fue un dolor tremendo: yo no fui al entierro porque me sentí completamente mal. Y yo también soy una persona mayor”, narró Delgrossi.

Morán se dedicó desde muy joven al oficio de cantar, primero junto a su hermana Perla (“Las Hermanas Castillo”) cultivando esencialmente un repertorio de canciones criollas y camperas de cuño folclorístico. Años después llegó su vínculo con el tango, donde su trabajo cobró gran difusión de la mano de Donato Riccatti. De hecho se afirma que fue él quien el eligió ese seudónimo artístico, en reemplazo de su verdadero nombre, María Cáceres Castillo.

“Qué voz maravillosa tenía. Nosotras hicimos un dúo que no quedó grabado. Porque yo no sé hacer segunda voz, pero ella hacía una segunda voz hermosa. Elsa y yo éramos completamente distintas en el modo de cantar. Yo, más expresiva, más visceral. Pero ella tenía una voz, que abría la boca y era algo maravilloso. Se va cerrando una época del tango: ahora está el tango fusión y todo eso, pero ya no hay aquellos tangos maravillosos de antes”, agrega Delgrossi. 

Elsa Morán
Elsa Morán, junto a Gustavo Nocetti, en 1976. Foto: Difusión

La artista cultivó un repertorio amplio, al que le infundía su propio estilo, en interpretaciones que quedaron registradas en numerosos discos. En el sello Ayuí grabó los últimos cuatro discos de su carrera, “Tango sin fronteras” (1998), “Hojarasca” (2004, junto a Mario Núñez en guitarra y arreglos), “Qué más querés de mí” (2007) y “Folcloreando” (2016, junto a Julio Cobelli en guitarra y arreglos), donde la artista de algún modo volvió a sus raíces folklóricas.

Trabajadora incansable de la música, solía visitarnos en nuestras oficinas para contarnos de sus proyectos, e inexorablemente, con su buen humor y nuestra entera complicidad, terminaba cantando a capella, en forma exquisita, algún estilo o valsecito que había aprendido de niña. Con Elsa Morán se ha ido tal vez la última gran cantora del cancionero criollo popular de las primeras décadas del siglo pasado en Uruguay. Nos quedan sus grabaciones para seguirla teniendo entre nosotros”, afirmó ayer Ayuí en un comunicado.

El guitarrista Julio Cobelli también aportó una semblanza sobre Morán, producto de casi medio siglo de carrera conjunta. “Con ella y Mario Núñez, que era su esposo, hicimos muchísimas actuaciones, en espectáculos y en televisión. Elsa era una de las mejores cantantes de este país, y cantaba muy bien canciones folklóricas. Y una señora excelente, una gran persona. A veces, cuando Elsa iba a cantar algún tema, les preguntaba a Mario Núñez en qué tono cantarlo. Y él le decía, ‘Preguntale a Cobelli’. Sabía yo más los tonos de las canciones que el esposo”, recordó Cobelli.

Roberto Méndez, locutor radial de Montecarlo, definió a Morán como “una profesional única, que a la edad que tenía mantenía su registro vocal de años atrás intacto. Con su vibrato impecable, su gran afinación, y muy buen gusto en la elección del repertorio. Y siempre una sonrisa: no recuerdo haberla visto nunca enojada o malhumorada. Y siempre deseosa de reencontrarse con su público. Como dato curioso, ella fue una de las primeras taxistas que tuvo esta país: condujo un taxi durante muchos años”. 

Méndez se entusiasma recordando a la que fue una de las grandes voces del tango en Uruguay. “Elsa no tuvo hijos, por decisión propia, y estuvo casada durante mucho tiempo con Mario Núñez, prestigioso guitarrista. Se habían conocido de adolescentes, luego cada uno hizo su vida, y luego ya en sus últimos 20 años se reencontraron, y se amaron profundamente”, contó Méndez, recordando también los años en que Morán cantó semanalmente en Fun Fun.

“Ella fue la primera artista de tango de Uruguay en llegar al Japón, donde actuó y grabó. Aunque al contrario de Olga Delgrossi, Morán tenía un bajo perfil impresionante. Tanto en la manera de producirse para salir al escenario, como en el trato con la prensa. Morán hacía una nota prácticamente obligada, pero no era de ir a los medios”, agrega el conductor de Aquí está su disco.

“Nos conocíamos de toda la vida, de jovencita, de añares. Empezábamos en Portofino, de ahí a Tanguería del 40, luego a La Cumparsita, y de ahí a Parador del Cerro. Y ahora trabajo para los tangueros, la verdad, no hay. Hay tanguerías, pero la gente mayor no puede pagar. Toman una Coca Cola. Entonces los locales no le pueden pagar al artista. Siempre a la que más me pagan era a mí. Pero ganamos miserias”, reflexionó Delgrossi.

“Un día, en un homenaje, nos regalaron un ramito de flores a cada una. Y mi hija comentó, ‘solo un ramito de flores les dieron’. Y Elsa se moría de risa. Ella siempre se estaba riendo”, remató Delgrossi sobre su amiga y compañera de ruta.

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