Entrevista

Eli Almic se salió de los límites para encontrar la fuerza interior

La rapera habla del viaje en el que nació Reflejo, el EP que presenta el miércoles en la Sala Balzo

Eli Almic
Eli Almic. Foto: Darwin Borrelli

Cuando aprontó sus bolsos y se fue de viaje, en 2017, Eli Almic no tenía intención de hacer un disco, un EP o cualquier registro similar. Lo único que quería era lo que quiere cualquiera cuando se va a otro destino: conocer, explorar; empaparse de otra cultura. Y en parte, quería lo que suele querer un artista cuando se va de su país: conocer a sus colegas, sus sonidos y sus formas.

Con todo eso, la rapera uruguaya se encontró en su travesía por Estados Unidos, a donde se fue sin fecha de vuelta. Durante meses, se movió buscando hospedaje, contacto, piques, haciendo shows, topándose con raperos y productores locales dispuestos a colaborar. Y cuando volvió, más madura, más segura de sí misma, se dio cuenta que tenía canciones que merecían salir a la luz. Canciones que no podía editar junto a su banda, porque tenían validez y sentido así, como estaban: hechas con diferentes personas, en diferentes lugares e idiomas, sobre distintos temas.

Así nació "Reflejo", el EP que este miércoles a las 21.00 presentará en la Sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional del Sodre. Será un show largo, en el que se le sacará provecho al espacio de manera innovadora, y tendrá mucho peso en lo visual. Las entradas están en venta en Tickantel y en boleterías de la sala, a 380 pesos.

“Cuando llegué acá me di cuenta que tenía esas canciones, que era una pena no compartirlas, pero no cuadraba meterlas en un disco con la banda, porque con la banda quiero hacer un disco creado entre todos”, dice en charla con El País, y agrega: “además, los formatos EP me encantan, porque son como pedacitos, momentos de la vida”.

Por eso Reflejo, un pedacito de su vida, se completó con “La nube”, que es “como la reflexión que te baja cuando llegás. De hecho, habla del viaje medio idealizado, porque estando allá la sufrí un poco”, comenta entre risas. Es el único de cinco temas compuesto en Uruguay mano a mano con el DJ RC (Rodrigo Chávez), su principal colaborador.

Eli Almic sufrió, pero también disfrutó y aprendió durante su viaje. Eso se nota en el flow de Reflejo, que toma distancia de su primer y único disco hasta ahora, Hace que exista, en lo musical. El EP recorre de lo más clásico que Almic ya había mostrado, hasta el trap y una búsqueda bien moderna, a la que adapta sus varias voces y formas de decir.

Con Hace que exista, la veinteañera apareció como una de las grandes promesas del rap local, y se convirtió en una de las pocas mujeres del género en tener un ascenso rápido en el circuito local. Su llegada a la Balzo, así como su participación en el colectivo Los Buenos Modales (de amplia mayoría masculina) o en festivales como Montevideo Sound City, son una muestra de ese crecimiento, y del crecimiento del hip hop en sí.

A eso se le suma el impacto que tuvo el tema que lanzó previo al EP, “Brujas”, un canto feminista que fue bien recibido, y que le dio un golpe de exposición inesperado.

Sin embargo, para alguien como Eli Almic, el techo en Uruguay puede verse demasiado cerca. “Uruguay es chico”, dice hablando de lo que la motivó a irse a Estados Unidos, “ya lo conocemos, y a veces no me adapto a los ritmos de acá”. “Traté de no tener fecha de vuelta como para poder dedicarle tiempo, y experiencias tuve mil: gente que se recopa, y gente que estás rapeando en español en un boliche y no te da ni bola. Capaz que a nivel inconsciente fui a ver cómo es, a enfrentarme”, analiza sentada frente a la consola del estudio MUTE.

—¿Estar en contacto directo con la cuna del rap, te hizo cuestionarte sobre la apropiación cultural del género, un tema del que se ha debatido entre tus colegas uruguayos en las redes?

—Es que hoy no apropiarse es raro, porque todo el mundo toma de todo. Sí, el rap es negro en su origen; hoy es de todo el que quiera usarlo, tomarlo y hacer música. Para mí la apropiación cultural está buena, siempre con respeto. Allá sentí eso de estar en lugares cosmopolitas, donde hay todo el tiempo gente de todos lados, y me sentí bastante cómoda porque tuve suerte. También me pregunté cómo sería si yo fuera mexicana o guatemalteca ahí, yendo a golpear puertas. Pero no me puedo separar de la imagen que tengo, y no es que todo me caiga de arriba, pero ayuda.

—Si bien estas canciones están atravesadas por el viaje, siguen interpelándote a vos misma. Planteás las canciones desde ese lugar: el de cuestionar, cuestionándote a vos. ¿Sentís un cambio respecto a tu último grupo de canciones y este?

—Capaz que cambió en que estoy un poco más clara, por el paso del tiempo y la experiencia. Después sigo yendo por el mismo lado en cuanto a las cosas que pienso; sí sigo agregando, profundizando, o busco decirlo distinto. De varias cosas me di cuenta estando acá, al tiempo que llegué vi el potencial del material, y había gente que me decía: “estás cantando mucho mejor desde que volviste, se te abrió la garganta”. Supuestamente volví más segura. Es que yo me fui seis meses con poco dinero y nada resuelto, y cuando pasás por eso y sale todo bien, hay más confianza.

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