Critica: Dulce Rosa

“Dulce Rosa”, una dulce velada musical

Una ópera sobre texto de Isabel Allende que hizo lucir a numerosos cantantes

Dulce rosa
Dulce rosa. Foto: Archivo El País

El público montevideano recibe esta ópera a tan sólo cinco años de su estreno, en una versión traducida al español por el hijo de Plácido Domingo. La música de Holdridge es tonal, su estilo se puede calificar como neoclásico y perfectamente podría ser adaptada como banda sonora de un film. Si bien posee hermosas melodías lamentablemente en particular en las arias no logra dar el remate final de destaque al solista. 

El espectador espera una resolución brillante al estilo de Puccini- ya que es el modelo al que el compositor pretende emular- pero esta queda como si la hubieran truncado. Se percibe que Holdridge tiene un buen dominio de la instrumentación pues su orquestación es compleja y al mismo tiempo en algunos pasajes cautivante. Están muy bien logrados los momentos donde el autor incorpora música sacra cantada en latín. 

El libreto original en inglés de Richard Sparks traducido al español hizo que el texto quedara anti musical. La incoherencia de las oraciones que debían interpretar los cantantes nos hizo recordar la célebre frase “Traduttore, traditore”. Hubiera sido preferible que se cantara en inglés como fue originalmente y con los subtítulos en español. La Orquesta Juvenil del Sodre preparada y dirigida solventemente por Ariel Britos obtuvo una muy loable labor dentro de los parámetros que podemos exigir a estos jóvenes instrumentistas.

Tanto el recién creado Coro Juvenil como el de Niños del Sodre dirigidos por Víctor Mederos tuvieron un desempeño satisfactorio. La soprano María Eugenia Antúnez como “Rosa Arellano” volvió a desplegar su importante caudal vocal en el extenso rol que se le asignó. Indudablemente conoce a la perfección este personaje por haberlo estrenado en Estados Unidos. Hubiéramos querido una mejor dicción para comprender el texto cantado. La gran revelación fue el barítono chileno Javier Arrey en el rol de “Tadeo Céspedes”.

Lució un colosal volumen vocal, hermoso timbre, excelente dicción, seguridad musical y notable presencia escénica. Lo mismos adjetivos podemos decir del tenor Gerardo Marandino que desempeñó el rol de “ Anselmo Orellano”. El tenor Martín Nusspaumer como” Tomás Chacón” cumplió una encomiable labor en su breve participación. Actuación correcta del bajo barítono Nicolás Zecchi como Juan Aguilar. Muy buen debut de la mezzosoprano Anna Pimentel en el rol de Inés, el cual le permitió mostrar un bello timbre vocal.

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