Entrevista

Draco Rosa: el rockstar, ex Menudo y creador de hits que vino a grabar con No Te Va Gustar

"A mí, los fracasos me han hecho tener las cosas muy claras", dice el músico

Draco Rosa. Foto: Steven Lyon
Draco Rosa. Foto: Steven Lyon

En diciembre, Draco Rosa volvió a Uruguay a más de 20 años de una visita que, en su memoria, estaba bastante borrosa. Vino invitado por la banda No Te Va Gustar, que contó con su presencia en la versión de la canción “Poco”, que será parte del disco que se editará el año que viene, para festejar 25 años de historia. Y además de hacer algunas entrevistas, su estadía le sirvió para conocer ritmos y artistas locales, para intercambiar con colegas, y para acercarse a fanáticos uruguayos que le guardan cariño por distintas cosas.

Es que la carrera del puertorriqueño radicado en Estados Unidos, ha dado un montón de vueltas. Fue parte del grupo Menudo y después le hizo una cantidad de éxitos a su compañero de esa aventura, Ricky Martin. Su mano está presente en hits como “María”, “La copa de la vida”, “La bomba”, “Livin’ la vida loca” y más, con las que el boricua cimentó buena parte de su fama mundial. Como solista, Draco Rosa hizo una cantidad de discos rockeros y experimentales, entre los que destacan Vagabundo, Mad Love y el último, Monte sagrado.

En los planes está que, con un repaso por todo este material, se presente en 2019 ante el público uruguayo. Pero antes de concretar esa posibilidad, charló con El País.

—Volviste a Uruguay para grabar en el nuevo disco de No Te Va Gustar. ¿Cuál es tu historia con la banda?

—Muy simple. Nos encontramos en Las Vegas para lo de los Latin Grammy, hubo una buena charla, me contaron lo del especial y acá estamos. Creo que va a quedar increíble. Y tengo fe en que este encuentro con los muchachos va definiendo lo que hay en la calle; ojalá que podamos levantar la ola colectiva de nuevo. Conocí a Fernando Cabrera, tocando “Agua” en vivo; eso fue increíble. Estuvimos en un buen momento con Jorge Drexler, escuchando, ¿cómo se llama su estilo de música? ¿Candumba?

—Candombe.

—Candombe. Ahora me enteré que existe el candombe. ¡No conocía!

—Lanzaste hace poco tu disco Monte sagrado, que se impuso en las listas de Billboard sobre artistas del palo más urbano. Es un poco lo que le pasó a Drexler en los Grammy, y son giros raros, ¿no?

—Son raros, sí, pero buenos. Y me alegran mucho. Yo lo que critico es cuando el contenido de la narrativa es vulgar, como que no tiene ni swing. Yo quiero bailar, pero hay algunas cosas que se dicen que son asquerosas. Dicen que eso cae dentro del punky de hoy; todo bien, lo entiendo, pero no celebro. Celebro que la música siga viva y que cada uno encuentre su camino, pero hay tanto manipuleo con el Pro Tools, que es difícil. Por eso me encantan los Drexler del mundo.

Draco Rosa. Foto: Steven Lyon
Draco Rosa. Foto: Steven Lyon

Monte sagrado lo hiciste a la vieja usanza, ¿no? De manera analógica.

—Sí, y muchos de los temas vienen de la tocada en vivo, de improvisaciones. Y se siente con esa energía bastante cool.

—Es un disco fiel a tu estilo, pero de un hard rock que, por lo que estábamos hablando, parecería no tener lugar o público masivo hoy. No deja de ser un riesgo hacer canciones como estas.

—Sí, pero es música, hay mensaje, buenas letras, los músicos son buenos; hay un buen equipo, es una colaboración que quedó bien y aguanta, más allá de los trends. Uno espera; se juntan dos, somos tres, y yo encantado.

—¿Qué marcó el proceso de este disco?

—Yo le presenté a Sony unas maquetas, y ninguna de esas canciones están en el disco nuevo. Encontré una vitalidad, y me fui haciendo algo que no tenía nada que ver con lo que presenté. Cerré el disco después del huracán María, me fui a Los Ángeles e hice todas las voces en casa, porque ya en Puerto Rico tanta tristeza era contagiosa. Y entonces presenté el disco y estaba todo el mundo muy sorprendido, pero lo recibieron bien. Claro, tu entrabas a Sony y en cada rincón sonaban unas cosas que no sé ni imitar.

—La canción “Monte sagrado” dice: “nunca olvidé cuál es mi origen”. ¿Ahí te hablás a vos como artista?

—Sí, creo que es una conversación muy personal. Llegar a la finca, encontrarme enfermo en un momento, decidir mudar el estudio entero a las montañas de Puerto Rico buscando la sanación... Esas tierras son todas sagradas, un parque ceremonial indígena, muy místico; vas por ahí en caballo y es una vida muy privilegiada. Y me fui a sanar, pero también a pedir permiso para hacer música en esa tierra. Porque para mí, monte sagrado es la pelota que todos vivimos. Y nos fue bien, podemos seguir haciendo música.

—¿Y ahora vas a volver a grabar?

—Sí, ahora en enero o febrero se graba.

—¿Aquellas canciones que le llevaste a Sony y quedaron en el tintero?

—Las que presenté, me dijeron: “Dale”, y me dieron un dinero para hacer, pero entregué otra cosa (se ríe). Yo sé que ya no me creen; me pasó con Vagabundo, que me dijeron: “necesitamos un disco comercial”, y yo: “claro”. Y no fue así.

—Pero después, Vagabundo tuvo un montón de reconocimiento.

—Sí, pasó de ser un disco completamente rechazado, a uno de los primeros de Billboard en la lista de los mejores de los últimos 50 años. Fue rechazado al punto de que me querían sacar de la disquera.

—¿Sentís que es lo que te ha pasado siempre, que te cuesta encajar?

—Sí, me cuesta encajar.

—¿Y eso a qué se debe?

—Se debe a que siendo joven, creía en algo y lo defendía, y te decían: “Ah, ese chico es complicado. El peor amigo de él es él”. Entonces recibí esa fama. Pero la única intención era hacer un buen disco. Yo estuve en Menudo, tuve fama, pasé bien y me fui, en busca del crafting, de hacer música, de estar en el estudio. Porque quiero seguir el flow natural, y eso no siempre se cruza con la industria de la música. Por eso me he cruzado mil veces con mil gente, por creer en una cosa.

—Y eso tarde o temprano repercute en lo más íntimo: te cuestionás.

—Definitivamente, llega la depresión. Estoy vivo de milagro. Pero siempre digo: en el estudio quiero satisfacerme en lo personal; la música me tiene que gustar. Y ojalá que le guste a otro, pero no hay un plan de hacer como Fulano. Y muchos de los que me han manejado me han dicho: “Draco, tú tienes que escuchar lo que está en Los 40 Principales, para hacer un disco”. Nunca. A mí, los fracasos me han hecho tener las cosas muy claras.

—Sos medio un nerd de la música.

—Sí, seguimos invirtiendo en mil juguetes, porque me encanta (se ríe). Saber que hay tierra virgen para hacer cosas. Todo comienza con el beat, la guitarra, y se crea un mundo fantástico. ¡Esa es la mejor parte! La creación. Es aburrida la repetición, mata, ha matado a varios. Kurt Cobain, todos los dramas. Los artistas mueren porque el sistema está hecho de esa manera: con el éxito encontraste tu nido, quédate ahí porque eres eso, una copia de ti mismo. Y eres un programa de televisión que rueda por ahí.

—No es tu caso: sos reconocido por ser el ex Menudo, o el compositor de éxitos de Ricky Martin, o el rockero vanguardista. Acá hay muchos que de inmediato te asocian a “Cruzando puertas”.

—(Canta) “Te busco...”. Qué linda pieza, mi primera composición. Son todas diferentes realidades. Al final del día, yo fui exintegrante de Menudo, compositor, estoy en el Salón de la Fama de los compositores latinos, tengo varios premios. Estoy donde tengo que estar, soy quien soy.

—¿Te parece que en un país pequeño como Puerto Rico, cuando hay un éxito como “Despacito”, se genera cierta inquietud artística para que Puerto Rico no sea sinónimo de un hit así?

—Puerto Rico ya fue sinónimo de mil cosas; no le presto mucha atención. Yo atiendo muchas cosas: tengo un negocio de cannabis, de café, y la música es algo que siento. Sé que sacamos el disco en un ambiente urbano porque me lo dicen, pero es música.

—Pero te entusiasma o te motiva que tu disco se posicione bien en listas.

—Totalmente, ni lo imaginé. No pensé nada: sacamos el disco y a defenderlo. Pero el negocio es lo que es. Por eso a mí me gusta ir al campo, quitarme los zapatos y estar con los caballos, porque el negocio es ridículo, y lo lindo son las canciones. No hay que tomarse nada muy en serio.

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