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Dolly Parton: los misterios de la reina del country que seduce a los millennials

Una serie de Netflix, un éxito en la música electrónica marcan la vigencia de una mujer de 73 años que salió de la extrema pobreza y escribió éxitos como "I Will Always Love You"

Dolly Parton
Dolly Parton. Foto: Reuters

Tal vez hayan escuchado el rumor: hay quienes creen que los brazos de Dolly Parton, que no se han visto en público por décadas, están todos tatuados. Roseanne Barr afirma haber espiado los esquivos tatuajes (”No hay líneas negras o azules”, dijo en 2011, “solo hermosos arcos de color pastel. Cuando alguien le preguntó a Parton si tenía tatuajes de serpientes en los brazos, ella sólo dijo, “No, no tengo”. Los feligreses tomaron esto como una evidencia de que, al menos, no tiene tatuajes de serpientes.

La popularidad de Parton ha perdutras 50 años de estrellato, aún es un enigma. Llámelo la paradoja de Parton: el suyo ha sido uno de los cuerpos femeninos más analizados en la historia de las celebridades modernas, y sin embargo nadie puede decirle con certeza cómo son sus antebrazos.

“A menudo alguien te sorprende, pero cuando lo conoces, el misterio desaparece”, dijo Jane Fonda, coprotagonista con Parton en la película feminista Cómo eliminar a tu jefe, en 1980. “Con Dolly, el misterio sigue ahí”.

Y ahora, esos misterios cautivan a una nueva generación. A los 73 años, Parton está en lo alto de una trifecta millennial: es el centro de un popular podcast (Dolly Parton’s America); la inspiración de una serie de Netflix (Dolly Parton’s Heartstrings), y la voz de una canción electrónica (“Faith” del dúo sueco Galantis, en la que también particpa un rapero holandés). Y, saben sus casi cinco millones de seguidores en Twitter, puede hacer un meme con “Jolene”, su canción más exitosa.

Sin embargo, en cierto sentido, 2019 es un momento extraño para un renacimiento de Dolly. Es fácil ver por qué alguien como Fonda -una especie de Greta Thunberg octogenaria- está disfrutando un crossover generacional entre jóvenes con conciencia política que no recuerdan sus días de activismo contra la guerra. Parton, por otro lado, se ha mostrado reacia al menor indicio de una declaración política.

El primer episodio de Dolly Parton’s America se centra en parte en la renuencia de la cantautora -que nació en la extrema pobreza en Locust Ridge, Tennessee en 1943-, a proclamarse feminista. A principios de año, su hermana, Stella, dijo estar “avergonzada” de Dolly por no hablar más sobre el movimiento #MeToo. En respuesta, Parton le dijo a The Guardian: “No siento que tenga que marchar, levantar un cartel o etiquetarme. La forma en que conduje mi vida y mi negocio hablan por sí mismo”.

Sin embargo, en los Emmy de 2017, Parton se vio inusitadamente nerviosa cuando subió al escenario para presentar un premio con Fonda y Lily Tomlin, quienes propinaron una improvisada paliza verbal al presidente Trump. Llevando la conversación de regreso a un territorio más familiar, Parton hizo lo que suele hacer cuando sus entrevistas se vuelven políticas o coyunturales: bromeó sobre el tamaño de sus senos.

Lily Tomlin, Dolly Parton y Jane Fonda en los Emmy. Foto: Reuters
Lily Tomlin, Dolly Parton y Jane Fonda en los Emmy. Foto: Reuters

Sin embargo, una de las razones por las que el índice de aprobación de Parton es tan alto es por todos los atributos por los que se la solía criticar: el estilo escandaloso e hiperfemenino; la sumisión comercial sin complejos hacia el pop en los 70; hasta sus cirugías estéticas dejaron de ser un tabú.

Una generación que ha crecido con selfies filtradas por snapchat y feminismo pop parece tener una comprensión innata de que el artificio no niega la autenticidad, o que una inclinación por las pelucas y las uñas acrílicas no impide que alguien sea un genio.

Y Parton, que según confesó, escribió dos de las canciones más gandes de su tiempo ( “Jolene” y “I Will Always Love You”) en una misma noche, sin duda que es una compositora genial. Su talento nunca fue tan reconocido como ahora.

Quizás es por eso que su ADN de diamantes falsos se puede rastrear en artistas jóvenes tan variadas como Kacey Musgraves y Cardi B, por no hablar de la propia ahijada de Parton, Miley Cyrus, quien inspiró a toda una nueva generación de fanáticos de Parton que primero la conocieron como la loca Tía Dolly de Hannah Montana. Parton cantó un dúo con Kesha en su álbum de 2017 Rainbow, un éxito de 1980 que coescribió la madre de Kesha. En los Grammy de este año, cuando Parton fue honrada con el premio a la persona del año por su filantropía, realizó un conmovedor medley de sus éxitos con Katy Perry, Maren Morris y Musgraves.

Es que al igual que Cher, otro icono de 73 años, Parton ha ascendido en los últimos años a un nivel enrarecido de celebridad intergeneracional: una abuela descarada de las redes sociales.

Dolly Parton en 2019 contiene una mezcla única de celebridad anticuada y novedosa. Como las de antes, entiende el estrellato como una especie de pantalla de sueños en blanco en la que las personas proyectan sus propias historias y fantasías. Pero también, mucho antes de las redes sociales, ha conocido la importancia del avatar, la diversión que puede ser una caricatura pública exagerada de uno mismo.

Aún así, el secreto de su permanencia parece estar en lo que mantiene oculto. “Solo lo diré tal como lo conozco, o como lo siento ... o como quiero que lo escuches”, dijo Parton. Como estrategia para crear mística, aún funciona, por lo visto.

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