TRIBUTO

Doce mujeres reviven y resignifican la obra de la folclorista Amalia de la Vega en un disco

Eli Almic, Alfonsina, Florencia Nuñez, Yisela Sosa, Estela Magnone, Carmen Pi, Marihel Barboza y más cantan en el homenaje del Ministerio de Cultura

Amalia de la Vega
Atahulpa Yupanqui, Amalia de la Vega y Santiago Chalar. Archivo El País

No es estrictamente novedad, pues ya pasaron un par de meses de su salida, pero era una pendiente de esta página así que aquí se salda. En octubre, el Ministerio de Educación y Cultura y la Dirección Nacional de Cultura lanzaron en consonancia con el centenario del nacimiento de la folclorista Amalia de la Vega, un singular tributo que revaloriza su obra y la quita de una época y un estilo puntual, para ponerla ahora a jugar en varios terrenos y en varios tiempos.

Era, para las instituciones, “impostergable” hacer este homenaje “de dimensión nacional”, pero hacerlo desde un lugar un tanto osado de poner a dialogar a De la Vega, mujer pionera de la música uruguaya, un tanto olvidada con el paso del tiempo pero de referencia para cantidad de artistas hombres de peso, Zitarrosa incluido.

Así, el disco fue producido por Federico Lima (Socio), Fabrizio Rossi (Alucinaciones en Familia, Mux) y Nicolás Demczylo (Hablan por la Espalda), tres productores modernos y con la sensibilidad del músico inquieto. Y fue interpretado por una docena de mujeres que abordaron la faceta compositiva de la melense, sobre todo en música, aunque en tres canciones en letra y música (“La historia del Tacuarí”, “Mi sentir” y “Mi canción de cuna”).

El repertorio armado podría dividirse en dos: por un lado lo más criollo, lo más cercano a la música original de Amalia de la Vega; por otro, lo más experimental y rupturista respecto a las formas, sonidos y voces.

En la primera mitad entrarían “Alegre corazón”, muy bien cantada por Clara García y con un aporte poderoso del guitarrón de Hilario Pérez. También la versión de Ana Prada de “Qué voy a hacer sin usted” (de las canciones más bellas de la lista), más cerca del bolero; la de Florencia Nuñez de “La historia del Tacuarí”, con acordeón y teclados; “Como un nudo en la pata” por Samantha Navarro, que la acelera un poco; “A mi rancho” por Yisela Sosa y “Cantar del agua del río” por Maia Castro y un cuarteto de cuerdas.

En la otra entran Eli Almic y su notable versión hiphopera de “Año nuevo”, sobre beat de Seba Peralta y sampleando la voz de De la Vega, que así también canta en este disco que la tiene como eje. Y entran “Mi sentir”, con la etérea voz de Laura Chinelli sobre sintetizadores; una plenera “Mate amargo” a cargo de Marihel Barboza, con gran trabajo de sintes y teclados de Rossi; la delicadeza de Carmen Pi al piano para “Mi canción de cuna”, y las dos del cierre, las buenísimas, “Mientras fui dichosa” por Alfonsina y “Estrella de sal” por Estela Magnone.

El cruce está bien logrado, es respetuoso pero original, y es una buena forma de recuperar una memoria para acercarla a estos tiempos y generaciones.

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