La propia discoteca

Un disco que escondía dos mundos: el de Frank Sinatra y el de Antonio Carlos Jobim

Un album clásico que despertó curiosidades musicales y presentó a dos genios

Sinatra y Jobim
Sinatra y Jobim, sociedad de talentos

Cuando, a los 24 años, mi hermano Maximiliano se mudó con unos amigos, lo admiraba por dos motivos: tenía un lugar donde nadie lo molestara y tenía una discoteca con más de 30 vinilos de los que nunca había escuchado hablar en mi vida. En cada una de las visitas, me iba a su cuarto para revisar esa discoteca.

"Ascenseur pour l’efachaud", de Miles Davis; "Living In the Material World", de George Harrison; vinilos de Charlo y Carlos Gardel; y, siempre al lado del tocadiscos, "Francis Albert Sinatra & Antônio Carlos Jobim", la unión de dos de los músicos más importantes del siglo XX. Algo que, a los 14 años, aún no lo sabía. Solo me llamaba la atención esa tapa tan misteriosa, que parecía mostrar a dos genios trabajando en el estudio mientras una espesa nube de humo llenaba el lugar.

Semanas después, encontré el vinilo en la feria de Tristán Narvaja. Por 20 pesos me llevé lo que se volvió uno de mis discos preferidos. Apenas apoyé la púa, sonó “Garota de Ipanema” y me encontré con una de las voces más delicadas y expresivas que escuché en mi vida. Detrás de Sinatra y de los arreglos de vientos, los sutiles acordes -casi pellizcados- de la guitarra de Jobim. Por ese lado iban las hermosas “Quiet Night Of Quiet Stars”, “How Insensitive”, “Meditation” y “Dindi”, tlásicos del brasileño traducidos para Sinatra. Así este disco de 1967 se volvió esencial en mi discoteca y abrió la puerta a la prolífica obra de Sinatra y a la música de Jobim.

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