La banda estrena No hay más tiempo que perder en la Sala Vaz Ferreira

Dinamita está a medio camino entre Brooklyn y el Barrio Sur

El líder de Dinamita & La Swing Factory, Federico Pereda, formó parte de Dsus4, un grupo que llegó a lucirse en el festival Pilsen Rock, después pasó por la glamorosa Limousine, que le exigió radicarse en Buenos Aires y contó con la producción artística de Juanse de Los Ratones Paranoicos. En 2007 otra vez quedó sin proyecto y decidió continuar como Dinamita.

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El grupo se dedica al rock clásico y hace versiones de Aretha Franklin, Janis Joplin y El Kinto.

Alejandra Volpi

El concierto de presentación de su segundo disco No hay más tiempo que perder será el próximo 14 de marzo en la Sala Vaz Ferreira. La banda recurrió a una forma de publicación alternativa que ya probó Fede Graña y Los Prolijos llamada Nuevos discos, una empresa impulsada por los músicos Sebastián Cáceres de Los Hermanos Láser y José López de Socio, además de varios artistas gráficos. ¿En qué consiste? No hay más tiempo que perder puede adquirirse por 400 pesos con el código de acceso inscripto en una remera, que según promete es de muy buena calidad y viene en una cajita. Por esta particularidad le llaman "música en algodón".

"Teniendo en cuenta que en el mundo los discos ya no se venden tanto es interesante darle la posibilidad al público de comprar un producto de valor simbólico, porque hay mucha gente que consume merchandising. El CD lo copiás a la computadora y lo guardás en la biblioteca. De esta manera, en cambio, te lo llevás puesto", opina Pereda.

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Las camisetas con el código para descargar el álbum están disponibles en la página web de Nuevos discos y en los conciertos del grupo.

Se trata de su segunda grabación, perteneciente al rock clásico, con canciones originales en español. El cantante no quería solo colgarlo en Internet porque corría el riesgo de pasar desapercibido y no descarta lanzarlo en vinilo a fin de año.

No hay más tiempo que perder está comprometido con la filosofía de vivir el momento, el cape diem. "Concentra la energía real del rock and roll. Cuando explotaron Elvis Presley y Chuck Berry en los 50 la gente estaba entregada a bailar y gozar el rock. No es una música que te ponga en un vuelo tan mental. Es directo, para disfrutarlo en vivo. Una patada en la cara de rock clásico, bien tocado, natural, orgánico, que contrasta con las tendencias actuales de grabaciones caseras, dominadas por la computadora y muchos arreglos que deshumanizan a la música. Por eso este es un disco de una banda de rock tocando todos juntos".

Para Pereda este trabajo es una especie de tesis personal porque es todo en español. El primero contenía canciones en inglés y le permitió ofrecer conciertos en plan solista en Estados Unidos. Por eso siente que ahora muestra también la raíz y se siente "a medio camino entre Brooklyn y el barrio Sur".

El próximo 8 de marzo Dinamita participará en el festival Rock n Drive de Buenos Aires, que reúne a grupos de rock, fierros motorizados y tatuadores de todo el mundo. Será con entrada libre y participarán también Viticus y Eruca Sativa, entre otros.

"Dinamita es la fábrica en donde puedo volcar todas mis ideas, con músicos increíbles. Acá en Uruguay es más variado lo que se toca, en general se hace fusión, jazz, candombe, en cambio nosotros somos diferentes y de paso metemos mucho blues y soul, y versiones de Aretha Franklin, Janis Joplin, Tótem y El Kinto".

El artista se queja de algunas características del circuito local y lo compara con la realidad en Estados Unidos: "Acá faltan las bandas del medio. En Estados Unidos el circuito es distinto. Empezás tocando para 50 personas y cuando crecés pasás a tener una audiencia promedio de 500 y 1000 y después vas a las masas. En Uruguay ese paso del medio es difícil, o sos NTVG o Buitres o estás haciendo toques muy chicos para 150 espectadores. Nosotros estamos batallando con eso".

Por otra parte, escogió la Sala Vaz Ferreira porque lo atrajo su historia. Diseñada en los años 60 para conciertos de música de cámara, fue silenciada durante la dictadura militar y quedó por muchos años prácticamente sepultada debajo de la Biblioteca Nacional. En ella entran 400 personas.

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