BALANCE 2017

"Despacito": cuando un hit latino se apoderó del mundo

Luis Fonsi se alió con Daddy Yankee y pateó el tablero musical internacional con un reggaetón que bate records

Grammy Latinos 2017

Orgullo o fastidio, sorpresa o decepción, entusiasmo o indiferencia. Pasó casi un año de la aparición de “Despacito”, guste o no un antes y un después en la proyección de la música latina al mundo, y las sensaciones que genera siguen siendo enfrentadas: están los que no se aburrieron de bailar el hit del año, y están los que piensan en romper el reproductor musical en cuestión si el bendito tema vuelve a sonar. Están los que la cantan en el ómnibus, están las maestras que la proponen para los fines de curso, y están los cantantes uruguayos de plena y charanga (Lucas Sugo, por ejemplo) que sacan el tema de la galera para motivar a su público.

Y está además Luis Fonsi, el puertorriqueño que a principios de los 2000 se hizo conocido con baladas como “Quién te dijo eso” o “No me doy por vencido”, y que cuando se percató del giro que el mercado musical internacional estaba tomando hacia los ritmos latinos, decidió arriesgarse y no se equivocó. Con “Despacito”, se convirtió en uno de los personajes del año y en uno de esos nombres que va acompañado de números tan grandes que son ridículos.

Al comienzo de esta nota, “Despacito” tenía exactamente 4.555.351.951 reproducciones en YouTube: es como si más de la mitad de la población mundial la hubiera escuchado una vez. Al cierre, algunas horas después, había ganado un millón de clics más. De verdad, ¿no le parece mucho?

Despacito
"Despacito", el tema del año

Es, por supuesto, el video más visto de la plataforma hasta ahora, con más de mil millones y medio (sí) que “Gangam Style”, aquel hit del coreano Psy que supo romper el contador de visualizaciones de YouTube cuando pasó los 2.000.000.000 clics. Y es además, gracias al remix de Justin Bieber, la primera canción en español en alcanzar el primer puesto del ranking Hot 100 de Billboard desde “La Macarena”, en 1996.

Y siguiendo esa línea, ese mismo remix lideró todas las listas de éxitos de canciones de Billboard, alcanzando el récord que tenían Mariah Carey y Boyz II Men con “One Sweet Day”, canción que permaneció 16 semanas al frente del Hot 100 entre 1995 y 1996. Hace 48 semanas que está dentro del ranking, y parece inamovible.

Además, “Despacito” fue número uno en 37 países, y consiguió 85 discos de platino y otros 43 de diamante. O sea, esa canción que fue banda sonora de ómnibus, tiendas y radios en Uruguay, se expandió con la misma intensidad por el mundo, tanto que hubo tres italianos que se hicieron virales en internet por ironizar con el cansancio que les generaba el tema al mismo tiempo que no podían dejar de cantarlo. En la red, de hecho, se pueden encontrar versiones en todos los estilos e idiomas imaginados.

La frutilla de esta torta fueron los cuatro Grammy Latinos obtenidos (incluyendo, obvio, canción del año), y tres nominaciones a los Grammy en las categorías más importantes: disco del año, canción del año, y mejor duo o grupo.

Dicho así puede sonar poco relevante, pero hay que remontarse al año 2000 para llegar a la última vez que una canción latina compitió en las principales categorías de estos premios. Fueron dos, en realidad: “Smooth” de Carlos Santana con Rob Thomas, y la versión en inglés de “Livin’ la vida loca” de Ricky Martin. El mérito del tema popularizado por Fonsi es todavía mayor, porque a diferencia de esas dos, es una canción en español. Es obvio que el remix de Bieber fue un impulso importante para la composición de Fonsi, Gabriel García, Erika Ender y Daddy Yankee (que tras distanciarse de su colega, asegura que ya no cantará este hit), pero también es cierto que Bieber se integró a la canción cuando ya estaba sonando por todos lados, cuando ya era un éxito.

La pregunta que sigue surgiendo es, igualmente, por qué “Despacito” impactó de esta manera, por qué es esta la canción del año y no otra. Y habrá algo de suerte en el medio, pero también hay una estructura llamativa que funciona como un círculo vicioso del que es difícil salir.

La canción, que arranca con un cuatro y una guitarra española y muta hacia el reggaetón, con un piano con filtros, un bajo bien cumbiero y con Fonsi y Yankee cantando una letra sensual pero no explícita ni misógina, esos dos aspectos que tanto se le critican al género, parece no ir a ningún lado. Los cortes bien marcados dan paso en general a algo inesperado, teniendo en cuenta las estructuras convencionales de las canciones: en vez de explotar el estribillo baja, y sigue bajando a medida que se repite; y el subidón queda reservado para el post estribillo. Así va el tema hasta la mitad, y después del rapeo de Yankee quedan dos minutos de juegos en base al estribillo, que se arma y rearma, se libera de toda instrumentación para recuperarla de golpe, y entonces la intensidad del tema se sostiene durante los poco más de cuatro minutos.

“Despacito” confirmó la tendencia de los últimos años, la del crecimiento latino y su sonoridad, que se fue colando en los más variados mercados, sin discriminar idiomas ni costumbres. Shakira, Maluma y J Balvin, entre otros, han llevado al reggaetón y al género urbano por el mundo, y las discográficas se han encargado de invertir el juego y hacer que los artistas pop del hemisferio norte empiecen a familiarizarse con lo caribeño. Si fue un fenómeno aislado o si es una conquista definitiva, eso solo lo dirá el tiempo.

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