Juan Casanova

"El desafío del rock es transmitir valores humanos en tiempos de guerra"

La voz de Traidores canta hoy en Inmigrantes, y antes habla de rock y de lo que se viene

Juan Casanova. Foto: Marcelo Bonjour
Juan Casanova. Foto: Marcelo Bonjour

Dos cafés, unas cuantas risas, algunas pausas largas para un par de reflexiones personales y un constante movimiento nervioso de manos en un bar en el que se siente como en casa, son el contexto para una charla con Juan Casanova que, asegura, hoy empieza a retirarse de los escenarios. Promete que su alejamiento no va a ser de esos eternos, pero admite que será paulatino porque todavía no se ha puesto una fecha para su última presentación en vivo.

Sin embargo, siente que está emprendiendo la retirada, y la vuelta a Poesía de guerra tiene que ver con eso. Hoy a las 21.00 en Inmigrantes, Casanova hará su show más personal, su biografía en canciones, y luego se enfocará en algunas cosas que le quedan pendientes: más actividades con el colectivo Enlaces que promueve, más tributos a Legião Urbana y, también, un disco solista, “que es algo que tengo en el tintero hace muchísimos años, y no tiene que ver con mi ego, sino con que hay muchas canciones”, asegura.

A este "Poesía de guerra" de hoy, Casanova le agrega un componente emotivo.

Porque la esquina de Juan Paullier y Guaná donde cantará justo en la víspera de su cumpleaños 52 es la misma donde, con unos entonces jóvenes Traidores, compraban medio y medio para irse a componer a la Plaza Varela; la misma que es parte de una zona donde nacieron cantidad de canciones de su repertorio, la misma esquina que queda a dos cuadras de la casa en la que, alguna vez, la banda clave del rock uruguayo posdictadura dio su primer show.

“Pero yo no hubiera sido Juan Casanova, el cantante, autor y compositor, sin la ayuda de otro montón de artistas, desde Víctor Nattero a Guzmán Mendaro, Pedro Dalton, Sebastián Teysera, Luciano Supervielle y tantos amigos”, dice, y se entusiasma con la posibilidad de compartir, ahora, escenario con Lucía Torrón, a quien bautiza como su heredera. “Y me encanta que sea una mujer, joven y de mi barrio”, dice.

Desde Enlaces, ese colectivo que encabezó con Sebastián Teysera y que reúne a artistas de varias generaciones, Casanova se muestra particularmente preocupado por promover la participación femenina en el rock que, dice, no sólo la merece sino que la necesita. “Me gustaría ver a más mujeres empuñando bajos y guitarras eléctricas como armas”, afirma.

—Cuando empezaron con Traidores, ni se cuestionarían si había o no mujeres.

—No, porque la situación para nosotros era de guerra, y en la guerra teníamos que hacer lo que estábamos haciendo. Recuerdo que en el Montevideo Rock I estuvo Patricia Sosa, no sé si Fabi Cantilo, pero eran muy poquitas. Y para el Montevideo Rock del año pasado Enlaces incorporó a un montón de mujeres, y se tuvo en cuenta que estuvieran representadas en la grilla, dentro del panorama acotado que tenemos.

-—El inicio de Traidores fue en situación de guerra, este show es Poesía de guerra. ¿Cuál es tu guerra hoy?

—(Piensa) Antes veníamos de una guerra muy particular y peculiar en el país. Ahora es una guerra contra la humanidad, porque todos podemos compartir que los niños son el tesoro más preciado, y nunca hubo tanta esclavitud infantil o niños encarcelados por regímenes nefastos, como ahora. Eso es lo que me preocupa, y trato de transmitir ciertos valores. Ese, me parece, es el gran desafío para el rock de ahora: transmitir valores humanos en tiempos de guerra.

—¿Cuál es la canción de Poesía de guerra que más te remueve cantar con 52 años?

—(Piensa) Vaya pregunta. Creo que cualquiera de las de Montevideo agoniza que voy a cantar, 30 años después, remueven mucho no sólo por lo que significaban para mí, sino porque hoy, en otro mundo, hay gente que encuentra una lectura contemporánea para esos temas, y es muy shoqueante cómo lo que vos querías transmitir se resignifica.

—¿Vos también les encontrás lecturas actuales?

—Totalmente. “Flores en mi tumba” era de adolescentes que no veían ningún futuro. En la época en que la compusimos, el año 2000 era algo a lo que nunca iba a llegar: estaba convencido de que me iba a morir muy pronto. Y ahora, cuando la dictadura es global, hay muchos jóvenes que se sienten identificados porque también tienen esa incertidumbre existencial que teníamos. Creo que por eso las canciones perduran: porque no contienen respuestas, sino preguntas existenciales.

—¿Ahora sos más optimista con el futuro?

—No, para nada.

—¿Te imaginás viendo un Mundial en 2030, por ejemplo?

—Espero que no. Espero reventar antes como una chinche.

—Si lo ves como algo paulatino, ¿por qué hablás con tanta convicción de tu retiro?

—Porque lo siento así, porque no es un plan. Ya no sé si estaría en condiciones de encarar una banda como Traidores, porque cumplo 52 años y desde los ochenta estoy en esto.

—Y te sentís cansado.

—Claro, porque para mí, cada presentación en vivo es a todo o nada. Pero así como hace 30 y pico de años salí a la calle a decir lo que sentía y pensaba, ahora siento lo contrario. Es muy gracioso, pero percibo la despedida. Y no es nada dramático. Es que hay una necesidad, y puede sonar pomposo, de dejar una especie de legado vivo, de pasar la antorcha.

—¿Por qué sentís a Lucía Torrón como tu heredera?

—Noto muchos paralelismos entre lo que yo vivía y lo que ella vive. Son mundos diferentes, pero el acercamiento pasa por la realidad humana. Compartimos muchísimos conceptos, hay muchos puntos en común, y hemos encontrado una química que no he tenido con otras personas, ni siquiera con grandes amigos compositores. Lucía es un talento natural; lo mismo sucede con otro amigo del barrio, Fede Julen.

—En Enlaces pasó algo mágico con Fede Morosini de Julen y la Gente Sola. Se te vio emocionado con él, conectado por algo que iba más allá de lo de las nuevas generaciones.

—Sí, tenés razón. Fede la rompió ese día, nunca lo había visto tan prendido fuego. Y realmente me conmovió porque me vi reflejado, dije: “¡Yo era así, como él!” (se ríe). Me pasa poco de sentirme representado sobre todo por los nuevos artistas, y aunque las cosas que Fede canta son muy diferentes a las que yo cantaba, me siento identificado en su postura.

—Resaltabas el aporte de un montón de artistas en tu carrera, pero por otro lado, ¿sentís que se te ha quitado cierto mérito como compositor?

—No, no. Quienes realmente me aprecian como compositor no lo tienen que decir (se ríe). No me siento relegado para nada; yo soy muy consciente de lo que implica ser un personaje público, que es bastante infame muchas veces porque estás expuesto. Sé cómo es esta cosa y no necesito que me adule nadie; hago esto porque lo siento y es mi vida. Yo nunca fui un cultor de mi propio ego, por eso es sumamente enriquecedor tener que contar con otros artistas. Mi show no es un culto a mi persona: es algo que hago por el disfrute de compartir.

FICHa

Así es su “Poesía de guerra”

Hace dos años que Juan Casanova no visita Poesía de guerra, su show personal que inauguró en el año 2000, y al que hoy vuelve acompañado de Hernán Romay, Gonzalo Zipitría y Lucía Torrón. La cita es en Inmigrantes a las 21.00, y se consiguen entradas en el lugar. “Poesía de guerra está enfocado en, como me gusta decirle, mi biografía en canciones, el soundtrack de mi vida, del cual yo soy en buena parte autor”, dice Casanova, que hoy visitará temas de sus bandas Traidores y Assimo, así como de Legião Urbana, Elefante, Buenos Muchachos y más.

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