MAIA CASTRO

Una década de tango y búsqueda

La cantante celebra los 10 años de su proyecto solista, el jueves en la Sala Zavala Muniz.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Maia Castro. Foto: Marcelo Bonjour

Antes de empezar a presentarse como cantante solista y de acomodar su repertorio de canciones entre el tango y otros ritmos criollos, Maia Castro dice que hizo "otros millones de cosas" que tenían que ver con la música.

Aprendió a vencer la timidez y otras tantas lecciones vinculadas en el escenario con la Antimurga BCG, de la que su padre es miembro fundador y donde la dirigió Jorge Esmoris.

Después fue parte de la banda Malena Morgan, con la que entró por primera vez a un estudio a grabar y donde además compartió tiempo y espacio con Gustavo Pena, El Príncipe. Y aprendió a tocar la guitarra.

También hizo cosas al margen de la música, como una carrera de Antropología que después de estar años en pausa —casi 10— ahora retomó. Le falta entregar la segunda parte de la tesis para recibirse, aunque no tiene intenciones de ejercer. Se trata, más bien, de cerrar aquella vieja etapa inconclusa.

Pero nada de eso entra en estos 10 años que Castro festejará el próximo jueves desde las 21:00 en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís, espectáculo para el que las entradas están en venta en Tickantel y boleterías a 350 pesos (ver recuadro).

—¿Hace 10 años qué estabas haciendo? ¿Cómo empezaba todo este proyecto?

—Hace 10 años arrancaba a cantar en bares. Toqué durante todo 2006 en todos los Don Trigo, que ya no existe más, sola con mi guitarrista. Ahí había muchísimo tango, no habían todavía composiciones mías y eso me llevó a ganar un premio Iris cuando arranqué y me llevó, en 2007, a entrar a estudios y a grabar mi primer disco.

—¿Qué había en ese disco?

—Obviamente era el reflejo del espectáculo que yo estaba haciendo con mi guitarrista, pero ya sumaba algunos elementos como la percusión, o el pianista Horacio Di Yorio que ya se incorporó. Y a partir de la grabación ya empecé a formar la banda y a mostrar algunas de mis composiciones. Enseguida vino una ida a Francia invitada por una empresa, para hacer una especie de intercambio cultural con músicos de Marruecos, Francia, España y China, que fue divino para mí. A la vuelta ya empecé a pensar en un segundo disco donde sí habían composiciones mías, y todo se empezó a encaminar.

—¿Y qué te acordás de aquellos toques en los bares?

—Yo era bastante tímida y me costaba mucho hablar, no tenía la contención de la banda y era la que tenía que encarar al público. De a poquito me fui aflojando y dándome cuenta de que si estoy muy nerviosa prefiero no hablar hasta tranquilizarme, y cantar: cantar me pone nerviosa pero me libera, ese es el terreno donde me siento más segura.

Pasado.

"También me acuerdo de una vez que toqué en Parque Rodó, que había un guitarrista que yo conocía y cuando terminé me vino a felicitar, pero me dijo que tenía que agarrar más el estilo del tango para cantar, poner más vibrato", dice Castro, a quien cada tanto se le acerca alguien a decirle que lo que ella hace es muy lindo, pero que en realidad no es tango.

"Me acuerdo de mirarlo y decirle que no, que mi estilo de cantar era ese y no me interesaba ir para ese lado, para el que ya habían un montón de cantantes. Y se quedó medio duro porque claro, él era la autoridad", señala la cantante.

De aquella época también se acuerda de un señor que, durante toda su estadía en Don Trigo, la siguió fervientemente pero al que después no vio más. Hace dos años, en pleno show en la Sala Hugo Balzo, escuchó una voz familiar que desde el público le pedía el tango "Uno": ahí estaba él. No cumplió su pedido porque claro, "Uno" ya no es parte de su repertorio. Pero se alegró de verlo ahí.

"Me costó bastante decidir que quería armar mi proyecto, decir lo que quería hacer, también por todo lo que implica: tenés que ponerte la mochila y remarla vos", dice volviendo a aquel 2006 en el que empezó a presentarse con su nombre.

Con los shows de bares empezó a ganar público, a notar que había interés por conseguir material grabado suyo, y también empezó a vivir de la música. "De hecho, cuando dejé de tocar en boliches fue un momento de transición, pero tenés que tomar la decisión por cuestiones artísticas", admite. "Pero me gusta mucho más la sala".

"Me costó decidir que quería armar mi proyecto". Foto: Marcelo Bonjou

Presente.

De alguna manera, Maia Castro cambió el boliche por los teatros y las giras por Europa, a donde este año volverá por cuarta vez para tocar en algunos lugares nuevos a los que le interesaba ir. Estará en el club de jazz más importante de Gotemburgo y en el Festival Internacional de Guitarra en Upsala (el club de jazz y el festival son en Suecia), y además en el Festival de Tango de Polonia.

"Cuesta mucho posicionar la música uruguaya en Europa, más si es tango, porque siempre se asocia con Argentina. Pero con los músicos uruguayos pasa lo mismo que con los futbolistas: somos tres millones y medio, pero es increíble el talento que tienen. Y si vas y hacés las cosas bien, está todo dicho: te van a volver a llamar", dice sobre sus constantes regresos al viejo continente.

Y Maia Castro hace las cosas bien, eso es cierto. Es buena cantante y muy buena compositora, y con ambas destrezas le aporta modernidad a su tango que no es, por supuesto, el tango convencional. Su mejor disco es el último, Milongas, tangos y otros vientos, porque fue grabado en vivo: es en el escenario donde su magia pasa y es en el escenario donde se luce como intérprete. Es genial.

Por ahora solo está pensando en un nuevo disco de estudio (ya tiene Maia Castro, Lluvia inerte y De saltos y otros vientos), del que sabe, apenas, que seguirá esta línea que viene trabajando. "No me pongo la presión de hacer un disco cien por ciento con composiciones mías, se verá. Tengo un montón de medias canciones", bromea.

—El año pasado presentaste en Paullier y Guaná una canción feminista...

—Feminista me suena raro.

—Pero lo es.

—Es una canción que relata lo que vivimos las mujeres constantemente. Yo vivía en el Parque Rodó, había una barrita de pibes que paraba en la esquina y yo pasaba en bicicleta todos los días, y me decían cualquier cosa. Un día que los escuché bien porque iba sin auriculares, di la vuelta y les dije: "Paso todos los días por esta esquina. ¿Todos los días me vas a decir algo? Yo vivo ahí, si me querés decir algo me tocás timbre y hablás". Nunca más me dijeron nada.

—Pero me sorprendió, más allá de esto, porque tus canciones son más introspectivas.

—Eso tiene que ver con un cambio mío en la forma de componer. También puedo salirme de mis cuestiones personales, aunque esto es algo personal, y puedo hablar de otras cosas con el mismo involucramiento que hablo de mis sentimientos. Es una búsqueda.

Festejo en vivo: "va a ser irrepetible".

"El show va a ser un repaso de todo lo hecho, retomando canciones que hace años que no toco. También va a haber alguna canción de los homenajes de los que he participado, de Alfredo Zitarrosa y Eduardo Darnauchans", cuenta Castro sobre el show del jueves.

"Decimos que va a ser irrepetible porque seguramente esas canciones no las volvamos a tocar, y porque los invitados que vamos a tener va a ser difícil que los tengamos de nuevo", por cuestiones de agenda. La acompañarán Fernando Santullo, el cuarteto Milongas Extremas, Toto Méndez y sus guitarristas, además de la banda estable de siempre.

"Estamos recontentos y ensayando bastante, porque está bueno retomar canciones y volver a arreglarlas. Al cantarlas me doy cuenta cómo ha cambiado mi manera de interpretar y de cantar en este tiempo", dice. Hasta ahora ningún tema le planteó dificultades a excepción de "Beibi", de El Príncipe, que había grabado para su primer disco y volverá a interpretar.

Castro, que destaca por el vestuario de sus shows, usará en la Zavala un diseño de Ana Livni. "Diseñan en función de lo que soy yo, de la música que hago y de cómo me muevo en el escenario. No hay nada peor que estar incómoda ahí", asegura.

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