Entrevista

Con Dani Umpi, que presenta disco en La Trastienda: "En el fondo soy medio darky"

El cantante presentará Lechiguanas el 29 de marzo en La Trastienda

Dani Umpi. Foto: Catalina Bartolomé
Dani Umpi. Foto: Catalina Bartolomé

Cantar en Montevideo es como cantar en casa, dice, y su sonrisa deja en evidencia todo lo que eso significa. Dani Umpi puede ser “recanchero” en cualquier lugar y ante cualquier público, menos ante el uruguayo. Las caras conocidas lo condicionan.

Sin embargo, hay dos cosas que entusiasman a Umpi de cara al show que dará el 29 de marzo en La Trastienda, donde presentará su último disco, Lechiguanas. Por un lado, será la oportunidad de encontrarse con una generación nueva que lo escucha; por otro, será otra chance para ver cómo Lechiguanas supera expectativas.

—¿Lechiguanas rompió los límites de tu público?

—Lo amplió. No es que sea un disco más maduro; es más barroco, pero más particular que los otros, que eran raros, tenían algo más autoparódico. Este no: tiene buena producción, lo canté bastante en vivo, rearmé mi banda, y la aceptación fue rebuena. Ahora estoy juntando canciones que no quedaron en el disco, y voy a subirlo a Spotify. Es una mezcla muy heterogénea de remixes, maquetas, de todo, pero está bueno porque es como quedar medio en cero.

—¿En vivo se potencia lo rockero del disco?

—No. Tenemos una guitarra que la ponemos en punteos o generando climas, medio a la altura de los sintetizadores, que son la estrella. A mí me encanta la guitarra en vivo. Hasta hace unos años tocaba con un guitarrista de La Patagonia, Leandro Olmos, que viene del hardcore y le daba mucho poder al vivo. Pero está bueno ir cambiando.

—¿Cómo le pegó la cultura brasileña a tu formación artística? Hacés un par de covers en tu show, y nunca había pensado en lo norteño de tu música, habiéndote criado en Tacuarembó.

—Un montón, y en mi obra plástica más, porque todo el tiempo estoy citando artistas brasileños. En mi casa siempre se escuchó mucha música brasileña, y para comprarme discos, iba a Brasil. Toda la información musical, cuando no había internet, me llegaba vía Brasil. Y me acuerdo de ir a las radios de Tacuarembó, que era donde yo grababa la música, y siempre tenían los compilados de las telenovelas brasileñas.

—El drama telenovelesco está muy presente en Lechiguanas. “La yuta” tiene algo medio Gloria Trevi, en ese plan.

—Sí, a mí me encanta el drama queen. Y “La yuta” originariamente no era una canción para mí. Estuve un tiempito en México, y allá tuvimos la invitación, a través del sello, de hacer unas canciones para una cantante pop, María José. Hicimos tres temas con Marica Mala, un amigo de La Plata que tocaba conmigo, y no fueron seleccionadas. Una de esas era “La noche”, que la agarramos, la cambiamos toda y le pusimos “La yuta” y una letra que tiene más que ver conmigo. Pero tiene esa estructura pop que va subiendo y subiendo, como “El amor” de Massiel. Es esa cultura de la radio AM, me gusta un montón.

—En el tema “Cleopatra” decís: “Cleopatra entrando en Roma descubrió lo mismo que yo cuando sonaba el cuenco, y se abrió el chakra de mi voz. Bailaste para mí una canción de Glee, con tu seguridad tan vertical: Goliat y David”. En esa estrofa está sintetizado lo amplio de tu obra: la cultura romana, lo esotérico, lo bíblico, una serie pop...

—(Se ríe) ¡Todo junto! En mi cosmogonía siempre están esos elementos: un tono melodramático y muchas referencias salpicadas de diferentes cosas que me van interesando. Las letras se van complejizando.

—¿Y en qué crees?

—Soy un librepensador. Me interesa mucho la kabbalah; soy de formación cristiana, pero no soy cristiano. Me gusta mucho la alegoría hermetista, todo lo que tiene que ver con la alquimia, como poesía y filosofía, pero no sé si es una espiritualidad. Hay algo que sintoniza con símbolos más arquetípicos, pero está mezclado, ¿viste? Es como mi pornografía: todo el tiempo estoy leyendo de teosofía, antroposofía, cosas que pueden haber caducado pero de un imaginario que me gusta mucho. En Uruguay, que es muy laico, hay mucho de eso, y Montevideo está lleno de cosas herméticas.

—Y hay toda una nueva generación que está buscando refugio en espiritualidades antiguas y alternativas.

—Bueno, Filip Custic (el artista español con quien compartió una charla en el Centro Cultural de España): su obra está llena de símbolos alquímicos, es pura simbología, y es lo más millennial que hay, aprende por YouTube. Son cosas que reaparecen en el caos de información. Y su respuesta siempre es metafísica, tiene ese viaje re interesante en un artista chico.

—¿Al arte lo tomás como si fuera una cuestión de fe, de creencia?

—Yo no lo uso como algo terapéutico. En realidad sí: hago un trabajo obsesivo, pero no lo veo como un espacio de trascendencia. Sí como un camino que construís como querés, con tus códigos, y ahí sí puede que cumpla una función espiritual. Pero se ve con el tiempo.

—Pregunto porque Lechiguanas está atravesado por el concepto de rescatar, a alguien o a uno mismo, de la oscuridad.

—Sí, en ese sentido es el más conceptual. Es eso, tal cual: el lado oscuro inconsciente de uno, la luz en la oscuridad... Es más jugado que otros. Pero me gusta, porque en el fondo yo soy medio darky, y ahí estoy en equilibrio. Es como una cosa gótica pop (se ríe).

—Pero no es ni ahí un disco oscuro; de hecho, es un disco que levanta el ánimo.

—Es como una pulsión de discoteca pero con un diálogo interno. Los discos anteriores eran las charlas que yo escuchaba cuando iba a bailar: siempre tomé nota de lo que hablaban mis amigas, siempre con una libretita. Este es más de adentro.

—Despejame una duda existencial: ¿en “Tebas” hay un guiño a “Creep” de Radiohead?

—Ay, ¿sabés que me lo han dicho? Sinceramente, si la tuve fue muy inconsciente; pero como cinco personas me lo han dicho, y no lo entiendo. Pero viste que el pop es referencia de referencias: todo está codificado.

Ficha

Los detalles del show en Montevideo

El viernes 29 de marzo a las 21.00, en La Trastienda, Dani Umpi presentará su disco Lechiguanas, de 2017 y de lo mejor de su carrera. Viene con su banda, y antes estarán en escena la local Lucía González, y la argentina Lisa Cerati con un DJ set. Las entradas están en venta en Abitab, desde 450 pesos.

En el show, Umpi se concentrará en el repertorio del nuevo álbum y hará “un par de canciones viejas, pero no más, porque me aburro”. Además incluirá algún cover, seguramente de la música brasileña, y quiere versionar a Kevin Royk.

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