Carnaval 2018

Curtidores de Hongos tuvo su gran noche; Cyranos es favorito y C 1080, candidato

La Bohemia mejoró su performance, pero igualmente mantuvo altibajos

Curtidores de Hongos
Curtidores de Hongos. Foto: Marcelo Bonjour

Curtidores de Hongos tuvo una segunda rueda de altísmo nivel, confirmando lo que había asomado en la primera rueda, pero con una diferencia sustancial: ahora sí rindieron en plenitud sus pasajes humorísticos, lo que determinó una propuesta muy equilibrada con los restantes climas de reflexión y poesía. 

Hasta su presentación de anoche, la murga que dirige Daniel Carluccio era una de las seguras liguilleras.

A esa condición ahora se suma la posibilidad de ir a la zona alta de la tabla, considerando que la función del pasado viernes fue una de las más contundentes entre las murgas que pasaron por el Ramón Collazo.

El espectáculo Miserias es una propuesta integral y armónica entre sus rubros visuales, la sonoridad y su texto, cuyo trasfondo mira críticamente las conductas oscuras del individuo, donde los momentos de risa son esenciales y operan como válvula de escape para un argumento que discurre, como su nombre lo anuncia, por un tono de moderada opacidad.

Curtidores de Hongos ofrece múltiples texturas y paisajes al espectador: belleza poética en presentación y despedida, logradísimos arreglos corales y un tono de canto envolvente, así como momentos intensos en su popurrí de actualidad.

También deleita con reflexión en su canción sobre los abusos y posee golpes humorísticos de alto voltaje en su cuplé sobre los terapeutas, que fue el clímax de una actuación muy pareja y rítmica, donde todo fue muy disfrutable, sin lagunas ni puntos bajos.

Ademas, mejoraron su cuplé sobre la envidia, tomando en cuenta que el momento que lo antecede (la imitación al intendente Daniel Martínez, que estaba en la platea) funcionó notablemente y puso al espectador rápidamente en la sintonía del show.

A una notable segunda rueda en lo interpretativo se le deben valorar también las voces de Julio Pérez, Freddy Bessio, Rafael Bruzzone y Sebastián Martínez, un cuarteto de élite, que dio vibración en los momentos justos.

Dentro de un planteo colectivo también sobresalieron las actuaciones individuales de Gustavo Uboldi y Matías García, pilares fundamentales para la continuidad de una propuesta muy bien libretada, que volvió a sorprender y puede ser una apuesta real para subirse al podio.

Humorismo clase A

El cierre de la etapa correspondió a Cyranos, el favorito de su categoría y uno de los mayores candidatos a ser el mejor espectáculo del 2018. 

Presentaron un trabajo desbordante de creatividad e ingenio, con sólidas interpretaciones y un entorno visual sobresaliente.

Jimena Vázquez destacó entre un elenco de al menos una docena de actores que pisan firme en escena, a quienes el texto otorga todo el soporte y los pone, en algún momento, como verdaderos protagonistas.

Si el jurado decide otorgar la máxima distinción individual del carnaval a una mujer, Vázquez es una apuesta cantadísima. 

El mayor mérito del grupo es conjugar múltiples estilos de humor: chistes, imitaciones, gags, situaciones, enredo, humor directo y absurdo, a través de representaciones de mediana duración, que transcurren con un pulso dinámico, pero sin perder de vista que cada uno de ellos necesita de su tiempo.

Es una propuesta incluyente, de buen gusto, que marca un mojón en la construcción de una sensibilidad humorística exquisita: ¡imperdible!

Candombe y murga

C 1080 es el espectáculo visual por excelencia del carnaval 2018.

Su trabajo se denomina Música Negra y propone un apasionante relato que describe el trayecto del candombe y su sonoridad desde la África tribal y milenaria hasta nuestros días, con dos énfasis especiales: “El sincretismo musical” resultante de la mezcla de los ritmos procedentes del corazón del continente negro, y de Europa, así como una cálida mirada sobre el desarrollo del candombe en los conventillos, cobijado por los patriarcados de las familias Silva y Gularte. 

Tiene una estupenda puesta en escena, que cuenta con un soporte musical cadencioso, melódico y dulce, a cargo de Hugo Fattoruso y Albana Barrocas.
Para esta segunda rueda fueron mejorados los aspectos sonoros, sobre todo al inicio del espectáculo.

No obstante, a la comparsa de la familia Silva aún le queda por ajustar los volúmenes de la orquesta y coro, teniendo en cuenta que este último estuvo superado, en volumen, por la orquesta. 

Además de la riquísima construcción literaria, la propuesta habla con imágenes.

Ellas son fundamentales y sostienen el desarrollo cronológico por el que transita la comparsa: el verde sitúa al espectador en África para dar cuenta de los orígenes musicales del candombe, el rojo del flamenco explica la fusión de aquellos sonidos con la música popular europea, una vez que ambas se juntan en estas tierras; los colores del Medio Mundo y Ansina indican el tránsito musical por los conventillos, mientras que el celeste, blanco y amarillo son empleados para trazar la correspondencia de dicha música con la identidad y la cultura uruguaya, en una poderosa imagen que cierra un show de excelencia.

A segunda hora actuó la murga La Bohemia, con una superación de lo presentado en la primera rueda, instancia a la que había llegado con algunos desajustes. 

La propuesta ganó dinámica esta vez, en especial en sus intermedios.
Se trata de una propuesta con altibajos y disparidad en sus textos, basados en tres bloques centrales: una batería de crítica al inicio, un cuplé sobre los periodistas y otro sobre un consejo de ministros, que da garrote y apunta a la crítica.

Su mejor momento es una emotiva despedida a los directores de antes que, por transitiva, rinde homenaje a Juan Álgel “Peladito” Díaz, quien estuvo en escena, a sus 74 años, bailando y comandando al coro como en sus mejores épocas.

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