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Crónica del show de Patti Smith en el Teatro de Verano: heroína punk que trajo luz

El miércoles, la cantante y poeta dio un concierto en Uruguay que sirvió como proclama de libertad y mensaje de esperanza

Patti Smith en el Teatro de Verano. Foto: Fernando Ponzetto

"Mírense las manos, mírense las manos", repite con rabia desde el escenario, y un pequeño mar de dedos es bañado por la luz del Teatro de Verano. “Ustedes no desaparecieron. Ustedes existen”, dice Patti Smith y asegura que nunca más nos encadenarán, porque somos —y seremos— libres. “We are free fucking people”, grita y entonces, cuando nos pedía que sintiéramos la sangre en las venas, lo que podíamos sentir era la épica. Era ese grito libertario y rebelde que la convirtió, a fuerza de shows y de una obra más fundamental que prolífica (11 discos de estudio y una veintena de libros en más de 40 años de recorrido), en la heroína del rock and roll. Una heroína que no necesita de nada, porque adentro tiene todo.

Si en los momentos cumbres de la presentación de la estadounidense Patti Smith y su banda en el Teatro de Verano, nos hubiera pedido que hiciéramos una revolución, que saliéramos a cambiar la historia en forma de estallido social, estoy segura de que la mayoría lo hubiera hecho sin preguntarse demasiado los motivos. Un poco llamó a hacer la revolución, pero por dentro, con urgencia pero en paz.

De su mensaje concienzudo ha hecho su bandera, una bandera que tiene que ver con la hermandad, la empatía, la defensa de los derechos humanos, y sobre todo el cuidado amoroso y responsable de la naturaleza. Y la libertad, su forma de ser la reina sin corona del punk.

Patti Smith en el Teatro de Verano. Foto: Fernando Ponzetto
Patti Smith en el Teatro de Verano. Foto: Fernando Ponzetto

Para cuando Smith pidió, el miércoles, que nos miráramos las manos y sintiéramos la sangre y la existencia, su show en el contexto del Primavera 0 —tras una apertura muy a tono y muy climática protagonizada por Pedro Dalton y Luciano Supervielle, que cerraron su set invocando el nombre de la poeta punk— ya había crecido y se había solidificado.

Si las iniciales “Dancing Barefoot” y “Redondo Beach” que sonaron poco después de las 21.30, se escucharon más bien bajas, titubeantes, la transición se dio mientras nos sacudíamos los fantasmas con “Ghost Dance”, y para “My Blakean Year”, dedicada al Conde de Lautréamont “y a todos ustedes, poetas”, ya todo estaba perfectamente acomodado.

“Beds Are Burning” de la banda Midnight Oil puso al rock and roll y al activismo a bailar de la mano de forma desenfrenada, con un recitado en el que Smith llamó a despertarnos y escuchar el llamado de la Madre Naturaleza, un llamado que resignificó a partir de incendios forestales que se han dado alrededor del mundo, la selva amazónica incluida. Y tras semejante envión, vino “Beneath the Southern Cross”, mantra asentado en dos acordes repetidos una y otra vez; dedicado esta vez a los desaparecidos y a aquellos padres y madres que siguen esperando una aparición, una respuesta. Y vino el pedido de mirarse las manos, y vino el grito de libertad y ahí, mientras su espectacular banda se entregaba a un tenso e intenso pasaje instrumental, una improvisación que repiten en cada show, Smith se metió a todo el público uruguayo en el puño. Y no lo soltó nunca más.

Patti Smith en el Teatro de Verano. Foto: Fernando Ponzetto
Patti Smith en el Teatro de Verano. Foto: Fernando Ponzetto

La segunda mitad del recital fue en permanente ascenso, y la poeta dejó en el escenario todas las caras que tiene. Fue puro desacato en “Free Money”, el momento más rockero de la noche, en el que intercaló escupitajos en el estribillo con una poderosísima interpretación vocal entre graves y carraspeos. Fue todo ternura cuando, a la vuelta de un descanso mientras su banda ejecutaba “Walk on the Wild Side” de Lou Reed, apareció sonriendo y trenzándose el pelo. Por momentos jugó a ser sensual, por otros bailó vigorosamente, por otros dejó ver su cansancio (tiene casi 73, y no se notan) pero con gracia; y hasta fue todo amabilidad cuando algún desubicado interrumpió un momento importante con un grito que la dejó alerta. “¿Qué hice, qué dije mal? ¿Dije mal ‘Montevideo’? Siempre digo todo mal”, comentó con una sonrisa y cerró el momento descolgado de la noche diciéndole, a su interlocutor invisible: “¿Sabés qué? Mandame una carta”.

Mientras mostraba todas esas caras suyas y movía las manos con la sutileza y la precisión de una bailarina de ballet, y funcionaba como centro gravitacional para las miradas y la atención de todos los presentes, hizo que el setlist (bien ajustado al que tocó en esta gira regional que cerró anoche en Argentina) siguiera por su tramo más contundente. Entonces llegaron la versión a piano de “After the Gold Rush” de Neil Young, el in crescendo desesperado de “Pissing in a River”, y la despedida con los clásicos “Because the Night”, “Gloria” —cualquier calificativo que se le pueda agregar a lo que fue ese momento, no estará a la altura— y “People Have the Power” en forma de único bis. En esa despedida, como si la hora y media de enseñanzas e inspiración no hubiese sido suficiente, Smith bajó línea, llamó a hacer uso responsable del voto y la proclama de que la gente tiene el poder para redimir el trabajo de los tontos, cobró en una semana como esta, en Uruguay, un significado distinto.

Patti Smith en el Teatro de Verano. Foto: Fernando Ponzetto
Patti Smith en su despedida al Teatro de Verano. Foto: Fernando Ponzetto

“Mírense las manos”, había dicho rato antes, esta mujer que da y dio acá un show de rock and roll old school, de iluminación más austera que la puesta, de la música como acompañamiento de la palabra que, en su caso, es lo que tiene verdadero y poderoso significado. “Mírense las manos. Ustedes existen, y son libres”, había dicho Patti Smith, que vino a enseñarnos, o a recordarnos, que tenemos la libertad y entonces tenemos el poder. Y que cada vez que nos olvidemos, podemos recurrir a ella, la artista que una vez vino a Uruguay y, dijo, se lo llevó en el corazón. Y es bueno creerle.

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