Vuelve a Uruguay

Con Coti Sorokin: "La soledad es una sensación fundamental para el artista"

El cantautor argentino presenta Cercanías y confidencias, el 5 de junio en la Sala Zitarrosa

Coti Sorokin. Foto: Darwin Borrelli
Coti Sorokin. Foto: Darwin Borrelli

Roberto Fidel Ernesto Sorokin Espasa, o más bien Coti, es autor de varios éxitos de la música iberoamericana de las últimas décadas. Entre sus hits están “Nada de esto fue un error” o la preciosa “Antes que ver el sol”, pero también “Me muero de amor”, la canción que Natalia Oreiro popularizó en el marco de la telenovela Muñeca brava; o “Color esperanza”, uno de los temas más populares del repertorio de Diego Torres.

Con esa bolsa de éxitos propios, Coti ha hecho una carrera larga a ambos lados del océano.

Con una pata en Argentina y otra en España, y con una faceta de productor bien desarrollada, Coti se convirtió en un trabajador de la canción que, curiosamente, nunca había tocado en Uruguay hasta hace dos años. El 5 de junio repetirá ante el público uruguayo, esta vez en la Sala Zitarrosa y con un espectáculo diferente. Se trata de Cercanías y confidencias, que lo encuentra solo en el escenario, con sus canciones, sus historias y varios instrumentos (las entradas están en venta en Tickantel desde 900 pesos). Antes de ese show, Coti pasó por la ciudad para una jornada de prensa y conversó con El País sobre la creación, la soledad y la revisión de su obra.

—Volvés a Uruguay, ahora con el espectáculo Cercanías y confidencias. ¿De dónde viene esta inquietud que es, también, un nuevo desafío para vos, ya que sos vos solo con tus canciones?

—Sí. Surgió casi de casualidad hace unos dos años, estando de gira por España. Me pidieron un concierto en Badajoz, algo similar a esto, en el que contara historias de las canciones. Y eso fue una especie de disparador para generar un hecho artístico, que me inspiró. Porque me puse a revisar historia, cuadernos, mis propias grabaciones, y me tentó armar algo que contuviera ese relato. Un unipersonal que tenga algo de teatral en la puesta, algo de monólogo, pero siempre dentro del marco de un concierto de música. Y creo que ya llevo 150 conciertos de este formato (se ríe); es más, ahora ya sacamos un capítulo dos, que suma un trío de cuerdas, y ya vamos a venir a hacerlo.

—Armar esto que es más personal, ¿te permite darle más protagonismo a canciones que en shows más rockeros, no tienen tanta presencia?

—Lo armé, obviamente, incluyendo las canciones que no pueden faltar, pero incluí algunas que no son tan conocidas y tienen una historia linda para contar, y que el hecho artístico se complementa, además de la canción en sí, por la historia, el speech y el ambiente que genera.

—En ese plano, ¿cuál es la mayor rareza?

—Por ejemplo, una que tiene una historia muy linda respecto a (Antoine de) Saint-Exupéry, el autor de El Principito, que fue aviador y vivió en Argentina, y poca gente lo sabe. Él pasó varias veces por Concordia, un lugar en el que yo me crié, entonces crecí escuchando esa historia, y después la fui leyendo en su propia escritura. Y escribí una canción (“París de tu mano” ) inspirada en eso.

—De cualquier manera, este “unipersonal” no es un show de guitarra y voz.

—No, hay diferentes instrumentos. Intento recrear la canción desde el instrumento en que la abordé originalmente, así que ahí también hay un trabajo de arqueología musical y emocional mía, yendo a primeros demos, maquetas.

—Hay algo, más allá de que esté presentado de cierta forma teatral, que tiene que ver con abrir la intimidad de tu espacio de trabajo hacia el público.

—Por supuesto, porque intento recrear la dinámica de ese sitio donde tengo mis juguetes, mis grabadores.

—En el proceso de creación, cuando estás en el estudio, ¿qué tan solitario sos?

—Cien por ciento. La soledad es una sensación fundamental para el artista, el creador de cualquier rubro. Hay un momento de introspección que es muy importante; el momento de creación es un momento solitario, a veces alegre, a veces angustiante, frustrante, efusivo, de bajón... Se pasa por todas las emociones, pero en soledad. Y se necesita.

—En esto de la arqueología emocional y musical, ¿te pasó que te encontraste con hechos, hitos, que tenías medio olvidados de tu carrera?

—Sí, por supuesto, porque cuando tenés muchos discos hechos, grabaciones, composiciones, muchas canciones en las que trabajé para otros proyectos, vas perdiendo la dimensión. La canción es el presente, es ahora, cuando uno va y la canta; ahora, tiene todo un recorrido que no está presente constantemente. Porque cuando vos estás escribiendo, ni siquiera sabés lo que estás haciendo. Cuando yo escribí “Nada de esto fue un error”, por ejemplo, no sabía que estaba haciendo “Nada de esto fue un error”: estaba haciendo una canción. Yo vivo escribiendo canciones, entonces no tenés referencia concreta del germen de tal tema; son procesos que van mutando, es más difuso.

—No es tan racional.

—Absolutamente irracional, inconsciente muchas veces. Entonces ese trabajo lo tuve que hacer sí o sí, para armar el relato y que tenga el desarrollo de una obra artística. Por eso, también, los cambios de instrumento: para que la sonoridad no sea monótona. Porque en este espectáculo hay una fe poética diferente, es lo que intento conseguir, entonces intento llamar la atención con lo mínimo.

—Tocaste por primera vez en Uruguay hace dos años. ¿Qué te llevaste de esa experiencia, cómo la viviste?

—Fue hermoso. Me llevé una sensación increíble: se agotaron las entradas, sala llena; la gente me dio un cariño, una efusividad y un respeto impresionantes, y nos fuimos felices, llenos. Y justamente antes de volver con la banda, quería traer esta propuesta mía.

—¿Qué se viene a futuro? ¿Estás trabajando en un nuevo disco?

—Sí, ya estoy grabando. A ver, no quiero decir mucho porque es un proceso largo, pero empecé a realizarlo. Pero falta mucho, no porque el trámite sea largo, sino porque yo tengo que sentir que tengo el disco, que estoy en el camino, que lo que estoy haciendo me gusta todos los días, y no un día sí y uno no. Obviamente cuando hiciste un disco, y otro y otro, el nivel de autoexigencia va subiendo, también la exigencia de tu público, y a mí no me interesa mostrar cualquier cosa. No sé, tocamos en el Colón, hacemos giras, tengo conciertos cerrados hasta octubre, y compaginar todo eso con los momentos de reflexión, de entrar al estudio, cerrar la puerta y durante horas no encender el teléfono ni responder mails, y concentrarme, es un trabajo que no todos los días se consigue. Pero grabé cinco temas puntuales, y estoy en ese proceso.

—¿Y cuál es tu primera mirada sobre esos cinco temas?

—Todavía falta. Hay ideas que me gustan un montón, pero todavía falta ese proceso, también creativo, de realización y producción, ver cómo plantear esas ideas de la mejor manera posible. Hay algunas de esas ideas que me vuelven loco. Pero ahora estoy en ese momento de: tengo la idea de una escultura maravillosa para hacer acá, ahora la tengo que hacer. Tenés que ver cómo van a pasar los coches, dónde va a dar la luz; tenés el espíritu, el alma, pero ahora hay que desarrollar.

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