MÚSICA

Un corazón salvaje que maduró y sigue teniendo por qué cantar

Con Marcela Morelo, que el próximo sábado cierra EllaZ en la Zitarrosa.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Puedo disfrutar de todo el rango que hay entre Márama y David Lebón", dice la cantante. Foto: Darwin Borrelli.

Se cumplen 20 años del primer disco de Marcela Morelo, señal clara de que el tiempo pasa demasiado rápido y nadie se da cuenta. Hace 20 años que esta cantautora, mezcla de raíz folclórica con influencia pop, aparecía en el mercado con su "Corazón salvaje" y se colaba en los rankings que por entonces, ante la ausencia de Internet, eran el reflejo de las tendencias.

Pero aunque de este lado del río se le haya perdido un poco el rastro después de mediados de los 2000 y el disco Tu boca, en Argentina nada cambió. Morelo siguió siendo, y cada vez más, una artista popular capaz de llenar salas por su cuenta o de mover a un público masivo en un festival folclórico, que giró a nivel internacional y frecuentó el interior uruguayo.

Dice en charla con El País que no recuerda la última vez que se presentó en Montevideo, y tampoco tiene claro por qué dejó pasar tanto tiempo para volver. Y vuelve: el sábado próximo a las 20:30 cierra el ciclo EllaZ de la Sala Zitarrosa, con su banda y canciones de todos sus tiempos, incluyendo las de su último disco, Espinas y pétalos, que editó el año pasado.

—La resiliencia que aparece en tu disco Espinas y pétalos, ¿de dónde viene?

—De un momento de mi vida de espinas y pétalos notables. Hubo un período de cuatro años entre un disco y otro, y un momento entre esos años que paré seis meses porque estaba agotada. En mi vida pasaron cosas que me hicieron escribir estas canciones, porque la vida es un poco de eso: surfear entre las espinas y rosas.

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—Y se traduce en la música, porque hay boleros, sonoridades más asociadas a la adultez.

—Y ya tengo 52 años. Por más que me encante lo que está pasando ahora, que estoy actualizadísima, tengo mis gustos y me los doy, como haber grabado "Vereda tropical" que es un tema que escucho hace años porque admiro a Eydie Gormé.

—Compartiste escenario con Márama hace poco y también con David Lebón. Ahí están la actualidad y la tradición.

—Exacto. Por suerte puedo disfrutar de todo el rango que hay entre Márama y David Lebón, transito todo ese puente sin problemas, comparto escenario con muchos artistas y aprendo de todos. Con Agustín (Casanova) y los chicos fue un encuentro hermoso.

—Trabajás con tu pareja de hace casi 20 años, Rodolfo Lugo. ¿Cómo es esa dinámica?

—En el momento de la composición generalmente estoy sola, con mi cuaderno, lápiz y mi guitarra. Cuando tengo algo con forma de canción se la muestro a mi marido, y ahí empezamos a trabajar juntos, redondeando la canción. Él se encarga de los arreglos, la producción, de la elección.

—A fines de la década de 1990 y principios de los 2000 te convertiste en un boom rioplatense. ¿Estabas preparada?

—Uno no está preparado para eso, cómo va a ser la cosa no sabés. Lo llevé trabajando permanentemente, nunca paré, y hoy que estoy más grande puedo echar un vistazo y ser consciente de lo que pasó. A veces me asombro: es mucho.

—Y cultivaste un perfil bajo, sin involucrarte en reality shows, en concursos...

—Es una elección alejarme de los medios. En un momento había más espacio para ir a cantar, hoy día no es tan así (hace rato que no es así), entonces hay que tomar una elección y a mí me sale esto.

—¿El folclore argentino siempre te abrió las puertas?

—Sí. Yo no tengo prejuicios en la música y separar me cuesta un montón. Creo que me meten en cantante pop pero por lo popular, que abarca todo. Y yo voy a cantar a los festivales folclóricos más importantes de la Argentina sin hacer zambas ni chacareras. Porque entre los mismos músicos no hay prejuicio, es más el entorno.

—Has dicho que soñás con hacer la canción que cambie todo. ¿Componés para eso?

—Compongo para desahogar mis propias emociones, cuando empiezo a escribir encuentro que estoy hablando de mí y tratando de resolver cosas con las canciones. Pero tratando de resolverme a mí siento que puedo hacerlo para el resto. Es un servicio, a veces siento que puedo ser útil, y es también la conclusión de gente que me lo dice.

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