Entrevista a Fernando Cabrera

“Yo convivo con mis canciones”

El notable músico uruguayo se presenta en el Sodre el martes próximo con su nuevo disco, 432

Fernando Cabrera
Fernando Cabrera sonriente y con nuevo disco. Foto: Marcelo Bonjour

Dentro de una semana, el martes 7 de agosto, a las 21.00, estará presentando su último disco, 432, en el Auditorio Nacional Adela Reta. “Hace un año lo empecé a hacer, no pensando directamente en el disco. Yo he tenido mucha suerte, y toda mi vida he podido grabar casi todo lo que he querido. Y cuando se me juntan una serie de canciones, que veo que hay un grupo interesante, saco un disco. También existen otras consideraciones: tiene que pasar un tiempo prudencial desde el disco anterior. No podés sacar tres discos por año, obvio”, explica el notable músico y compositor, con su tono calmo, como si estuviera hablando de algo que no es de él.

“Yo, al revés que al inicio de mi carrera, trato de tocar en vivo los temas antes de grabarlos. Porque así llegamos al estudio con otra convicción”, agrega sobre el proceso de creación de este nuevo material, que será presentado en el Auditorio (Tickantel, desde $ 500 a $ 1000).

“Las canciones mías son de amor (con la variante desamor), o reflexiones de lo que me pasa a mí, como integrante de una sociedad. Porque en todos mis discos hay canciones que un poco opinan, aunque con elementos poéticos”, analiza el artista sobre el conjunto de su obra, que década a década ha ido cobrando mayor proyección regional. Y prueba de su peso artístico es la cantidad de versiones que otros artistas hacen de sus temas. “Hay artistas conocidos que han hecho versiones de mis canciones: Liliana Herrero, Baglietto, Malosetti. Y me han ayudado, porque me han difundido muchísimo. Pero también hay varios cientos de jóvenes que me piden para hacer mis canciones. Debe de haber 300 personas, veinteañeros, que están haciendo canciones mías, sobre todo en Argentina”, comenta con orgullo.

-Vos tenés canciones más para todo público, y otras más herméticas. ¿Cómo ve este disco al respecto?

-En este disco encuentro que hay más, entre comillas, amabilidad, más cercanía, más canciones que pueden estar en el entorno de lo que era “Agua”, por ejemplo. Hay en este disco algunas canciones que podrían dialogar con esa época de mi música, más del ámbito del pop rock. Y mi disco anterior a éste, Viva la patria, lo veo un poco más experimental que éste.

-De tus problemas amorosos han salido grandes canciones.

-Algunas sí, otras en parte, y otras no, son inventos. Es imposible no remitirse a uno mismo, a la hora de encontrar cosas que cantar, anécdotas. A veces tenés la necesidad de sacar algo que te pasó a vos. Porque te dolió, o porque te hizo feliz. Por las dos razones, y tenés esa necesidad humana de compartir lo que te pasó. Si es algo que te dolió, para consolarte, o que te consuelen. Y si fuiste feliz es un recuerdo lindo. Todo el mundo usa material autobiográfico, pero no en un cien por ciento.

-¿Cómo nació “Agua”?

-Yo tendría 20 años y estaba con gripe, en cama, mal. Con fiebre, dolorido. Y en el aburrimiento de esa situación, me vino a la cabeza hacer una canción que se llamara agua. Se me ocurrió el título. Capaz que ayudado por ese estado febril que a veces facilita el delirio, en tres o cuatro minutos escribí la letra, de corrido. Después le puse una música, que la cantamos con Montresvideo, y luego le cambié la música, que es la que más se conoce.

-Hay letras de tus canciones que parecen remitir a conceptos lacanianos. Como “Los cuerpos”, cuando dice “los cuerpos cometen en amor”.

-No sé nada de Lacan. Yo no sé nada de psicología, más allá de amigos que han hecho terapia y me cuentan. Lamento no tener lecturas en psicología. Pero es irrebatible que todo artista tiene como más abierto el canal hacia lo inconsciente. Y está en uno tener la libertad, y hasta la valentía, de dejar pasar ese flujo sin tocarlo mucho. Sin reprimirlo. Y yo siempre le tuve mucho respeto a eso, nunca puse trabas a cuando me fluye algo así, que ni yo mismo entiendo lo que quiere decir. Pero una intuición te dice que deje esa frase.

-Y en La casa de al lado, decís “acá en esta cuadra viven mil”

-No me preguntes qué quiere decir, porque no sé. La primera reacción de uno es borrar eso porque es un absurdo. Pero la dejás, porque te gusta como suena. Aunque no quiera decir nada, o diga muchas cosas. O que cada uno interprete libremente.

-¿No te gusta interpretar tus canciones viejas?

-Yo estoy muy en contacto con mis canciones. No es que porque sean viejas, o tengan varias décadas, pertenezcan a un pasado ignoto. Estás conmigo siempre. Ahí no hay tiempo. Y un recital mío es un ejemplo de eso. Yo convivo con mis canciones: algunas no las canto más. Ya no me gustan, o no comparto lo que entonces pensaba. Y otras las he modificado, como quien reedita un libro y lo corrige. Hay canciones que dejé de cantar, canciones macabras.

-En eso sentís que tuviste algunas influencias…

-Cuando yo tenía 12, 15 años, que es cuando empiezo mis primeras experimentaciones, pongamos por el año 68, 70, había tres cosas que me influyeron. Horacio Ferrer en María de Buenos Aires, donde hay una gran libertad de imaginación. El primer disco de Almendra. Spinetta, canciones como “Muchacha”. Él, que en ese tiempo era un jovencito, a veces se recostaba como en el surrealismo. Y Mateo, y esas tres canciones maravillosas: Hoy te vi, Mejor me voy, Esa tristeza. Algo se me pegó de ellos, de poner una metáfora que no se sabe lo que quiere decir.

-Una de tus canciones que más me gusta es “Los viajantes”

-Es una canción que va más allá del tema de la ruta. Tomo esa situación para decir otras cosas. Es el camino: no hay ni partida ni llegada. Habla de eso: eternamente estamos en camino. Nunca vamos a llegar a ningún lado. No hay lugar donde llegar. Es dura. Una época mía bastante existencialista. Era muy nihilista, estaba muy proclive a esas cosas. Tiene como 30 años esa canción, es de El tiempo está después, que lo estoy remasterizando, porque va a salir en vinilo, por Bizarro.

-Hoy no tenés esa visión.

-No, para nada, por suerte se fue diluyendo. Fue un período de mi vida un poco negro. Hoy no me lo permitiría. “Los viajantes” yo la considero una de mis mejores canciones. Sin embargo hoy no la haría. Es decir, la música sí, pero la letra no la haría tan nihilista. No me lo permitiría porque no creo que sea esa la tarea, ni lo que el público quiere escuchar. Me siento orgulloso de esa canción, pero se la hacés escuchar a uno que está con ganas de suicidarse... y no sé qué pasa.

dos preguntas más

Un número de puerta y una letra con apellidos

-¿Por qué se llama 432?

-Por el número de puerta de la casa de mi infancia, de mis abuelos maternos, en Molinos de Raffo. Allí nací, mis hermanos y yo, y antes había nacido mi madre en esa casa, que la habían comprado mis abuelos, en 1925. Y mis abuelos, antes de casarse, de chicos también eran de esa zona, más para Paso Molino. Ahí estamos hablando de 1890.

-Hay una canción del disco que está hecha toda con nombres de músicos.

-Me surgió, simplemente un recordatorio, algunos amigos, otros que ni conocí. Son nombres importantes de la historia de la canción uruguaya. Es difícil hacer una canción con apellidos, que rime, que entre en la métrica. Entonces hay muchos que no están, que quedaron afuera. Te haría una lista de otros muchos que no pude encajarlos: Sampayo, Osiris Rodríguez Castillos. No importa: la gente comprenderá que es una guiñada, un cariño.

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