PRIMERA RUEDA

Concurso: Brillaron La Trasnochada y Momosapiens

C 1080 tiene una gran historia pese a una noche irregular y Línea Maginot estuvo por debajo de lo esperado

La murga La Trasnochada cerró la octava etapa en el Teatro de Verano. Foto: @teatrodeverano
La murga La Trasnochada cerró la octava etapa en el Teatro de Verano. Foto: @teatrodeverano

La Trasnochada cerró la jornada con un excelente espectáculo, contundente, por lejos el mejor de los suyos en el último tiempo, que va en camino de convertirse en uno de los principales de la categoría.

“La Ciudad de la Transa” es una crítica profunda a las conductas de ciertos grupos de poder, individuos o colectivos -entre los que se encuentran ellos mismos- al tiempo que propone la defensa de otros tantos, describiendo sus luchas y motivaciones, como se verá a continuación.

El espectáculo está muy fundamentado y se desarrolla con un gran integralidad y coherencia.

Para su relato, La Trasnochada, se planta desde una notoria madurez, y parece abandonar definitivamente un estilo de prosa gruesa y cuasi grotesca, que nada bien le hizo en algunos repertorios anteriores.
Este trabajo, por el contrario, adopta un sentido poético, envolvente, lleno de hermosísimos climas, que apela a definiciones crudas, pero que no cierra la puerta a la dulzura, ni aún en sus momentos más directos, ríspidos y de confrontación.

Según la murga, la transa es una condición presente e inherente a nosotros mismos, de la cual es difícil despojarse, aunque la misma tiene distintas implicaciones y efectos.

Las transas más duramente criticadas son las de las corporaciones, los poderosos, los gobernantes, los medios o los grupos de poder, explicita su texto.

En un sentido opuesto se alzan y reivindican las causas de los movimientos sociales (se aluden a los pañuelos y sus múltiples luchas), o las voces solitarias y anónimas de los barrios, cuyas voces portan las causas justas, esenciales y honestas, explica La Trasnochada.

La aplanadora de crítica avanza, hiere, se vuelve grave y directa en un brillante cuplé-canción sobre el propio género murguero, al que se significa como libertario, orejano, rebelde, indomable, de carácter contrahegemónico, opuesto al poder de turno.

La imagen es un fuerte soporte del relato, excepto en el inicio, donde por alguna razón que se escapa a este cronista, se introduce una indumentaria de fantasías, con juguetes, que apela a un mundo infantil.
Se propone un descollante trabajo de iluminación, de los mejores.

Visualmente, se reproduce un imaginario nocturno y urbano, que combina una escenografía semi abstracta, donde las siluetas de edificios interactúan con la luz tenue para instalar una bella y adecuadísima tensión, que juega con lo misterioso, tenebroso y solitario de una noche.

A su vez, la propuesta se desata y libera las energías contenidas en una formidable retirada, que apela a lo sensorial para relatar la llegada de un amanecer, donde las geografías, historias, persianas y jardines de un barrio son los faros de luz que guían y apartan a los individuos de sus abismos.
Además del cuplé sobre la murga, el texto propone un notable salpicón y un muy buen cuplé de un contrapunto entre los sueños y la realidad, que puede definir un poco más a sus personajes, una vez que inicia.

Salvo ese brevísimo punto y un momento sobre los zombies, la propuesta reviste excelente calidad artística, con serias ambiciones en el concurso.

Hubo más

Parodismo

Momosapiens entró por la puerta grande al concurso de parodistas, con un estupendo espectáculo en el que desplegó sus mejores ideas de humor, desbordando creatividad e ingenio.

Brillaron los textos e interpretaciones, que son el fundamento primordial del género, en especial este año, donde el nuevo reglamento determina los mayores puntajes para estas áreas.

El grupo de Horacio Rubinó plasmó el regreso a los escenarios de Enrique “Gallego” Vidal, su socio artístico de todas las horas, desde las épocas de Los Klaper´s, donde hace casi cuatro décadas comenzaron a forjar el camino que los convirtió en verdaderos genios del humor.

El grupo propone dos parodias centrales -Clemente Estable y Cenicienta-, más una de secundaria, Jorge Bergoglio, que si bien opera como separadora, presenta también un desarrollo temático en sí mismo.

El código predominante es el humor, que se instala ni bien abren el telón.
La primera representación, Clemente Estable, es una lección de parodismo, porque logra todos sus cometidos en materia de risas. La misma se vuelve explosiva y de carcajadas entre los espectadores, a raíz de situaciones irreverentes, pero también del golpe corto del chiste, que volvió a instalarse como recurso en varias propuestas humorísticas, tras haber sido denostado, como mecanismo, desde hace varias temporadas, en detrimento del humor de situación.

Con esta obra, también se ve lo mejor de Momosapiens: una sensibilidad siempre dispuesta a retratar personajes y hombres de la cultura, la ciencia o las artes, cuyas acciones han mejorado la vida de sus comunidades.
Es, entonces, que el grupo evidencia su estilo humanista.

La segunda parodia, La Cenicienta, también logra un muy buen nivel, con escenas alocadas y disparatadas.

Se trata de la típica parodia de aventuras, con muchos sucesos, anécdotas, personajes y contrasentidos.

También es una marca de identidad del grupo, aunque en esta oportunidad la ubicaron en segundo turno, cuando históricamente este tipo de obras eran las que abrían el show.

Otro de los puntos que merecieron elogios son el nivel actoral, ahora sí parejo y potente, así como la puesta en escena, que cumplió su funcionalidad.

Con mejoras mínimas, como algunos pasajes corales, que son del orden del día para las segundas ruedas, el grupo está en perfectas condiciones de elevar su nota, de la excelencia a la brillantez.

El resto

Candombe

El tercer turno de la noche correspondió a la comparsa C 1080, que tiene entre sus manos una propuesta de altísimo nivel, aunque la función de ayer no pudo concretarse en su máxima expresión, a causa de algunos inconvenientes técnicos.

El trabajo se basa en la biografía candombera de Juan Ángel Silva, máximo referente del Medio Mundo, de la antigua comparsa Morenada y uno de los iconos de la cultura negra montevideana.

El argumento narra algunos de los sucesos más importantes de su vida, trayendo, por transitiva, trazos de la historia política y social de una comunidad que lo añora, al mismo tiempo que disfruta su legado.

También son recreados sus lazos familiares, algunos de los cuales -como su hijo Cachila- estuvieron propiamente en escena.

Para tal caracterización, C 1080 recurre al experimentado actor Roberto Romero, que maneja con justeza el tono imperativo para retratar una personalidad áspera, que se ganó el respeto de sus pares a partir de la distancia en sus vínculos interpersonales, conductas que, a la vez, son un vívido retrato de épocas y sensibilidades no tan lejanas en el tiempo.
También hay permanentes alusiones al rico anecdotario de los conventillos y sus personajes, postales que llegan a este tiempo bajo un cálido tono sepia, que se instala en el pasado, pero evitando empalagarse de melancolía.

Las dificultades más notorias de la propuesta estuvieron a nivel sonoro en los primeros temas, aunque los mismos se fueron corrigiendo con el paso de los minutos.

Hay buenos solistas y una atrapante musicalidad.

Sobresale también una puesta en escena ambiciosa, aunque no siempre se ejecuta afinada.

Disponen originalmente de la espacialidad, trabajando el primerísimo primer plano de la escena, el atrás y el arriba, a través de escenografías móviles que giran y van presentando el contexto a la narración.

En este sentido, algunos pasajes fueron desprolijos, pese a que todo el concepto escénico es sumamente creativo.

Como atenuante, vale señalar que el Collazo es un teatro de grandes dimensiones, donde los espectáculos de este calibre tienen escasas oportunidades de probar todos los encastres hasta casi el momento del estreno.

En la medida que C 1080 pueda mejora la realización, la propuesta puede dar un giro y transformarse en una de las más atractivas del carnaval.

más murga

Apertura

En la apertura de la noche actuó la murga Línea Maginot, cuyo rendimiento estuvo por debajo de lo esperado. Se trata de una propuesta de corte clásico, con murguistas de experiencia, pero que no lograron plasmar su mejor rendimiento en su primer pasaje por el Collazo.

Presentó un muy buen coro y buen vestuario, pero la propuesta tuvo altibajos en el texto, intermitencias en el ritmo y disparidad en la interpretación.

Tuvo su mejor momento en el salpicón de crítica, ubicado al inicio del repertorio.

También mostró el cuplé del consejero Quétalanda, otro sobre un personaje que vive al límite y otro sobre el lenguaje inclusivo, que no calzaron los mismos puntos.

No obstante, el trabajo toma una curva ascendente al cierre, con una emotiva retirada.

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